Exposición Individualjun 2015 - ago 2015· Por Graciela Kartofel

Saúl Kaminer

Bolsa Mexicana de Valores / UAM

Dos exposiciones de Saúl Kaminer acontecen simultáneamente en dos sedes distantes dentro de la ciudad de México, en dos espacios de funciones a cual más diversa: la Bolsa Mexicana de Valores y una sala universitaria. El término “luz” es componente y vector en los títulos de ambas exposiciones. Laberintos de la luz, en la galería de BMV –edificio de Av. Reforma– y Migraciones de la luz, en la galería de Casa Abierta al Tiempo, Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Quienes conocen la sólida trayectoria de este artista vienen siendo testigos de estabilidad y cambio. Infatigable explorador de materiales y de las aplicaciones de los mismos, arquitecto con estudios de posgrado en París, las artes visuales lo absorben desde la concepción pictórica, el dibujo y las técnicas mixtas hasta la escultura en cerámica, las pinturas en recortes de papel y cartón, la estampa, los trabajos en piedra, mármol y metal, las construcciones al aire libre, cierta versión personal del muralismo, las instalaciones, los dibujos de metal y luz –como en la sinagoga del centro de la ciudad capitalina–, los tejidos efímeros y los objetos de diversa índole, entre los cuales se ubica una trilogía de vidrio, madera y metal.

Exposición Individual: Saúl Kaminer — imagen 1
Saúl Kaminer. La montaña y la semilla, 2015. Vidrio, madera y acero. 56 x 38 x 5 cm. (22 x 15 x 2 pulgadas). Foto: Nadja Massun.

El Realismo Mágico fue su específico campo de acción en aquellas dos décadas de residencia en París. Casualmente, también con la geografía, Kaminer habita un par antitético: no se separa de su país de origen ni del de su elección. Si bien luego de más de veinte años en Europa invierte la proporción de tiempo en cada una de las dos ciudades, siempre vive muy ligado a ambas. Las esculturas tempranas del artista eran propiamente telúricas, en barro a la vista, sin engobe ni vidriado, en estilizaciones orgánicas. Esto subsiste pero el metal –acero y bronce recortados– y diversos tipos de mármol han entrado a ser elementos que aportan zonas de luz y narran la convivencia de los entes en la naturaleza. La luz es hacia donde se viene dirigiendo Kaminer desde sus búsquedas, que hoy pueden denominarse metarrealistas-mágicas y, en cierta medida, metamodernistas. A diferencia de la década de los noventa, este siglo viene manifestando una renovada energía en la revisión de las ideas. En esto, Saúl Kaminer se distingue con su producción de los recientes ocho a diez años.

El manejo del espacio es otra de las revisiones de este autor, en tanto y en cuanto a la concepción de cada obra como a la museografía. Ha venido incluyendo “guiños” de esculturas pequeñas o medianas ubicadas en lugares no habituales dentro de cada exposición. Al recorrerlas, se descubren algunos rasgos de humor e intimidad ubicados en ángulos y alturas diferentes de los habituales a los que conviven en las pinturas al óleo, las técnicas mixtas, las otras esculturas y objetos e instalaciones. A través de la creación de formas abstracto-orgánicas, el trabajo de Kaminer ofrece visiones vitalistas. Esto indica que en sus obras se infiltra Eros, el dios que infunde vida y amor. Llenos y vacíos, luz y oscuridad, línea y plano, bi- y tridimensionalidad, huecos y salientes, son sólo algunos de los componentes de la obra de este artista. En Tejido –instalaciones de muro– y en la serie Profesía –realizada con ramas de árbol entrelazadas, o resueltas en bronce– lleva la síntesis a situaciones extremas, también en las pinturas, como en Líneas de transmisión. De esa manera, lo orgánico cohabita con lo geométrico, sin olvidar ocasionales formas tribales, como en La casa del lago, que se remontan a sus épocas iniciales (1973).

La espiritualidad habita en gran parte de sus obras. Se percibe en las transparencias pictóricas, en la relación cálida de tonos y colores, en la cadencia de los trazos, en las oquedades y salientes de las tallas. Dicha espiritualidad tiene un gesto característico en sus creaciones: la curva. Con ella construye estructura y poesía en cada trabajo. El corazón de la montaña, La montaña y la semilla y Halom son tres relieves de 2013, en los cuales acontece un encuentro inusual de lo sólido y lo líquido, lo opaco y lo transparente, lo riguroso y lo sutil. Por más que los títulos hacen referencia a aspectos específicos como la montaña, la semilla y el corazón, esta trilogía es una creación de formas inéditas. Bien podrían ser instrumentos rituales, de invocación o musicales. Las máscaras, túneles y puentes que ejecuta, así como sus Astrolabios –recortados en lámina, en bronce o en acero–, despiertan interpretaciones semejantes. Saúl Kaminer es un artista que de manera sincrónica transita con su propio lenguaje por diversos senderos. Sus obras nacieron barrocas y elegantes. Con el correr de los años, el artista realiza serios despojamientos, insiste en deconstruir en todas las disciplinas; aun así, la llama del espíritu ritual y armonioso subsiste.

GRACIELA KARTOFEL

Saúl Kaminer, por Graciela Kartofel | artnexus