Bajo el intrigante título Estado fallido se exhibió en la galería Bendana Pinel de París el trabajo de Mauro Giaconi (nació en Buenos Aires en 1977 y vive en México). El conjunto puede leerse a modo de instalación y como obra. El espectador se ve confrontado a cierta fragilidad y está obligado a prestar máxima atención en un periplo signado de obstáculos. El muro, cubierto también en su superficie de trazos de grafito, se demarca en una dinámica conceptual. Los residuos, que fue acumulando de diversos trabajos, murales que fue realizando, las gomas de borrar, el polvo y los desechos están esperando que alguien les dé forma. El misterio se impone ante tres conjuntos de cajas mexicanas de vidrio. Rotas, suspendidas o apiladas sobre el piso, las mismas contienen restos de grafito, superficies gastadas y fragmentos de dibujos y estructuras precedentes.

Cada uno de los aproximadamente cuarenta dibujos ejecutados con grafito sobre hojas de libros impresos participa con su propia historia: entre caos expresivo y una sutil figuración en improntas sobre cartografías.
No se corresponden con un universo sencillo ni claro a simple vista. Y están dispuestos de manera aparentemente accidental. Separados del muro por varillas metálicas, están dispuestos en el espacio, clavados o como lanzados por flechas, atacando la pared. Algunos están más cerca de la imitación y representan piedras. Los diecisiete conjuntos de gomas engrampadas con hilo de nailon, suspendidos del techo, impiden la percepción y un recorrido lineal. El espectador se suma al espacio haciendo una danza, un recorrido específico. No puede transitar de manera libre sin tener en cuenta qué es lo que sucede en el piso o las paredes.
El obstáculo pasa a ser protagonista. Sirve para definir la materialidad de la exposición y evidenciar qué es lo hay detrás. En su discurso, el artista tiene una relación directa con la memoria, con la idea de transformar, de evidenciar la fragilidad, de modificar, de aceptar el cambio y el fin. Interesado en la erosión, la decadencia y la destrucción, las utiliza como elementos compositivos. Si bien no hay accidente en términos filosóficos, cuando éste es provocado. Produce una relación orgánica atractiva con lo formal y con respecto a las concepciones que tiene del mundo. Un ciclo de idas y vueltas, de reciclaje conceptual, arman esta dinámica eficaz y sorprendente.
La arquitectura también se encuentra “desdibujada” en su esencia. La pérdida del control físico del “territorio” es también un contenido que aparece con la práctica misma y los desplazamientos en el ambiente. Enuncia o evidencia una tensión que se debe percibir. Su discurso polisémico no es lineal. La falla le interesa en sí misma como parte de la estética.
El término “estado fallido” al que alude el título describe un estado soberano que, se considera, no otorga más garantías. E implica la erosión de la autoridad legítima.
El concepto no tiene una definición precisa: alude a términos sociales, estéticos y formales. Y le sirve al artista metodológicamente, presentándolo como un “acto fallido”. La mente traza un mantra.
Y si el término sánscrito se refiere a sonidos (sílabas, palabras, fonemas o grupos de palabras) con poder espiritual, los dibujos cumplen la misma función, con o sin significado literal o sintáctico. Y pueden ser utilizados para significar la repetición, a fin de fijar y reforzar una concepción circular.
El obstáculo se transforma en manos de Mauro Giaconi en un instrumento del pensamiento. Se trata de un estado meditativo con el que intenta establecer una relación con el otro. No habla de algo específico sino que está inspirado en diversos elementos. Intenta evidenciar crisis y conflicto. Y afirma: “La concepción de espacio está muy ligada a mi trabajo, y la arquitectura me apasiona. En momentos de crisis, de caos, de violencia o de confrontación, encuentro siempre una energía estética que me interesa… Lo que no funciona, lo caótico. Tiene que ver con qué mundo quiero transitar o construir. Utilizo grafito, goma de borrar, lijadora eléctrica, thinner, materiales corrosivos, que evidencian una mecánica: dibujar y desdibujar para construir, destruir momentos, situaciones, armar un discurso que se está modificando y alimentando de lo hallado. Crear un mundo que evidencie otros mundos…Como estar bailando una canción que todavía no está escrita”.
SUSANA SULIC
