Experiencias limítrofes marcaron la exposición Imagética, retrospectiva de la artista Ana Vitória Mussi, en el Palacio Imperial, Río de Janeiro. Navegando entre la ficción y el documental, el periodismo y el arte, la estética y la ética, la fotografía y el video, las obras son el resultado de una larga carrera iniciada en la gran prensa brasilera y replicada en una producción estética contundente. La catarinense, radicada en la capital carioca desde los años sesenta, reveló en esta muestra el motivo que acompañó su trabajo durante décadas: la relación entre la violencia y la cultura mediática.
La muestra ocupó todo el tercer piso del Palacio y presentó obras inéditas, además de parte de la colección de la artista, cubriendo el período de 1968 a 2015. En cuatro salas, el público pudo ver veintiséis obras, entre instalaciones, fotoserigrafías, fotografía objetual, entre otros registros. “Son décadas de deconstrucción visual que ofrecen imágenes en numerosos soportes”, comenta Adolfo Montejo Navas, curador de la muestra, conjuntamente con Marisa Flórido Cesar.

Los temas sugieren el paso de Ana Vitória Mussi por el periodismo: la banalización de la violencia, la tragedia como espectáculo, la violencia visual, la frenética iconografía urbana, etcétera. Son rescates logrados mediante un inventario de imágenes que descubre repeticiones a lo largo del tiempo. “Veo patrones y relaciones entre imágenes de diferentes tiempos”, enfatizó la artista al curador Navas. Así, la artista rescató imágenes de archivo, registros de guerras, reportajes actuales, etcétera, componiendo un mosaico de informaciones y signos sobrepuestos y confusos.
Sin embargo, en lugar de confusión y caos, la artista dio ritmo y armonía a sus obras, reorganizadas en esta exposición para componer una continuidad, con momentos y pasajes deliberadamente subrayados. Ana Vitória Mussi hizo esto utilizando la superposición de fotografías y proyecciones simultáneas, extrapolando límites espaciales y de lenguaje. De esta manera, rompió el confort de la linealidad visual común a los medios de comunicación, siendo coherente con su universo estético, como en la obra Por un hilo (1977-2004), compuesta por millares de negativos de imágenes registradas a lo largo de su trabajo como fotógrafa de eventos para las columnas sociales.
En la obra Bang (2012), la artista establece un juego semántico de ricas asociaciones, como la relación entre armas y cámaras. Escenas de guerrilla urbana en las colinas cariocas se intercalan con escenas de películas y documentales de la Segunda Guerra Mundial, al ritmo de la canción Bang Bang (My Baby Shot Me Down) que compone la pista sonora de la película Kill Bill I (2003-2004) de Quentin Tarantino. Como explica Marisa Flórido Cesar, la artista interrumpe el flujo narrativo y la continuidad temporal de las imágenes del cine y de la TV mediante la fotografía, editando las imágenes y componiéndolas en asociaciones singulares: el salto del atleta olímpico del documental de Leni Riefenstahl y el vuelo de los aviones de combate; el complejo juego de dirección y triangulación de las miradas de individuos con las máquinas de guerra y las imágenes de binóculos y celulares; la suavidad y redención del amor en tiempos de brutalidades dementes.
Hace más de cuatro décadas, Ana Vitória Mussi se dedica a la investigación de las imágenes mediante la fotografía, explorando sus límites y posibilidades más allá de los usos convencionales. La artista estudió pintura y dibujo con Ivan Serpa de 1968 a 1971; fotografía en el Senac de 1972 a 1973, y serigrafía en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage de 1989 a 1990. Entre 1979 y 1989 trabajó como reportera fotográfica para los periódicos cariocas, especialmente para eventos sociales. En 1990 retomó su trabajo como artista, aprovechando la inmensa cantidad de materiales residuales de la pasada experiencia, especialmente negativos, como soporte para su obra. Ana Vitória Mussi participó como pionera en videoarte en Brasil en los años setenta; muchas veces manejó la cámara de video. Optó por saquear las imágenes del encadenamiento temporal propio del medio (videos y películas) y del lugar de su aparición (periódico, televisión, cine, etcétera) para interrogar lo que se mantiene en la sombra y lo que se elige para ser mostrado.
En los años sesenta y setenta, durante la dictadura militar, en la obra Trayectoria del hueso y barreras, Ana Vitória Mussi cubrió con manchas negras las imágenes de periódicos fotografiando esas composiciones. Como afirmó el crítico Paulo Herkenhoff, la artista “encubría para resaltar el dato esencial”, dándole visibilidad a la censura. Al final, la tinta negra era el color alegórico de la censura, con su connotación de luto.
Ana Vitória Mussi está entre los artistas brasileros que hace más tiempo exploran las posibilidades poéticas de la fotografía más allá de los límites de su uso habitual y convencional. Esa libertad llena de licencias se debe a su formación artística en un período crucial para la expansión y el desborde de los medios técnicos, materiales de trabajo y soportes permitidos por el arte contemporáneo. En esta muestra Ana Vitória Mussi revela que definitivamente saltó del periodismo al arte.
ALESSANDRA SIMÕES
