"Carlos Cruz-Diez. El color haciéndose" tuvo dos mil visitantes durante el día de su inauguración, el pasado domingo 23 de junio. Una cifra récord para el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá. En el momento en que escribo este texto, cinco semanas más tarde, ya cuenta con más de veinticinco mil visitas. La muestra, que ocupará las salas del museo hasta el 18 de agosto de 2019, fue curada como un recorrido retrospectivo que despliega –a través de lo que el MAC denominó "5 experiencias artísticas"– la versatilidad que caracterizó al maestro Cruz-Diez a lo largo de toda su carrera. Con el apoyo de información complementaria gráfica y audiovisual, desde el inicio del recorrido fueron definidas las bases conceptuales que rigieron el trabajo del maestro y sus inquietudes fundamentales respecto al color. Así, accedimos a sus orígenes, a la misma esencia de esas exploraciones que transgreden el mero hecho artístico. Atestiguamos, por ejemplo, cómo las fisicromías (una de sus primeras líneas investigativas, iniciada hacia 1959) evolucionaron a la par de los materiales y las tecnologías que tuvo a su disposición: en un inicio, con formas de cartón, y luego, simplificadas en delgadas líneas de plástico, y más adelante, ampliando sus límites con materiales como el aluminio. En una de las visitas organizadas por el MAC, como parte de su programa de actividades públicas, Gabriel Cruz1 confesó que el mismo Cruz-Diez concibió su obra como una "sucesión de fracasos" constantemente sobrescritos. Conforme fue transgrediendo cada uno, a medida que encontraba soluciones para sus problemas técnicos, se acercó más a su único objetivo: lograr la autonomía del color, independiente de toda forma. Otra sala exhibía "obras recientes", realizadas en el taller Articruz (fundado en Ciudad de Panamá hace una década). Majestuosas piezas que pusieron a prueba los límites convencionales del maestro, y que de algún modo demostraron su capacidad técnica actual. Obras que avanzaban, cada una en su camino, afinando investigaciones como las de los colores aditivos, o el color al espacio; logrando así, de forma cada vez más efectiva, poner en crisis las certezas del ojo humano. La exposición también exhibe con gran éxito instalaciones inmersivas, que intensifican la experiencia directa, la interacción en su estado más puro. Precisamente, es una cromosaturación la que culmina la muestra: un ambiente donde los colores primarios ocupan toda la luz, permitiéndole al espectador observar, durante una fracción de segundo, la formación del color, haciéndose en el espacio. El sábado 27 de julio, a los 95 años de edad, y la dicha de haber sido testigo de su entrada en la Historia del Arte Universal, Carlos Cruz-Diez falleció en París, rodeado por su familia y sus amigos. "El color haciéndose" fue su última muestra personal en vida, y una prueba rotunda, no solo de la trascendencia y la contemporaneidad de su trabajo, sino de lo imprescindible que se hace el arte para entender, un poco mejor, nuestro lugar en el mundo. Nota 1. Director de la Cruz-Diez Foundation, asesor del taller Articruz y nieto de Carlos Cruz-Diez.