Toda fotografía es construida, es artefacto que se produce, circula y consume de manera exponencial. Bajo esta premisa, el Fotomuseo –Museo Nacional de la Fotografía de Colombia– ha reunido artistas visuales de los cinco continentes para indagar sobre las posibilidades constructivas de la imagen, en el marco de la Bienal Fotográfica Bogotá 2015.
La aproximación al conjunto de obras que circularon en los eventos programados (encuentro teórico, revisión de portafolios, ciclo de cine, talleres con artistas, exposiciones en galerías, museos y espacio público) es susceptible de interpretarse en tres niveles: un primer nivel que se refiere al sentido de la imagen y sus formas de producción, donde se relacionan obras y artistas que vinculan diversas prácticas creativas para traducir conceptos en imágenes fotográficas; el segundo nivel aborda la capacidad de dicha producción para ser intervenida o manipulada, recurriendo en cada caso a dispositivos análogos o digitales que logran variaciones de un mismo registro y desafían la veracidad de la imagen. Finalmente, el tercer nivel analiza un conjunto de obras que recurren a soportes de representación fotográfica de forma atípica, con artistas que reflexionan sobre el medio en sí, las implicaciones y los desafíos de una cultura visual construida.

De esta manera, se establecen ciertos rasgos característicos de la producción fotográfica contemporánea que tuvo lugar en la sexta edición de la bienal, la cual contó con la participación de Alemania como país invitado, con la muestra presentation/representation del Institut für Auslandsbeziehungen. El formato de Fotográfica, único en Colombia, ilustra los esfuerzos mancomunados entre el sector público y privado por fomentar espacios de participación ciudadana en torno a las expresiones culturales y artísticas que poco a poco se consolidan entre el público local y superan las expectativas de los visitantes extranjeros.

Dar forma al pretexto
La práctica artística ha manifestado un especial afecto por los objetos que podemos llamar comunes, las cosas, de las cuales se extraen significados que, una vez revertidos en la imagen, generan nuevos códigos de lectura. El primer nivel propuesto está relacionado con la corporalidad de los elementos por registrar y sus posibles relaciones mediadas por el artista. Aquí se enuncian algunos de los fotógrafos destacados de la escena internacional que participaron en Fotográfica 2015.
Enfrentar los objetos para interrogarlos ha sido la huella de Chema Madoz (España); sus imágenes en blanco y negro señalan el sentido metafórico de aquello que nos rodea, donde los objetos se seleccionan y ubican de forma tal que expanden su capacidad narrativa. Roger Ballen (radicado en Sudáfrica), por su parte, refleja rasgos similares en su producción; sin embargo, las posibilidades de recrear escenas mediante objetos comunes se amplían al incorporar elementos del collage y el grafiti, además de animales, juguetes e imágenes iconográficas que apuntan a la construcción de un lenguaje visual del inconsciente. Estos artistas reconocen las potencialidades narrativas del objeto para recrear ideas o conceptos; cualquier alteración ocurre previamente a su registro, ya sea este análogo o digital, por lo que el trabajo de composición implica una modificación directa de la realidad, donde el fotógrafo hace las veces de escultor o dibujante.

Entre las obras destacadas por su carácter escenográfico se encuentra la obra de Julia Fullerton (Alemania) School play, en la que actúan grupos de mujeres adolescentes que representan culturas distintas, acentuando el comportamiento colectivo por medio de la uniformidad y la estandarización de los personajes, hacia una lectura comparativa un tanto estereotipada.
La noción de fotografía construida encuentra en el retrato –como género artístico– un eje central, si se considera su influencia en el desarrollo de las artes visuales, así como su relación con las distintas técnicas de representación. La obra de Hannu Karjalainen (Finlandia) propone un acercamiento al carácter artificial del retrato; sus personajes cubiertos de pintura establecen juegos semánticos acerca de la tradición pictórica europea, a la vez que involucran acciones como el performance o el body painting, desplazando la tensión de la imagen al momento en que dicho registro es ejecutado.

