La exposición Oro negro de Rolando Peña estuvo conformada por una instalación denominada Cubo de Dios (2014), una serie de veinticuatro impresiones denominadas Oro negro (2014), imágenes digitales inspiradas en la Teoría de las Catástrofes (2014-2015), y la proyección de una animación en 3-D titulada Oro sobre negro (2014). La tríada de trabajos gira en torno a la iconografía del barril de petróleo, referente que ha caracterizado el devenir creativo de Rolando Peña desde la década del setenta. No obstante, convergen en los tres trabajos la inquietud por responder –desde lo sensible– a interrogantes vinculadas a la concepción de la naturaleza y, por tanto, del universo y las realidades que contiene. Preguntas fundamentales que rigen las orientaciones estéticas de esta trilogía caracterizada por la confluencia de las artes, la naturaleza, la ciencia y la sociedad.
Rolando Peña, conocido en el campo del arte como el Príncipe Negro, toma como punto de partida las reflexiones desarrolladas por el matemático francés René Thom en relación con la Teoría de las Catástrofes, y específicamente, con las implicaciones que estas proposiciones guardan con el campo propiamente filosófico. En este sentido, tanto los trabajos del artista como los trabajos del geómetra proyectan un deseo de interpretar la naturaleza de manera novedosa. Para René Thom, la finalidad de la epistemología debe ser a fin de cuentas entender las significaciones escondidas de la naturaleza a través de la mirada geométrica.

La clave que rige esta interpretación hermenéutica de la realidad es la pregunta sobre las formas y su devenir: ¿Qué conforma las formas de las cosas? Para Thom, la respuesta se estructura por la confluencia entre formas y fuerzas, y por tanto, entre geometría y dinámica. Entendido así el universo de lo existente, la Teoría de las Catástrofes apunta a propiciar una lectura del mundo en su movimiento. René Thom pretende hacer de la realidad un texto dinámico. No le interesa el control instrumental de una naturaleza predecible y estática. Por el contrario, sugiere a través de la geometría de las formas la elaboración de una lectura permanente de la naturaleza en sus momentos de singularidad y cambio. Lo que implica una ontología sobre la base de la discontinuidad, el ser en su devenir. De esta manera, la percepción natural como experiencia se constituye en un modo particular de conocimiento y de significaciones propiamente metafísicas.
Sobre estas premisas, Rolando Peña despliega en Oro negro un inventario de singularidades iconográficas a partir de la imagen del Barril de petróleo. La materia concebida como contenedor de energía (barril) en su momento de transformación, de discontinuidad emergente. Este diálogo que entabla el Príncipe Negro con René Thom se construye asumiendo las formas desde la noción de dinámica discontinua, pero aportando a las implicaciones propiamente formales una mirada contingente a través de sus significados contextuales y políticos. Si bien René Thom pretende hacer de la naturaleza que deviene un texto inteligible, Rolando Peña hace de la imagen alterada del barril un texto crítico sobre la realidad y sus transformaciones contingentes, más allá del universo propiamente físico.
Desde esta perspectiva la exposición Oro negro muestra el trabajo de un creador comprometido con la realidad y las implicaciones de sus procesos socioculturales. Para Peña, el impacto ecológico implícito en la explotación y el consumo de los hidrocarburos es un tópico que lo motiva a seguir experimentando con la imagen del barril de petróleo. Pero no desde una perspectiva apologética. Por el contrario, en sus últimas indagaciones Rolando Peña nos habla de la necesidad de alterar los vínculos, o ataduras, que nos hacen una sociedad dependiente de la cultura material petrolera. Un tópico de consecuencias globales y de significación regional y local.
Los tres ejercicios propuestos en la exposición Oro negro son planteamientos creativos desplegados para responder a inquietudes fundamentales de nuestra contemporaneidad. En su conjunto, propician una reflexión crítica sobre lo que concebimos como naturaleza y nuestras formas de vincularnos a ella como tejido social.
Igualmente, el conjunto se sostiene sobre una idea común entre René Thom y Rolando Peña: la esencia de la naturaleza es contingente y deviene en el marco de un universo disímil y diverso. Por tanto, las realidades diversas y complejas no son susceptibles de simplificarse a idealizaciones unívocas de ningún signo. Las realidades, como sistemas singulares discontinuos, difícilmente pueden quedar prisioneras de ideologías inmovilizadoras; a menos que sobre ellas se impongan sistemas de dominación que subviertan el ejercicio de la libertad y las formas democráticas como alternativas para promover la dignidad humana en vínculo con la naturaleza.
GERARDO ZAVARCE
