La exposición Monomito muestra, a primera vista, una serie de piezas formadas por figuras que aparentemente no tienen una relación entre sí. Sin embargo, nos permiten conocer una de las facetas y/o aficiones más arraigadas del autor, además de entender un poco más a fondo su proceso creativo.
Dr. Lakra es un ferviente coleccionista de todo tipo de objetos. Esta afición es motivada por una constante búsqueda de piezas o materiales que puedan fungir como superficies de trabajo o como extensiones mismas de su obra. Todos estos objetos que se encuentran en su haber le otorgan herramientas para construir nuevos discursos o lenguajes para expresar su trabajo. Esta colección tan ecléctica puede contener un sinfín de figuras tales como juguetes, insectos, libros, etcétera, que, al final, se pueden imbricar para formar una obra con un significado otorgado por la suma de sus partes. Es así que se genera Monomito.

El concepto monomito parte de la teoría de Joseph Campbell, quien sostiene que las deidades más importantes de muchas religiones o mitologías comparten múltiples características en cuanto a sus personalidades y comportamientos, no obstante las lejanías temporales, ideológicas o geográficas entre ellos. El motivo de esta investigación parte de observar los paralelismos tan notables y significativos en culturas que no compartieron contactos de ningún tipo durante su apogeo y que terminan por tener similitudes asombrosas. Lo cual denota un comportamiento inherente al ser humano que se manifiesta en una necesidad importante de otorgar una explicación fantástica o religiosa a lo que no ha podido terminar de comprender.
La serie de obras que conforman la exposición siguen este patrón de generar una interrelación de objetos que, a simple vista, pareciera que no tienen nada que ver entre sí. Sin embargo, son piezas que pueden ser identificadas en su totalidad por casi todos los espectadores y que forman parte de una cultura global y de consumo masivo que, directa o indirectamente, ha tenido repercusión entre nosotros de alguna manera, y que se vincula con nuestro pasado. Dentro de las esculturas que forman el recorrido de la exposición podemos encontrar deidades religiosas de Oriente, próceres nacionales como Benito Juárez o personajes fantásticos de películas o caricaturas como un E.T. o la cabeza de Ultraman. Todo ellos unidos en una trama que se presenta en forma de tótems y que tienen esta función de actuar como emblemas colectivos de veneración, ya sea por una carga votiva o por la nostalgia generada por el objeto, y con el valor protector intrínseco a la función del mismo tótem.
El resultado de este proyecto es coherente con la línea que siempre ha distinguido el trabajo de Lakra: la creación final de objetos irreverentes cargados con una alta connotación sexual, de imágenes provocadoras y de la ruptura de normas establecidas que confrontan al espectador, que se encuentra ante una paradoja de atracción y repulsión sobre el objeto que se contempla. Su constante inquietud sobre las formas de materializar su trabajo lo ha llevado a explorar con el dibujo, la pintura, el tatuaje, la pintura mural, el collage y la escultura. El uso de múltiples disciplinas y de cómo las relaciona es una extensión del concepto mismo del monomito.
Se trata de un despliegue de aparentes contradicciones que demuestran un profundo conocimiento de sus conceptos, para poder encontrar el vínculo de unión que dé sentido al resultado.
Finalmente, la exposición termina presentándose como un proyecto que relaciona opuestos, que juega un poco con la cordura del espectador y los valores aprehendidos durante toda su vida al interrelacionar objetos aparentemente dispares que comparten ciertos significados o atribuciones de fondo.
HÉCTOR TAPIA
