Apertura: La fotografía cubana de hoy

Carlos Garaicoa. Noticias recientes (Brasil), 2008. Díptico, fotografías en blanco y negro montadas y laminadas en Plexiglas e impactos de bala. 154 x 125 cm (60 5/8 x 49 7/32 in. c/u). Colección Celso Grisi. Foto por Eric Tadsen.

Colectivasept 2015 - nov 2015· Por Marcela Guerrero

Apertura: La fotografía cubana de hoy

Chazen Museum of Art de la Universidad de Wisconsin-Madison

La muestra Apertura: Photography in Cuba Today, presentada en el Chazen Museum of Art de la Universidad de Wisconsin-Madison y curada por la Dra. Guillermina De Ferrari, apunta a la incertidumbre que afecta a la isla de Cuba y su relación con las artes. Es difícil ignorar, para cualquiera que esté escribiendo sobre las artes cubanas en 2015, la más reciente gama de contradicciones en las que el arte cubano se ha visto involucrado en los últimos meses. Si bien la apertura de Cuba a Estados Unidos pareciera seguir un cronograma de relaciones diplomáticas en aumento, el camino que le queda por seguir al gobierno cubano, si ha de ser tolerante con el arte político comprometido con los derechos de libre expresión, se podría describir como complejo.

Seis artistas y un colectivo conforman la apertura: Carlos Garaicoa (1967), René Peña (1957), José Manuel Fors (1956), Reynier Leyva Novo (1983), Ángel Delgado (1965), Rafael Villares (1989) y el dúo Liudmila + Nelson (Liudmila Velasco, 1969, Rusia, y Nelson Ramírez de Arellano, 1969, Alemania). La premisa principal, astuta y elegantemente presentada por De Ferrari, busca elucidar cómo la fotografía cubana actual logra crear un espacio estético donde la apertura política, económica y cultural es investigada y cuestionada a través de distintas estrategias fotográficas. La muestra trae a la luz las implicaciones ideológicas de concebir a la fotografía cubana como algo que no está necesariamente ligado a la realidad actual, que no intenta preservar la semejanza del objeto fotografiado, y que actúa, más bien, como una herramienta capaz de cuestionar el futuro usando diferentes tipos de recursos técnicos como métodos para socavar la realidad.

Colectiva: Apertura: La fotografía cubana de hoy — imagen 1
Carlos Garaicoa. Avenida del Puerto y Luz, 2012. Impresión de pigmento sobre hueso cubierto de gelatina. 12 x 15 cm. (4 23/32 x 5 29/32 pulgadas) Colección Arthur and Susan Fleischer. Cortesía del artista.

Apertura se pretende situar entre la visión estereotípica de la fotografía documental en blanco y negro propagada desde comienzos del siglo XX –piénsese, por ejemplo, en las fotos tomadas por el fotógrafo americano Walker Evans en 1933 para el fotoensayo The Crime of Cuba, escrito por Carleton Beals– y aquella que le diera una voz y un semblante decididamente masculino a la Revolución Cubana durante sus primeras dos décadas. Por otro lado, en su capacidad de captar una imagen, la fotografía en Cuba ha sido cómplice vital en el congelamiento de la Isla en un eterno pasado. Las fotos de postales que aún se ven hoy día con los almendrones (carros de los años 1950) en primer plano y las ruinas de la ciudad en el fondo reivindican la lectura de una Cuba permanentemente confinada en el retraso. Y es ante estos clichés visuales que Apertura se posiciona.

Si en algún momento fue útil la metáfora de la lente para hablar de perspectivas y experiencias radicalmente opuestas a las del común de la gente, al hablar de “apertura” De Ferrari no sólo le añade perspicacia al lenguaje que usamos para hablar de la fotografía sino que también se concentra en un período muy específico de la historia de esta isla: la Cuba postsoviética frente al inminente fin del embargo estadounidense. Este estado de transición, como bien sucedió durante la Revolución Cubana, también tiene su contraparte visual en la fotografía cubana actual. Cómo y qué dice la fotografía sobre estos cambios es el lugar común que ocupan las obras expuestas en Apertura.

