ObituaryFebruary 28, 2011

Alfredo Castañeda

El artista mexicano Alfredo Castañeda falleció en Madrid el miércoles 15 de diciembre. Nacido en Ciudad de México el 18 de febrero de 1938, el joven Alfredo vivió por largos periodos con la familia de su padre en España, donde el tranquilo silencio del arte y la arquitectura medievales moldearon su naturaleza contemplativa. Los recuerdos de esas épocas imbuyeron cada vez más su trabajo como arquitecto, pintor y poeta. Aunque interesado siempre en el dibujo, empezó a pintar formalmente a finales de la década de 1950. En julio de 1969, mientras ejercía la arquitectura, llevó a cabo su primera exposición individual en la Galería de Arte Mexicano, donde expondría con regularidad durante los siguientes cuarenta años. Después de que su directora, Inés Amor, vio su pintura El Hacedor de palomas, 1963, de un campesino medieval parado en un cielo despejado y palomas que salen volando de un hueco en su capa, le dio la oportunidad de presentar allí su primera exposición. Estas primeras obras abrieron el camino para la aparición de una iconografía íntima que hace alusión a su asombro con los recuerdos, muy evidente en su collage The House of My Early Childhood, 1968, o, más sutilmente, en cómo la preciada fotografía de una tía, tomada cuando ella tenía cinco años, vestida como mariposa para una obra de teatro escolar, sirvió de fuente para varias obras. Cuando se le preguntaba por qué muchos de sus personajes parecían ser ciegos, explicaba que era porque ¿su vista venía de adentro¿. Tal vez Castañeda estaba describiendo su capacidad única para ver un universo en un grano de arena. La claridad proveniente de comprender sin juzgar impregnó su fascinación por la forma en que el tiempo afecta la vida, que puede ser el hilo rojo que liga su obra. Apareció ya en 1968 en Rostro Olvidado, 1968, y en obras que le siguieron, en las que personajes abandonados no han sido también olvidados sino que, además, se están desmoronando, viniéndose abajo; o en sus autorretratos intemporales en los que él se está cargando a sí mismo, se está dando a luz o está exhibiendo cicatrices en su cuerpo causadas por pérdidas o por ganancias, respectivamente. Quienes están familiarizados con la iconografía cristiana pueden de inmediato relacionar sus autorretratos con los populares retratos ex-voto de San Cayetano, con quien compartía más que un pasajero parecido físico. Por coincidencia, Cayetano, como santo patrono de los apostadores, vivía permanentemente en la mente de los obsesionados con pérdidas y ganancias. Catalogado a menudo como surrealista debido a que pintaba contextos inesperados, él ni aceptaba ni rechazaba esta etiqueta. De profundas convicciones religiosas, Castañeda buscó en sus interminables autorretratos espirituales ¿el verdadero yo que me llevará a la próxima vida¿. Plenamente consciente de su inminente muerte debido a una dolencia pulmonar, les informó a su esposa, Hortensia, y a sus hijos, Alfredo, Ibiza y Adrian, que se iba en paz; todos ellos, al igual que sus muchos amigos y sus fieles coleccionistas, le echarán mucho de menos. Tenía 72 años.
Alfredo Castañeda
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