Jorge Riveros

Serie Fundamentos #14, 1972-2007. Óleo sobre lienzo. 102 x 300 cm (40 5/32 x 118 7/64 pulgadas).

Monografíasept 2015 - nov 2015· Por María A. Iovino

Jorge Riveros

Museo de Arte Moderno de Bogotá

En la última década ha resurgido el interés por las diversas propuestas de abstracción geométrica que florecieron en América Latina, lo que ha impulsado investigaciones novedosas sobre artistas ya conocidos y sobre otros acerca de los que poco se sabía o que, en realidad, eran prácticamente desconocidos.

Probablemente la fatiga a la que han llegado muchas líneas realistas y documentalistas ha motivado otras miradas e intereses, lo que ha hecho pensar también, de manera justa, en que los contextos creativos son bastante más complejos y variados de lo que el favorecimiento de una tendencia determinada en un período puede hacer creer. Un momento histórico tiene muchos componentes que crean un fenómeno y muchos niveles de fuerza creativa en su interior.

Monografía: Jorge Riveros — imagen 1
Integración, 1970. Wacofin sobre lienzo. 105 x 89 cm (41 11/32 x 35 3/64 pulgadas).

En la década de los años sesenta del siglo XX en Colombia, muchos artistas, guiados sobre todo por las influencias del arte pop, comenzaron a desarrollar proposiciones críticas a partir de lenguajes figurativos y fotos realistas. En ese momento también tomó fuerza, e incluso se consolidó, un interés por la abstracción, que maduró posibilidades geométricas y otras de carácter expresionista, que es importante conocer.

Los artistas más nombrados en el territorio abstracto en Colombia han sido indiscutiblemente Édgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar, Manuel Hernández y Carlos Rojas. No obstante, a pesar de ello, es probable que sus trabajos se conozcan con poca profundidad, ya que por sus difíciles condiciones históricas, el país ha resonado en medida mucho mayor con la figuración que comporta una lectura política. De manera que en este momento, cuando el continente en general revisa su historia creativa en otros territorios, comienzan a aparecer sorpresas como las de Judith Márquez o Cecilia Porras, o también, propuestas desconocidas de artistas como Carlos Rojas o Manolo Vellojín.

Monografía: Jorge Riveros — imagen 2
Amanecer de abril, 1971-2000. Óleo sobre lienzo. 114 x 146 cm (44 7/8 x 57 31/64 pulgadas).

Eduardo Serrano, quien fuera durante dos décadas curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá (1974-1994), propone un nombre más sobre esta recapitulación de las abstracciones en Colombia, a partir de la revisión que ha hecho al trabajo del pintor Jorge Riveros. Podría decirse que no se sabía de él hasta este señalamiento, lo cual se debe también a que muchos años importantes en el desarrollo de la carrera del artista transcurrieron en Europa, principalmente en Alemania, país en el que completó su formación y en el que se debatió como artista, exponiendo sus trabajos y en medio del rico debate cultural que floreció allí entre las décadas de los años sesenta y setenta.

En Alemania, por supuesto, el artista, que venía desde la academia San Fernando en Madrid buscando una formación en geometría abstracta, encontró el capital que quería explorar. Éste fue el centro de la abstracción en Europa y el país que, por las mismas razones, guardó el mayor patrimonio de abstracción geométrica y expresionista de la primera mitad del siglo XX. Alemania había sido, además, el padre de la primera escuela moderna integral de arte y diseño: la Bauhaus. Jorge Riveros estudió con avidez cuanto material tuvo a disposición, y en el rigor de sus horas de trabajo empezó a desarrollar un lenguaje propio, que en principio fue estrictamente geométrico y lineal severo, y que en los últimos años ha ganado mayor libertad y, podría decirse, lirismo.

Sin embargo, es de aclarar que, a pesar de haber bebido intensamente de las fuentes europeas, Jorge Riveros es con fuerza también un artista formado en América Latina. No sólo porque ha buscado el diálogo con la obra de los grandes abstractos de esta parte del mundo sino porque, además, desde sus primeros años de formación sintió fascinación por el arte precolombino y por la producción artesanal y textil de Latinoamérica. Se dedicó en tanto a comprender su estructura y geometría.

En consecuencia, desde los años de Europa, el artista ha desarrollado un proyecto ecléctico, en el que los principios espaciales aprendidos de la proporción áurea han sido definitivos, pero también, la fuerza del color venida de uno y otro contexto. Jorge Riveros, aunque trabajó en monocromías al comienzo de su carrera, estudió a expresionistas del color como Auguste Macke, Alekséi von Jawlensky o Vasili Kandinsky, aporte que también fundió con las tradiciones colorísticas latinoamericanas.

Ese encuentro comporta una riqueza especial para momentos como el presente, que han perdido el valioso conocimiento expresivo del color. El desplazamiento de la pintura en las tres últimas décadas de creación artística dejó un vacío en esa herramienta tan valiosa para la expresión visual como es la comprensión y el manejo del color, que no terminan de llenar el cine y la fotografía.

MARÍA A. IOVINO

Jorge Riveros, por María A. Iovino | artnexus