Colectiva: Apertura: La fotografía cubana de hoy — imagen 2
Liudmila + Nelson. Infanta y Carlos III, de la serie Hotel Habana, 2009–2012. Caja de luz. 101 x 152 cm (39 49/64 x 59 27/32 pulgadas). Cortesía de los artistas.

La piel y el tejido orgánico como soporte para la exploración de la fotografía cubana le dan a ésta un cierto sentido de urgente vitalidad. En Avenida del Puerto y Luz (2012), Carlos Garaicoa utiliza huesos de vaca cubiertos en gelatina como material de impresión para sus fotografías de ruinas habaneras. Este inusual medio fotográfico le añade a la imagen un sentido algo biológico; es decir, lo que vemos no son meras ruinas sino los últimos vestigios de lo que fue una ciudad viva. Las estrías que se forman en la superficie de las fotos de esta serie les otorgan un aire de toma fílmica, como si luego de esta imagen viniera otra, y así de manera progresiva. Con usual tono formal, Garaicoa presenta en Noticias recientes (Brasil) (2008) una instalación fotográfica donde el titubeo entre la vida y todo aquello que amenaza con su fin está dirigido hacia el espectador de la manera más directa posible. Puestas en un ángulo de noventa grados, las dos imágenes en gran formato constituyen un díptico que pareciera representar las dos esquinas de un mismo edificio. Luego de una mirada más detenida nos damos cuenta de que las esquinas no corresponden a un mismo edificio sino que son dos inmuebles distintos. Sin embargo, las semejanzas entre ambos y el hecho de que el plexiglás que cubre ambas fotos ha sido herido con disparos provenientes de una pistola de 9 mm nos dan la sensación de que nuestros cuerpos están involucrados en la acción. El efecto de pararse en esta esquina creada por el díptico es pavoroso. Pareciera como si esta esquina fuera realmente el interior de un apartamento, y los tiros fueran balas perdidas dirigidas hacia el espectador.

Colectiva: Apertura: La fotografía cubana de hoy — imagen 3
Reynier Leyva Novo. Sólo la tierra perdura (Batalla de Mal Tiempo), 2013. Impresión digital. 58 x 24 cm (22 53/64 x 9 29/64 pulgadas). Foto por Eric Tadsen.

El título de este díptico, si bien se refiere específicamente a Brasil, por otro lado habla de un momento reciente y de un sentido de vulnerabilidad que pareciera ser sinónimo de sociedades con gran incidencia de desigualdad económica. Mostradas en el contexto de esta exposición, es imposible no preguntarse si estos momentos de ruptura social vendrán a consecuencia de la apertura económica.

La apertura de Cuba a Estados Unidos se verá mayormente reflejada en el panorama económico, lo cual, para propósitos de cultura visual, tendrá una repercusión muy grande en el paisaje de la Isla. La especulación de cómo el horizonte de La Habana va a cambiar es explorada en las composiciones digitales de Liudmila + Nelson, por ejemplo, en Infanta y Carlos III de la serie Hotel Habana (2009-2012). Luego de encontrar una foto antigua de una escena típicamente habanera, el dúo se desplaza al punto donde fue tomada y retratan de nuevo la escena intentando ser lo más fieles posibles a la foto original. Ambas fotografías son luego superpuestas e intervenidas digitalmente con logotipos y anuncios de publicidad intercalados con los únicos letreros que existen hoy en día, aquellos con eslóganes del Partido Comunista. El resultado final, instalado en cajas de luz, consiste en un extraño panorama que le agrega verticalidad y color a un paisaje citadino típicamente representado en fotografías como mayormente chato y en colores sepia. La altura que Liudmila + Nelson le conceden a La Habana es una altura desafortunadamente hecha de carteles publicitarios apilados unos encima de otros y con los colores icónicos de las empresas Apple, Bacardí y Coca-Cola. La banalidad de estos letreros vistos en combinación con las fotos de antaño le da a estas nuevas fotos un aire de ciencia ficción. Pareciera que el dúo nos pregunta si esta imagen que ahora es completa manipulación digital será el paisaje estándar en un futuro cercano.

