Silencio elocuente. Retrospectiva de la artista colombiana Doris Salcedo

A flor de piel, 2011-2012. Pétalos de rosa e hilo. Vista de la instalación. White Cube, Londres, 2012. Foto: Ben Westoby.

Monografíajun 2015 - ago 2015· Por Hans-Michael Herzog

Silencio elocuente. Retrospectiva de la artista colombiana Doris Salcedo

Museum of Contemporary Art, Chicago

Cómo puede representarse artísticamente la repercusión de la violencia política en el ser humano? ¿Puede el horror hacerse visible? Estos temas los cuestiona con éxito, y hace más de treinta años, desde Bogotá, la artista Doris Salcedo (Colombia, 1958).

Does Loss Have a Language? (¿Existe un lenguaje para expresar la pérdida?) aparece escrito en monumentales vallas publicitarias en Chicago. La respuesta a esto la encontramos en las obras de la artista colombiana Doris Salcedo en su primera gran retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago: sí, la pérdida de una vida humana por la violencia política puede representarse artísticamente de manera adecuada. Doris Salcedo, con una melena afro ligeramente vibrante que oscila entre los pintorescos y seductores azul, gris y negro, expresa sus ideas con voz tenue durante la ceremonia de apertura, y concluye: “Quiero lograr que las personas lloren”.

En la exposición, curada por Madeleine Grynsztejn y Julie Rodrigues Widholm, se muestran más de cien obras producidas entre 1986 y 2014, que brindan al espectador la posibilidad de crear su propia imagen de la lucha de la artista, durante décadas de trabajo, contra la indolencia omnipresente y el olvido, ofreciéndole al recuerdo el espacio artístico necesario. Doris Salcedo concede palabra y voz a los innumerables “desaparecidos” en todo el mundo. Solamente en Colombia, su país natal, ha tenido lugar durante más de sesenta años una brutal guerra civil que aún no termina.

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Sin título, 1990. Sillas de madera, hormigón y varillas metálicas. Vista de la instalación en MCA Chicago. Foto: Nathan Keay. © MCA Chicago.

Doris Salcedo transforma objetos banales de la vida diaria en su arte, y esto contribuye decisivamente al entendimiento universal de su obra. Bastidores de cama, mesas y sillas, puertas y armarios, zapatos y camisas, simplemente utensilios que están en uso en todas partes. La transformación artística de estos objetos la emplea para hablar de la ausencia irrevocable de los que una vez fueron sus dueños. En la exposición están representadas todas las series de obras de la artista, desde las primeras obras Sin título, La casa viuda, de los años noventa, Unland, los Atrabiliarios, Thou-less, hasta Plegaria muda, Disremembered y A flor de piel. Para la exposición, expresamente se produjo un vídeo que tiene como tema las grandes obras in situ realizadas por Doris Salcedo, como las de la Tate London, Estambul y Castello di Rivoli, cerca de Turín.

Ya en sus primeras obras de finales de los años ochenta se reconocen claramente sus recursos estilísticos fundamentales. Bastidores de cama apoyados en la pared envueltos delicadamente con piel transparente de animales, una cama de acero de hospital para niño envuelta herméticamente con alambre fino, semejando algo parecido a un ataúd. Todas estas sutiles intervenciones llevan la firma personal de la artista. Doris Salcedo evita a priori un posible romanticismo o kitsch a través de la frialdad continua y los aspectos externos minimalistas de sus trabajos, que dejan en el espectador una impresión poco específica, elegíaca, de violencia pasada. Violencia que permanece invisible, pero que se hace perceptible. Hasta el día de hoy, la artista persigue la estrategia de trabajar a fondo, minuciosamente, y hasta el matiz más exacto, la superficie de sus objetos, sin importar el tamaño. Sus intervenciones delicadas, y a veces hasta microscópicas, se convierten regularmente, para todos los que comparten la producción, en una verdadera prueba en la que el resultado justifica finalmente los medios.

Alrededor de 1990 comienza la serie Sin título. Doris Salcedo vierte hormigón en sillas, mesas y armarios. El uso de estos muebles queda radicalmente descartado. Cualquier posibilidad de devolverles la función que una vez tuvieron está impedida. La presencia de los que una vez fueron sus dueños se ahoga en el hormigón frío y macizo, que como una lava endurecida interrumpe la vida al esparcirse dentro y por encima de todo. El carácter desolador de este conjunto artístico se amplifica además con la presentación de grupos de muebles hormigonados que aclaran la imposibilidad de todo tipo de comunicación. Estos muebles, que una vez estuvieron llenos de vida, se muestran brutalmente encajados y agarrotados entre sí, desamparados y obsoletos, convirtiéndose en monumentos callados y testigos mudos de una existencia humana ya pasada.

Entre 1995 y 1998 surge Unland, uno de los trabajos más impresionantes de Doris Salcedo, dos mesas viejas de madera de distintos tamaños aserradas en sentido transversal y metidas una en la otra, de manera que juntas forman una mesa extralarga. Allí donde se rozan sus superficies, están unidas por miles de hilos muy finos (hechos de cabello humano y seda virgen) que tratan supuestamente de sostener el precario desequilibrio. Un símbolo de la interrupción definitiva de todo tipo de unión familiar comunitaria. Ésta es una obra de gran poesía, de belleza trágica y conmovedora. A flor de piel surgió en 2014: un paño fino, transparente, de medidas aproximadas de 10 por 6,5 metros, lleno de varios miles de hojas de rosas cosidas entre sí con microscópicas puntadas. La superficie de las frágiles hojas es tratada químicamente y conservada, de manera que mantienen su estructura y color natural. En la realización de esta obra trabajaron cuarenta personas durante dos años. En esta pieza, como en ninguna otra, se traducen la enorme fragilidad y el estado puro e indefenso del cuerpo humano. Al mismo tiempo, es uno de los trabajos más sensoriales de Doris Salcedo. Este paño (mortaja) aparentemente húmedo desprende una magnífica y derrochadora opulencia; por un lado, la completa belleza terrenal de la sangre y la vida que laten directamente debajo de la piel (A flor de piel), representadas por los encantadores colores y vetas de las hojas de rosas, y por el otro, la mortaja extendida que cubre por siempre todos los muertos que no fueron enterrados.

Doris Salcedo posee la capacidad, como sólo muy pocos artistas, de expresar el horror con eficacia, sin sentimentalismo ni kitsch. Su argumento es otorgarle a la ausencia humana una nueva presencia, denunciar con luto profundo sin caer en patetismo, concederle elocuencia al silencio. Salcedo quiere devolver a las víctimas la dignidad que se les ha usurpado. Ella misma habla de un Song of Impotence (canción de impotencia) cuando se refiere a toda su obra, lo que es un acto de gran modestia.

*La muestra estuvo en The Museum of Contemporary Art, Chicago, del 21 de febrero al 24 de mayo de 2015; viaja luego al Solomon R. Guggenheim Museum, de Nueva York, del 26 de junio al 12 de octubre de 2015 y al Pérez Art Museum Miami, del 21 de abril al 17 de julio de 2016.

HANS-MICHAEL HERZOG

Director Artístico, Colección Daros Latinamerica.