Entre los fotógrafos de mayor reconocimiento que participaron en la Bienal está Rodney Smith (Estados Unidos). Su amplia experiencia en la industria de la moda le ha permitido definir un lenguaje único que evoca el estilo de vida moderno, donde el tiempo marca el comportamiento y modifica la velocidad con que se vive. Cada detalle es cuidadosamente seleccionado gracias a la trayectoria de Smith en el campo de la publicidad, evocando en cada registro un profundo deseo de vivir.
Diluir la imagen
En el marco de la bienal se destaca un conjunto de artistas que, luego de registrar objetos, personajes o situaciones específicas, se dedica a manipularlos e intervenirlos. Esta construcción fotográfica se vincula tanto al desarrollo de tecnologías capaces de codificar la imagen en nuevos lenguajes –haciéndola susceptible a modificaciones en distintas escalas– como a la necesidad de redibujar dichos contextos, ilustrando el análisis que cada artista ha desarrollado sobre las partes, y que le permiten fraccionar el espacio.

Las imágenes producidas por Mario Arroyave (Colombia) informan sobre esta búsqueda; en Línea de tiempo, el fotomontaje digital permite al artista fijar secuencias de movimientos en un mismo instante; cada componente es reproducido, multiplicado, transformando la percepción del espacio y sus límites. Se encuentra un interés semejante en la serie Parpadeo cuántico de Isabel Martínez (Chile), en la que sobrepone dos exposiciones tomadas a un mismo elemento en breves intervalos de tiempo. Sus registros ofrecen una sensación óptica de intermitencia que evoca el comportamiento del cerebro, capaz de completar espacios vacíos entre imágenes para crear la ilusión de un movimiento continuo.

A su vez, la serie Flying Houses de Laurent Chéhère (Francia) articula diversos procesos de ensamble y composición digital por medio de registros en espacios anónimos, periféricos o de poca relevancia arquitectónica, que una vez reconfigurados se tornan relatos fantásticos. El artista centra su atención en los eventos imaginarios que pueden ocurrir dentro de cada espacio una vez resignificado; los personajes que asoman por las ventanas, así como los detalles de cada obra, establecen referencias a obras cinematográficas y demás influencias claves de su proceso creativo.

Por su parte, la obra Dores da Alma de Sheila Oliveira (Brasil) retoma el uso del dibujo digital como lenguaje para intervenir la imagen fotográfica. Su obra hace referencia a múltiples presencias; el encuadre y los elementos que registra remiten a un estado profundo del ser humano, psicológico y emocional. Se incluye también en este grupo la obra de Misha Gordin (Rusia), debido a sus características compositivas y métodos de manipulación, que, a diferencia de las herramientas digitales, ocurre durante el revelado, en un proceso directo con los negativos dentro del cuarto oscuro. La producción de cada fotografía se caracteriza por el uso de esquemas y bocetos previos, estudios que centran la atención en el comportamiento de la luz.

Dónde fijar la mirada
La fotografía atraviesa un proceso acelerado de producción y circulación que impacta en varias direcciones, en el desarrollo de una cultura visual con mayores insumos formales, y principalmente en la transformación de tecnologías a partir de entrecruces y ensayos. El tercer nivel propone un acercamiento experimental a las herramientas convencionales que participan en la configuración fotográfica.
La serie Montañas de la incertidumbre de Roberto Fernández Ibáñez (Uruguay) señala estos lugares; a primera vista se ven representadas formaciones montañosas y valles que simulan un paisaje natural; sin embargo, éstos surgen a partir de las gráficas matemáticas que usualmente se emplean para representar estadísticas económicas. La superficie fotográfica adquiere relieve y una textura construida por los pliegues que deja la emulsión durante el revelado. En las obras de Bonchang Koo (Corea del Sur) se identifica una preocupación afín, esta vez referida al material sobre el que se fija la imagen. Cada fotografía se compone de fragmentos de la misma imagen que han sido recortados y reunidos nuevamente en una composición fotocubista. Los elementos representados por el artista refieren a un cuerpo anónimo que flota en el vacío, donde el espectador es quien reconstruye la imagen mediante la superposición de los encuadres.

