Art NotesMay 20, 2015

Gabriel Orozco – Inner Cycles

Se trata de la primera individual del artista en el país, pero vemos en ella un recibo de lavandería (base de una obra) a nombre de "Olozco-sama". Al leerlo, notamos que data de 2000 y que el hotel está lejos de Tokyo, en la isla meridional de Kyushu. Y es que Orozco en Japón nos resulta natural, dada su clara asimilación de los métodos del zen viviente de Fluxus y de los Beats, patentes en su manera de reconocer y reconstruir la realidad a través de gestos inesperados; momentos de claridad que no se quedan en él ni alimentan reminiscencias, sino que asaltan los espacios y tiempos que los inspiran. Nacidos de lo lúdico, registran hechos subversivos amables, donde una ternura hacia lo inanimado es el combustible de una exhortación al despropósito. Ese despropósito es el núcleo de su ruptura con la pomposidad de lo moderno, y no es casual que él mismo suela referirse al zen y a ideas similares dentro del hinduismo, siempre guardando distancia. Y aunque admita que no hace arte devocional, dos términos sánscritos resumen en buena parte la conexión: apranihita (despropósito, no enfatizar objetivos sobre la experiencia del ahora) y lila (la creación divina vista como un conjunto de simples pasatiempos sin finalidad ulterior). La retrospectiva itinerante que cambia mientras viaja es una metáfora de los métodos de Orozco. La concha de un cangrejo ermitaño, que en Tokyo toma forma circular, segmenta la sala del MOT en un recorrido en nueve partes. Entramos y salimos del círculo a través de un conjunto de las fotografías de acciones y esculturas efímeras por las que más se conoce al artista. Ni ahí, ni en los otros espacios distinguimos una secuencia definida por el tiempo. Esa primera sala ya nos pide ver la muestra como una colección atemporal de revelaciones e invitaciones. La DS, que debutó en París en 1993, hemos querido verla desde que la conocemos por fotos. El artista nos complace con una reconstrucción (La DS Cornaline) donde cambia el color, un guiño a la comodificación implícita en reconstruir un momento para convertirlo en un espectáculo. Lo hace también al poner papel higiénico a ondular sobre las aspas de unos ventiladores de techo, similares a los que debió encontrarse en la India donde ejecutó dicha acción por primera vez. Aunque obras como los Corplegados nos recuerdan que el viaje es su terreno predilecto, su característica destreza para entender el espacio nos hace preguntarnos sobre la disposición de las obras en sala, un poco carente del ritmo y el humor característicos de otros montajes de Gabriel Orozco. También esperamos las consecuencias de esta nueva visita al país, que será de seis meses. El carácter retrospectivo de la selección ilustra su merecido puesto como personaje central del arte contemporáneo, pero toca preguntarse si la prolongación de esta gira antológica no vela el presente de un maestro que entra en su madurez prolífico y lleno de vitalidad, con fascinantes series nuevas como Inner Sequence y las River Stones.
Gabriel Orozco – Inner Cycles

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