Proponer relaciones entre economía, sociedad y artes, examinando la idea del arte en cuanto elemento socioeconómico, es la propuesta principal del trabajo de Paulo Climachauska. En un juego paradójico, el artista apunta hacia el juego entre estética y realidad, confundiendo al espectador. Al fin, ¿sus obras son gráficos económicos o representaciones figurativas? ¿O ambos?
Una vez más, el artista muestra este empeño en la exposición Re-substracciones, en la cartelera reciente del Oi Futuro, en Río de Janeiro. Con curaduría de Alberto Saraiva, la exposición presenta trabajos en video, dibujos, esculturas, pinturas e instalaciones. Simultáneamente, también tuvo lugar la muestra Flujo de caja, con la serie de pinturas en tinta china titulada Catedral, en la galería Artur Fidalgo, también en la capital carioca.

La muestra marca una nueva fase en la trayectoria del artista, en la que el uso de las cuentas de substracción como trazo, característica que se tornó ícono de su obra, fue sustituido en los videos por otras referencias a la matemática. En esos trabajos, el artista profundiza su investigación sobre el racionalismo y la precisión matemática, incorporando el azar y el tiempo a su universo conceptual. En ellos, el artista vuelve a abordar los sistemas numéricos, que considera como ordenadores y reguladores del mundo, pero sin numerales aparentes.
En el área externa del Oi Futuro fue instalada la obra El día en que la tierra se detuvo, escultura en granito negro con 90 cm de diámetro que representa un reloj de sol invertido. El trabajo estaba relacionado con la serie exhibida en el piso 1, Tac-tic, compuesta por catorce paneles en negro y blanco que mezclan fórmica y madera, formando imágenes de la sombra de un puntero de un reloj de sol en diversas posiciones.
En la serie Modelo para armar, Climachauska explora las posibilidades estéticas y conceptuales del juego infantil “Pega-Varetas” (Saca el Palito), incluyendo una instalación con veintiocho varas gigantes de aluminio, dispuestas al azar. La serie también trae seis dibujos en pastel acuarelado, en los que las varitas se reproducen en diferentes posiciones sobre fondo blanco.
Los juegos de naipes sirvieron de inspiración para la serie Blefe (Bluff o baladronada), que ocupa la galería del piso 2 del centro cultural con ocho telas en silkscreen (serigrafía) de grandes dimensiones basadas en patrones geométricos del envés de las barajas. Son rombos, círculos y cuadrados que remiten a las pinturas abstractas constructivas de los años cincuenta. Completaron la exposición tres videos inéditos de Climachauska, que ponen lado a lado interrogantes lanzados por las series Tac-tic y Modelo para armar.
En la Galería Artur Fidalgo se destacó la serie Catedral, compuesta por cuatro telas que retratan grandes depósitos y galpones industriales delineados a tinta china por cuentas de sustracción. A diferencia de trabajos anteriores, en esta serie el artista no se apropia de espacios existentes, sino que crea espacios imaginarios. Expuesta anteriormente en Bruselas, en 2012, la serie hace referencia al consumo desenfrenado, en la búsqueda de sentido en un mundo en que la especulación financiera ocupó el lugar de los mitos, de las religiones y de la ideología.
Tras sus aparentes operaciones estéticas, Climachauska propone una fuerte crítica al sistema capitalista. En cuanto el modelo económico prima por la noción de suma, adición y acumulación (lo que también se refleja en el propio circuito artístico), el artista da énfasis a los procesos de sustracción, mediante un arte al mismo tiempo constructivista y minucioso, que convida al espectador a completar detallados esquemas gráficos con su propia mirada en operaciones de ilusión óptica.
Paulo Climachauska nació en São Paulo en 1962, y se tituló en Historia y Arqueología en la Universidad de São Paulo. Participó en varias bienales y exposiciones individuales, colectivas, nacionales e internacionales. La opción por las ciencias humanas fue a propósito. Joven y buen dibujante, encontraba que el carácter general y técnico de la formación en artes no lo enriquecería mucho en términos filosóficos. Necesitaba algo más profundo y conceptual que le trajese réditos para su proyecto artístico.
El artista hizo de la acción sistemática de operaciones matemáticas el leitmotiv de su trabajo. Utilizando principalmente la sustracción, comenzó a componer con la secuencia de números las líneas que bordean dibujos pormenorizados. Ambientes internos geometrizados y fachadas arquitectónicas están entre sus propuestas figurativas. En la serie Catedral, por ejemplo, las composiciones en tinta china transforman los espacios internos de las supuestas iglesias en construcciones geometrizadas, juegos de cubos, como esqueletos arquitectónicos.
Las pinturas de sustracciones se volvieron emblemáticas en el curso de la carrera del artista. Climachauska utilizó ese recurso para retratar importantes edificios modernos, que se transformaron en juegos de unir puntos, para ser completados por la imaginación del espectador, cuya mirada organiza las secuencias. Cuando adquieren gran escala en paneles o intervenciones directas en las paredes, en diálogo con la arquitectura real y circundante, estas composiciones se revisten de una fuerza aún más presente, proponiendo un compromiso fenomenológico del disfrute y percepción.
Ésta es la paradoja que da sentido a su trabajo: cuanto el artista más sustrae, más construye la obra. Arte constructivo y riguroso, basado en la medida y en la escala, es al mismo tiempo corporal y fenomenológico, minimalista y político. No en vano, el mundo de la infancia fue alimento para diversas obras. Detrás de tanta planeación y minucia de detalles, el artista borra las fronteras entre arte y vida, tejiendo una sutil invasión de lenguajes entre una y otra esfera.
