Exposición Individualsept 2015 - nov 2015· Por Carol Damian

Carlos Luna

Frost Art Museum

Carlos Luna dejó una promisoria carrera en Cuba para irse a México en 1991; allí encontró nuevas fuentes de inspiración en las ricas tradiciones artísticas del país, sus famosas artesanías y su interesante historia. En 2001 emprendió viaje a Miami, y ahora se ha consolidado como uno de los artistas más destacados del renombrado escenario artístico de la ciudad. Para esta exposición, curada por el Dr. Bárbaro Martínez-Ruiz, presentó una visión de conjunto de su extensa obra, que abarcó pinturas, dibujos, grabados en acero, cerámicas y tapices de los últimos diez años, incluidas magistrales pinturas hechas directamente sobre las paredes como elementos de encuadre. Abordando el pensamiento cubano con tendencias artísticas contemporáneas y nociones occidentales con carga política, Luna se enfocó en una visión de la identidad nacional cubana más digna, más amplia, que acude a la vida rural, al simbolismo sincrético inspirado en lo yoruba, lo indígena y lo español, y la condición humana. Cada imagen cuenta una historia, por cuanto él reinventó una y otra vez un elenco hoy reconocible para nuevas situaciones porque sus miembros continuamente se informan entre sí, intercambian papeles y permanecen interconectados. Cada nueva historia trae un elemento de sorpresa, debido a que sus personajes se transforman desde el punto de vista conceptual e intelectual, y porque el artista está permanentemente explorando nuevos materiales. Para él, el arte es un proceso, y las posibilidades de manipular, recrear y reinventar son infinitas, puesto que cada material determina una nueva dirección. También es muy personal, se basa en sus experiencias de vida y en su viaje para captar su esencia a través del arte.

Exposición Individual: Carlos Luna — imagen 1
Carlos Luna. El Gran Mambo, 2006. Óleo sobre tela. 6 piezas, 366 x 488 cm (144 3/32 x 192 1/8 pulgadas).

Un hilo conductor que persistió en toda la exposición y que fue su punto focal fue El Gran Mambo, de 2006, y el personaje del guajiro, el campesino (en realidad, traducido como “uno de nosotros”, refiriéndose al importante papel del granjero). Luna nació en Pinar del Río (Cuba), en el extremo occidental de la Isla. Con una rica historia precolombina y colonial, es conocida como la región tabacalera, y sus exigentes granjeros controlan acres de tierras de pastoreo y de cultivos, fundamentales para la economía cubana y la identificación con su famoso producto y la industria tabacalera. El Gran Mambo es una obra compleja que documenta la vida del artista e introduce elementos clave que son una presencia constante: el campesino ensombrerado, la vegetación floral y la agricultura del campo, ritmos musicales, el guajiro mismo diseccionado y fragmentado a medida que sigue el rastro del viaje del artista, y símbolos icónicos relacionados con los rituales sincréticos y la cultura popular de Cuba. Con las palabras Mírame siempre grabadas en el centro, el artista también le pide a su álter ego que vigile y lo proteja a medida que avanza por la vida. Es una imagen de introspección que sigue edificando su obra en el tiempo y el espacio. El Gran Mambo se convirtió en la Green Machine (Máquina verde) –el título de la exposición–, la protectora de los bosques y las tierras de labranza en uno de sus muchos aspectos y responsabilidades. El título hacía alusión a la importancia de los bosques tropicales (El monte), un lugar sagrado en la religión afrocubana y en la imaginación popular; entonces, el guajiro, con su relación con la tierra, es también la fuente de la narrativa histórica cubana, el a menudo olvidado campesino como participante en las actividades rurales, los festivales y otras prácticas culturales y populares que están en el corazón de la Isla, todos los cuales fueron explorados a través de diferentes medios, desde el grabado, tan importante en la historia del arte cubano, hasta el dibujo, la pintura, la cerámica, el grabado sobre placas de acero, y los textiles.

Con cada nuevo material y la expansión de su narrativa, Carlos Luna mantuvo su claro estilo pictográfico. Un plato redondo de cerámica producido por la famosa casa de artesanías Talavera Santa Catarina (México), Round Plate (Plato redondo, 2015), contenía su familiar imagen figurativa de una mujer, la contraparte del guajiro, dibujada con finas líneas y rodeada de diseños florales, tan frágil como el material mismo y tan apropiada como otra imagen de nostalgia y recuerdo de la vida en el campo y la importancia de la mujer. La obra de Carlos Luna se basa en su dominio de la línea y su facilidad de definir su historia a través de su manipulación como vehículo de expresión transformativo. Las composiciones siguen siendo uniformes, con diseños entrelazados que fluctúan entre lo grueso y lo delicado y contienen áreas planas que van de lo monocromático a lo colorido. La adaptación de su estilo a los nuevos materiales es parte de una estrategia para retomar sus temas clave, y es especialmente exitosa cuando el artista transfiere sus imágenes a los tapices. Los siete enormes tapices, elaborados entre el artista y Magnolia Editions, de Oakland (California), fueron un ambicioso proyecto que cambió sus dibujos al formato digital para ser reproducidos por computadoras que controlan el muy complejo proceso de tejido. En Heartbreaker, de 2015, un tapiz jacquard representaba a su predilecto guajiro a caballo, rodeado de un repertorio de signos que por mucho tiempo han tenido un significativo papel en las narrativas del artista, y emergiendo de entre lo que parecía un fondo rojo fuego, quizás las lágrimas de la angustia. Para Carlos Luna el arte es un viaje a través de la vida cotidiana, y su progreso se mide a través de los materiales que se convierten en una solución para cada nueva idea. Su curiosidad y re-exploración constantes de conceptos y filosofías clave fueron el cuerpo y alma de esta monumental exposición.

CAROL DAMIAN

Carlos Luna, por Carol Damian | artnexus