El New Museum of Contemporary Art inauguró su primera Trienal en 2009, quizás para imponer con más firmeza su presencia en su nuevo hogar en un edificio construido específicamente para él en el sector de Bowery. A finales de mayo pasado concluyó la tercera versión de esta exposición, cuyo éxito, como sucede con tantas muestras de esta naturaleza, puede medirse en diferentes formas, según el criterio de cada quien.
Los parámetros de la exposición de este año se establecieron en buena parte teniendo en cuenta la edad. El objetivo era destacar a artistas emergentes –aunque no desconocidos– de cuyas obras puede decirse que están conformando una noción de lo que se está desarrollando en el mundo artístico global, y una mirada a lo que está por venir, antes que una apreciación sobre lo que se ha hecho. La exposición, titulada “Surround Audience”, no puede ser criticada por falta de ambición o por exclusividad: además de exponer obras de cincuenta artistas, el museo también presentó performances, publicó una colección de poesía y patrocinó residencias, proyectos de investigación y una serie web. Muchos de estos proyectos fueron encargados y estaban debutando en el museo, y otros eran reinterpretaciones o continuaciones de series en curso. Aunque medios y tecnologías nuevos hacían parte integral de muchas de estas obras, éste no era un museo lleno de monitores de computadora y pantallas de video, y a veces la nueva tecnología sirvió de un modo más sutil y supeditado. Más importante aún, los medios más antiguos, como la pintura y la escultura, no fueron ignorados, y gran parte de las obras se basaban en la instalación o el performance, que son multimedia en su naturaleza, y también eternamente renovables.

Uno de esos proyectos era la obra del argentino Eduardo Navarro para la Trienal, titulada Timeless Alex (2015). Con frecuencia, los proyectos de este artista involucran exploraciones ecológicas y sociales a través de la construcción de espacios y situaciones sociales temporales. En este caso, la atención se centró en la condición humana, filtrada a través de la experiencia natural de una tortuga. Reconocedor de la importancia transcultural de la tortuga como símbolo de tenacidad y constancia, y de su papel fundamental en los mitos cosmológicos hindúes, chinos, y de los indios americanos, a Navarro también le intrigó el caso del Solitario Jorge, la última tortuga viva de Isla Pinta, descubierta en las Galápagos en 1971. La longevidad de la existencia de la tortuga (presentada ahora en otro nivel, debido a su preservación mediante taxonomía) –la mitología de las Galápagos como espacio evadió el progreso de la evolución–, incluso la lenta deliberación de los movimientos del animal, hicieron que Navarro pensara en la percepción del tiempo desde la perspectiva de la tortuga y, más conmovedor aún, cuán radicalmente esa percepción debe diferir de la velocidad instantánea de nuestro mundo, basado en internet.

Timeless Alex consistía en un disfraz de tortuga, junto con un caparazón exterior hecho de capas de papel, que alguien podía ponerse y utilizarlo en un performance. Cuando no estaba en uso, el disfraz colgaba de la pared, incorpóreo, sin consistencia, lo que le agregaba a la obra una cualidad elegíaca, por cuanto uno pensaba en la mortalidad y la privación de la piel como otra medida del tiempo.
Las inquietudes de tipo ecológico también hacían parte de la obra del artista Daniel Steegmann Mangrané, residente en Río de Janeiro. Aunque su práctica varía entre acuarela, escultura, instalación, video y cine, su proyecto para la Trienal podría considerarse uno de los más actualizados desde el punto de vista tecnológico. Phantom, una de las primeras instalaciones de realidad virtual en utilizar Oculus Devkit2 y ser presentada en un museo de arte de Nueva York, combinaba tecnología de captación de movimiento OptiTrack y audífonos de realidad virtual Oculus Rift para transportar a los visitantes del museo a la selva brasileña, que está desapareciendo rápidamente.
La idea de captar y encuadrar el espacio también estaba incorporada a la obra de José León Cerrillo. Inspirándose en referencias que varían entre las fallidas aspiraciones utópicas de la arquitectura modernista y el planeamiento urbano de América Latina y el uso de diagramas esquemáticos en la filosofía y la teoría psicoanalítica, los proyectos de Cerrillo a menudo involucran intervenciones estructuradas que interactúan con un espacio y sus habitantes. La instalación del artista era una repetición actualizada site-specific de una serie en curso titulada The New Psychology. Utilizando metal, madera, vidrio, tela y pintura, el artista construyó una serie de aberturas, líneas y mediaciones que manipulaban los movimientos de los visitantes a través de la galería, y también, literalmente, brindaban diferentes encuadres para que percibieran el espacio del museo y las obras de arte que compartían ese espacio.