Colectiva: Apertura: La fotografía cubana de hoy — imagen 4
Rafael Villares. Finisterre, 2005. Impresión digital. 30 x 40 cm (11 13/16 x 15 ¾ pulgadas) foto 7/11. Cortesía del artista.

Por otro lado, la fotografía a gran escala titulada Sólo la tierra perdura (Batalla del Mal Tiempo) (2013) de Reynier Leyva Novo está compuesta de un retrato de la explanada donde se llevó a cabo un terrible y cruento enfrentamiento contra soldados españoles a manos de Máximo Gómez y Antonio Maceo en 1895. Próximo a la foto de este terreno que hoy pareciera ser una parcela virgen e intacta, Novo incluye un ensayo ficticio escrito desde la perspectiva de Maceo, quien describe una sangrienta y bélica escena, evidencia de la cual no vemos en la foto. El texto, como bien indica De Ferrari en el ensayo que acompaña a la exposición y que es descargable a través del portal del Chazen Museum, consigue representar lo que la fotografía no puede. A falta de monumentos que evidencien la historia, la fotografía documental no puede cumplir su trabajo de dejar testimonio para el futuro. La palabra escrita, por lo tanto, sustituye a aquello que se queda corto en el lenguaje visual.

Es emocionante ver qué camino tomará la carrera de Rafael Villares, quien a sus 26 años es el artista más joven representado en Apertura. Nacido en 1989, justo al comienzo de la disolución del bloque soviético, y criado en pleno Período Especial en Tiempos de Paz, Villares nos presenta tres imágenes de la serie Finisterre (2005). Para entender cómo ha cambiado la fotografía cubana en las últimas casi dos décadas y media, sólo basta comparar la serie fotográfica Ojos desnudos (1992) de Abigail González y las imágenes de Finisterre. Las fotos tomadas por González fueron importantes en su momento por presentar una imagen cruda y supremamente antirromántica de Cuba. Impresas en blanco y negro, las fotos son retratos de escenas domésticas interrumpidas por la presencia de la cámara. La calidad granulosa de las fotos, sin nada que pareciera montaje y tomadas desde ángulos vertiginosos, contrastan con las de Villares en casi todo. Por su lado, la composición de las fotos en la serie Finisterre es prácticamente análoga a una tarima; es difícil ignorar el elemento teatral dentro de sus fotos. No obstante, no por ser diferentes quiere decir que una realidad ha reemplazado a la otra. Lo que caracteriza a Finisterre es exactamente la falta de realidad y la necesidad de construir una verdad alterna a través de recursos tecnológicos.

La manipulación digital de las fotos –donde lo vemos a él, Villares, pintar puertas imaginarias en lugares icónicos como el Malecón o el Hotel Habana Libre, cuya proximidad al mar representa de cierta manera el fin de la tierra o finisterre– puede leerse como un mordaz comentario sobre los métodos actuales (o la falta de ellos) para entrar o salir de Cuba. Por otro lado, es difícil no interpretar la agudeza técnica con la que Villares construye sus fotos, con una semblanza de optimismo. Queda por verse si estas fotos seguirán teniendo vigencia en los próximos años y si la libertad continuará siendo un derecho solamente asequible a través de retoques de Photoshop. Si miramos unas dos décadas y media hacia adelante, ¿será la metáfora de la libertad un cliché o seguirá siendo un tema de contenido social relevante para el pueblo cubano?

Si algo nos dicen las fotos presentadas en esta exposición es que este momento de apertura todavía no se hace evidente en el panorama de la Cuba actual. El uso de soportes inusuales, montajes poco tradicionales, superposiciones fotográficas, instalaciones con texto y manipulaciones digitales es necesario para reflexionar sobre lo que Cuba fue y vislumbrar lo que será.

MARCELA GUERRERO

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