ExhibitionAugust 3, 2016

Anish Kapoor en México

La exposición "Arqueología, Biología", que revisa la trayectoria del artista indio-británico Anish Kapoor (y que ha estado de gira en muchos países), creó gran expectativa en México. Después de las filas que esperaban fuera del Museo Tamayo para poder tomarse su selfie en la exposición de la japonesa Yayoi Kusama, se supuso esta nueva exposición una continuación del comportamiento del público frente a productos museísticos (si cabe llamarlos así) de artistas que los medios y el imaginario colectivo han puesto en un lugar semejante a las estrellas de cine y políticos (tanto así que unos como otros pueden hacer declaraciones a favor o en contra de las soluciones que se les dan o no a problemas regionales y la situación mundial). Es por esto que Anish Kapoor, como Yayoi Kusama, se convierten en figuras intercambiables de algo que describe Brenda Caro en la revista Código1 y que le sirve para preguntar sobre las razones que tiene un museo universitario para gestionar una exposición de esta naturaleza con una campaña de medios que invita al público en general a "compartir" su experiencia a través de las redes sociales (siendo que este modelo de gestión es llevado por museos privados en otros países). No debe dejarse de tomar en cuenta que tanto el Museo Tamayo como el MUAC tienen un patronato, que los separa o los exime de ser bastiones de una resistencia que supone la gestión del arte contemporáneo en otros espacios públicos (y privados) más pequeños, más allá de los comportamientos sociales que generan estas exposiciones (y las expectativas que puedan crear dentro del circuito cultural). El paseo inaugural, encabezado por el propio Kapoor, fue un acontecimiento mediático. La exposición fue curada por Catherine Lampert y consta de veintidós piezas de gran formato; sin tener la pretensión de ser una retrospectiva, ofrece un gran panorama del proceso de la obra de Kapoor a partir de cuatro puntos temáticos, repartidos en cuatro salas: Formas autogeneradas (las obras con pigmento que lo consolidaron como artista a finales de los setenta), Formas de belleza (a partir de los juegos orgánicos de la instalación de cemento Gu Gu Ma, 2010-2011), Tiempo (en la que destaca la instalación At the edge of the world, instalación de una campana que pende sobre los espectadores) y Fuerzas impredecibles (obras cavadas en las paredes de la sala y que tienen como eje central la instalación My red homeland, 2003). La obra de Kapoor, entre la abstracción formal y los patrones orgánicos, no deja de ser emblemática. Kapoor sabe que tanto el ideal pitagórico como la materia orgánica son monstruosos, y se ha alimentado de ellos para crear una visión que se abre de igual manera al horror de la nada que a la belleza de lo visceral. El resultado es a la vez mágico y descorazonador, apabullante y conciliador, abierto a múltiples explicaciones (en las que cabe siempre lo personal), pero también, como el modelo para el arte cívico del nuevo siglo, tal y como nos fue prometido por el cine de ciencia ficción. Nota 1. Caro Cocotle, Brenda, "Lo que no deberíamos dejar de ver de Anish Kapoor en el MUAC", Código, 6 de junio de 2016.
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