Exposición Individualsept 2015 - nov 2015· Por Sylvia Werneck

José Rufino

Central Galeria de Arte

Dogma: algo que no debe ser cuestionado, que requiere aceptación ciega. Concepto apropiado por religiones e ideologías políticas, también puede ser empleado para referirse a creencias y hábitos que, de la mano de las herencias familiares, educacionales y culturales, se enraízan en las vidas privadas. Este es el sentido que José Rufino da a “dogma” al adoptarlo como título de su individual, en la Central Galería de Arte. Se trata de una reflexión sobƒre sus treinta años de carrera, de examinar cómo sus “dogmas personales” fueron siendo pensados, cuestionados, suplantados o sublimados a lo largo de su experiencia de vida y como artista. No es exactamente una retrospectiva, sino el cierre de un ciclo.

Paleontólogo por formación, resucitador de memorias propias y ajenas por escogencia, se fue haciendo artista poco a poco. Autodidacta, se dedicó en un primer momento a la poesía visual y al arte postal, y fue construyendo una obra con los más variados formatos y técnicas, explorando la relación de las artes visuales con la literatura, la historia, el psicoanálisis y la política. Freud, solo, no conseguiría explicarlo. Para comprender el trabajo de Rufino es preciso tener en mente, al lado del padre del psicoanálisis, otras referencias, como Lenin, Darwin, Duchamp, Malevitch. Sin olvidar jamás su faceta de artista-sociólogo atento a los ayeres y los hoy del Nordeste de Brasil y hasta del mundo.

Exposición Individual: José Rufino — imagen 1
José Rufino. Devotio, 2015. Hierro, cemento, bloques de madera y tablas reusadas. 185 x 60 x 50 cm (72 53/64 x 23 5/8 x 19 11/16 pulgadas).

El artista creció en un ambiente de referencias históricamente fuertes y antagónicas. Es nieto de señor de ingenio e hijo de padres activistas, afiliados al Partido Comunista y organizadores de las Ligas Campesinas. Este ambiente dicotómico alimentó su sensibilidad conceptual, raíz de su trabajo, que se ramifica en discusiones sobre los asuntos que influyen en la formación del (de los) individuo(s) y del (de los) grupo(s). Si la inquietud inicial es personal, las historias que Rufino materializa visualmente se expanden hacia un universo afectivo y social mucho más amplio, de muchas individualidades. Los elementos de los que se apropia nunca son aleatorios, son rebuscados entre objetos usados, impregnados de historias y significados que tal vez nunca sean enteramente revelados, pero cuya transmutación en obras de arte les ofrece una nueva vida.

Están allí sus monotipos, que cubren parcialmente documentos antiguos y olvidados, hechos a la manera de las manchas de Rorschach, que convidan al espectador a relacionarse con cada uno según su interpretación subjetiva. También figuran esculturas en las cuales la función original de objetos cotidianos se subvierte, y, al mismo tiempo, su uso pretendido se ve reforzado, de manera que causan inquietud. La sobreposición de tiempos y el compartir autorías operan en la obra Dogma a un dibujo inacabado de Karl Marx, hecho por su padre durante el período en que estuvo detenido como preso político; el artista le agregó copas de madera que cuelgan del retrato. La composición alude, paradójicamente, a un altar, transmutando la expresión de una manifestación ideológica en una obra de arte exhibida en un espacio del sistema capitalista del arte. Tovarich (camarada, en ruso) cierra el ciclo de la utopía de la Unión Soviética uniendo a los responsables de su ascenso y disolución. Una reproducción del certificado de nacimiento de Gorbachev invade la cabeza de Lenin en un retrato de este último procedente de Ucrania, adquirido en una subasta.

No son apenas los dogmas ideológicos los que se ponen a prueba, sino también asuntos relacionados con el propio arte y con los ciclos de la vida. La tela Manifiesto trae sobrepuestos los nombres de diversos movimientos y pautas del arte moderno y contemporáneo que tuvieron gran importancia en el pensamiento estético, no sólo de Rufino, sino de muchos artistas activos. Dos pequeñas telas de pinceladas fuertes y colores intensos, carnales, se refieren a un asunto al mismo tiempo íntimo y universal: la muerte. Se refieren al hermano del artista que no vivió. Fuertes, impactantes, inquietantes, en la frontera entre lo particular y lo colectivo, entre la memoria y el olvido, entre lo que es y lo que podría haber sido, las obras de Rufino requieren una apreciación atenta. Pero además del esmero plástico con el que son ejecutadas, siempre hay en ellas más estratos de significado para descubrir de lo que se supone con la primera mirada.

José Rufino nació como José Augusto en João Pessoa, en 1965, y comenzó su trayectoria artística en los años 1980. La escogencia de su nombre artístico ya fue un gesto conceptual: se trata del nombre de su abuelo, poderoso representante de la oligarquía de la caña de azúcar, cuya vasta correspondencia le dio el impulso para la creación de la serie Cartas de Arena. Además de artista, es escritor y profesor en las universidades de Paraíba y de Pernambuco. Recientemente lanzó el libro de microcuentos Afagos (Caricias), y recibió, en 2009, la Beca Funarte de Creación Literaria por la novela Desvivir, todavía inédita. Desde 1984 ha participado aproximadamente en doscientas exposiciones, entre individuales y colectivas, en Brasil y en el exterior, en las Bienales de São Paulo, del Mercosur, de La Habana, de Venezuela, y del Fin del Mundo, en Ushuaia, además de las Ferias SP Arte, ArteRio, ARCO y Art Basel.

SYLVIA WERNECK

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