No todas las obras eran tan convincentes desde el punto de vista del espacio. Tania Pérez Córdova estaba representada por algunas esculturas que hacían parte de su serie Things in Pause (2013-en curso). Para esta serie, la artista ha esculpido un grupo de formas abstractas en diversos medios y técnicas que luego se completan mediante la adición de algún objeto que la familia o los amigos le han prestado. Por ejemplo, en We focus on a woman facing sideways, evening (2014), Pérez Córdova hizo una escultura en bronce del espacio negativo de la esquina y después colgó allí un arete de su abuela. El objeto familiar lucía extraño en su nuevo contexto; la percepción de espacio y tamaño se había alterado y había una sensación de desplazamiento, por cuanto el objeto había sido trasladado de su hogar tradicional a uno foráneo, aunque site-specific. En Meeting a stranger, afternoon, cafés (2014), una SIM card de un iPhone 5 fue colocada dentro de una baldosa de terracota de bordes ásperos inspirada en las ruinas de Pompeya. El colocar un objeto que habla a la vez de la vanguardia y de lo que es inminentemente reemplazable/actualizable dentro de un marco que de inmediato nos recordaba un pasado lejano que conserva una sensación de lo eterno nos alentaba a pensar, como en la obra de Navarro, en las cualidades del tiempo y en la evolución humana/social. La precariedad del tiempo era también invocada por el hecho de que estas obras sólo existirían mientras durara la exposición, después de lo cual los artículos prestados serían devueltos a sus propietarios originales.

Dejando de lado una reflexión sobre comparaciones cualitativas, que en gran medida es personal y variará de un visitante a otro, tenemos la pregunta más elemental: ¿Qué tan sólida fue la exposición? Los proyectos superpuestos y los espacios fluidos, si se manejaban con cuidado, podían ser visualmente estimulantes y ayudar a reforzar los temas empleados para organizar la exposición. Un área que parecía haber tenido más en cuenta que otras estas inquietudes era la conformada por los espacios del cuarto piso, en el que The New Psychology, de Cerrillo, enmarcaba con gran efecto obras de Aleksandra Domanović, Avery Singer y Kiluanji Kia Henda. De hecho, la transición visualmente más convincente y estimulante de la exposición fue la fusión de la obra de Cerrillo con la de Domanovic. En SOHO, Substances of Human Origin había tres esculturas impresas en 3-D derivadas del modelo de la mano de Belgrade hecho por la artista, incluidos los brazos hasta el hombro, revestidos de metal y poliuretano. Las tres esculturas, instaladas en la pared, hacían diferentes señas, fusionando lo humano con lo tecnológico. Cada pose tenía un significado; una de ellas recreaba un ademán religioso; otra, una acción relacionada con el trabajo, mientras que la tercera sostenía un diente humano. En el espacio alrededor de los brazos colgaban formas de papel aluminio. Al igual que la instalación de Cerrillo intervenía en nuestra observación de esta obra, a la inversa, cuando uno miraba a través de las formas de papel aluminio suspendidas, éstas servían para enmarcar y filtrar nuestra experiencia de la obra de Cerrillo y otros proyectos que estaban en el piso.

Otro claro ejemplo de esta superposición involucraba Rusty Mirage (The City Skyline) y la serie Buildings (The Palace, The Fortress, The Temple, The Ministry) de Henda, que consistía en serigrafías y fotografías de esculturas creadas en el desierto de Maleha, en Sharjah. Las esculturas, construcciones de líneas metálicas, semejaban dibujos que sobresalían del paisaje o esqueletos de una ciudad imaginaria. Para estas esculturas lineales, el artista se basó en los sona, dibujos que los narradores de cuentos de la cultura lunda tchokwe (del oriente de Angola) hacen en la arena mientras cuentan relatos. Kia Henda transformó estos efímeros dibujos en objetos tridimensionales, estructuras imaginarias en el desierto, que pueden representar los restos de un pasado destructivo o los comienzos de un nuevo futuro. Las formas lineales abiertas enmarcaban su paisaje y se identificaban con las estructuras del proyecto de Cerrillo.
No todas las áreas de la exposición funcionaban en forma tan perfecta. De hecho, sería difícil imaginar cómo podrían haberlo hecho, dada la disparidad de tamaños, medios y temas presentados. Con demasiada frecuencia, los proyectos eran lo bastante distintos o de un impacto tan desigual que uno era subsumido por otro o competían entre sí, con un resultado más discordante y poco atractivo que motivante y estimulante. Dada la gama de prácticas, temas, nacionalidades y medios desplegados en esta exposición, quizás no sorprenda que las partes tomadas como tales fueran mucho más exitosas que el todo.
Esta falta de claridad se extendió al principio organizador putativo de toda la exposición: “Surround Audience” era un tema que en un principio parecía ser oportuno y concomitante con los cambios que han ocurrido en el mundo con la creciente ubicuidad de las redes sociales, y algunos de los proyectos parecían encajar dentro de una exploración de esas cuestiones. En otros casos, uno tenía que esforzarse para poder conectar los puntos temáticos o, lo que es más importante, para entender qué hacía tan actuales estos temas específicos. Por cierto, las redes sociales y ciertas tecnologías, asociadas con acontecimientos mundiales actuales, crean algunos escenarios y oportunidades para expresarse hasta ahora inexplorados. Por otra parte, muchas de estas inquietudes, incluidas la expansión de la vigilancia estatal, la disparidad económica, la creciente comodificación de internet y la propiedad intelectual, y la erosión de una identidad privada, han predominado desde antes del nuevo milenio. La cuestión de cuán nueva o sin precedentes es una obra de arte puede ser un pobre criterio de evaluación, pero toda la Trienal se sustentó en la presunción de “novedad”, hasta la relativa juventud de sus participantes. Parecería que una de las lecciones imprevistas de la exposición de este año es que cuanto más cambian las cosas, más siguen igual.
JOHN ANGELINE