La apuesta de Luis Carlos Tovar (Colombia) en la serie Retratos al carbón surge del encuentro con diversos grupos sociales que habitan regiones próximas al océano Atlántico, en donde la extracción mineral ha impactado los ecosistemas. Su obra, instalada en los exteriores de la Biblioteca Nacional, en el centro de Bogotá, genera un encuentro impredecible –gracias al formato– con aquellos personajes que han sido retratados mientras contemplan el mar.
El compromiso social de la práctica fotográfica se refleja en la serie Los 119 de Cristian Kirby (Chile), cuya obra establece una relación directa entre los retratos de personas desaparecidas por la represión militar y los espacios urbanos donde fueron secuestrados. El artista fija sobre mapas y directorios los rostros que por años han circulado en distintos medios impresos, y que han consolidado una estética particular de la cual han hecho uso sus familiares para resistir al olvido y afirmar el duelo constante al que se ven enfrentados.

El carácter espectral de cada imagen se ve reafirmado por las huellas de la emulsión fotosensible, que confrontan al espectador al señalar lo efímero y vulnerable que puede llegar a ser el recuerdo confiado a la imagen digital.
La naturaleza representativa de la fotografía, resultado de un conjunto de procesos capaces de dar origen a una composición semántica, recrea una supuesta realidad que somete la mirada. Fotográfica Bogotá ha logrado en cada uno de dichos niveles acoger múltiples perspectivas que se apropian de este formato de registro, reflejando su progresiva e inevitable inserción en cada esfera social. La bienal logra consolidar un público especial, que, además de observar las distintas propuestas, asiste a los encuentros teóricos y se apropia de estas reflexiones en sus ejercicios personales y espacios habituales.

Acerca de los espacios
Los museos, galerías y espacios expositivos que constituyeron la bienal contribuyeron a definir el carácter narrativo que integró cada conjunto de obras. Espacios como el Archivo Distrital, la Biblioteca Nacional o el Museo de Bogotá, en sintonía con las políticas públicas culturales, acogieron obras que dialogan con sus enfoques temáticos, permitiendo a los públicos visitantes relacionar diversos contenidos referidos a la memoria y la ciudad.
Por su parte, las galerías y los espacios alternos presentaron tanto artistas emergentes de la escena local como fotógrafos consagrados de amplia trayectoria, generando interesantes contrastes y discursividades que ilustran la condición inestable del medio fotográfico, en tanto la variabilidad de sus soportes da lugar a propuestas que consideran nuevas lecturas sobre la tradición fotográfica.

El uso del espacio público, estrategia recurrente del Fotomuseo, permitió acercar a transeúntes y sociedad en general al lenguaje visual mediante la instalación de dispositivos expográficos y vallas publicitarias en distintas zonas de la ciudad, la proyección de algunas obras en edificios y el desarrollo de talleres acompañados por artistas, quienes aprovecharon su estancia en Bogotá para participar en iniciativas locales que promueven la formación artística extracurricular.
Una vez cerradas las exposiciones, inicia la cuenta regresiva para la séptima versión de la bienal, que promete enfocar nuevamente la capital colombiana y la produccidas apuntan a una progrsual s que semienza el tiempo a correor tradicincias encuentren experiencias apuntan a una progrón fotográfica global.
NOTA
1. “El paisaje mediático: sobre el desafío de las poéticas tecnológicas”. La fotografía como expresión del concepto. Arlindo Machado, pág. 44.
ALEJANDRO JIMÉNEZ PÉREZ
Diseñador Industrial, Magister en Museología y Gestión del Patrimonio/colectivo.

