Exposición Individualjun 2015 - ago 2015· Por Richard Leslie

Pablo Helguera

Kent Fine Art

Lo que en un principio parecía ser simplemente otra instalación del reconocido filósofo social y teórico cultural de la forma visual Pablo Helguera fue, en cambio, una retrospectiva de mitad de carrera propia de un museo. “Strange Oasis”, curada por la galería, entrelazó ocho instalaciones separadas, producto de más de una década de trabajo —la mayoría de 2014—, con dos piezas famosas, aunque en un noventa por ciento no se habían visto en Estados Unidos. Los dos enormes y cautivantes proyectos eran muy divertidos, e interactivos desde el punto de vista físico.

Al ingresar, había a un lado una pequeña e inocua entrada cubierta con una cortina negra que despertaba en el visitante la curiosidad de abrirla; al hacerlo, se encontraba en un pequeño y oscuro cuarto como para una sesión espiritista, iluminado por una vela, en el que había una mesa y una joven vestida de tal forma que hacía pensar en una sacerdotisa. Después de firmar voluntariamente un contrato que significaba que uno estaba iniciado en forma temporal en lo que fuera que estaba a punto de suceder, el guía lo llevaba a un salón separado, más grande, en el que podía seleccionar un talismán metálico que le era colgado al cuello. Después, sin ninguna explicación, el visitante era llevado frente a 94 urnas metálicas colocadas sobre cinco repisas en la pared. Cada urna estaba etiquetada con una idea o un concepto, y uno debía seleccionar una. Yo escogí la anarquía porque para mí –que ya conocía algo del pensamiento de Helguera y sabía un poco acerca del proyecto, que ya se había instalado antes y había sido traído de Bélgica–, la anarquía representaba la conclusión del proyecto y su denegación, las dos caras de las contradicciones que veo como preocupaciones fundamentales para el artista, ubicadas en algún punto entre una creencia en la conciencia humana (como algo distinto del mundo material) y el materialismo; entre la racionalidad y su supuesto antípoda, la irracionalidad.

Exposición Individual: Pablo Helguera  — imagen 1
Pablo Helguera. Nuevo romancero nuevomejicano, 2014. Instalación con mesa para cartas hecha a la medida, artefacto del siglo XIX, baraja de edición limitada y 48 collages.

Société Civile pour l’Enterrement de Pensées Morte, el desconocido título de esta instalación, era una alusión a los racionalistas belgas (también conocidos como librepensadores) de principios del siglo XX (aunque conocidos por el siglo XVII), que tuvieron bastante influencia en la formación de la conciencia social (en este caso, el liberalismo) pero se basaron en los valores de empirismo y racionalismo de la Ilustración occidental. A partir de esta posición filosófica, la anarquía sería, sin duda, una idea entre muchas de las que ellos querían ver desaparecer. Pero los pensamientos no mueren, continúan. No es un mundo racional, lo que no significa que, por consiguiente, debería ser irracional. Más bien, es la combinación lo importante, y el escepticismo que Helguera quiere y promulga de manera sistemática es el fulcro desde el cual se pueden ver los componentes y sus relaciones; el escepticismo nos libera para pensar.

En un salón aparte encontrábamos ideas diferentes, si bien narrables, integradas también a amplias aunque específicas vías de la historia, el pasado y el presente. Para Helguera, según su visión del mundo, estos temas se intercalan. Controlando el espacio de la galería central estaba Nuevo romancero nuevomejicano, una instalación originalmente encargada por SITE (Santa Fe, Nuevo México) para 2014, basada en un libro de 1915 del folclorista Aurelio Macedonio Espinosa, quien recopiló los “Romances” regionales, baladas folclóricas narrativas. En SITE Santa Fe incluyó presentaciones musicales de Helguera, pero nunca como simples escenificaciones de su investigación histórica del periodo mexicano del pre-estado estadounidense de Nuevo México (décadas de 1820 a 1840). Allá y aquí, el artista vio la historia como dinámica e inestable, y quiso demostrar que el pasado continúa en el presente y el futuro, una perspectiva que le da a él licencia creativa para desarrollar “nuevas” historias o “romances”.

Chillonas paredes rojas, una mesa de juego con un paño verde, fichas de juego, un mazo de cartas de su propia creación, sillas vacías y un sonriente tallador esperaban nuestras apuestas para el Monte, el juego de casino más popular del suroeste en el siglo XIX para las poblaciones mexicanas e indias. ¿Por qué? Porque el corrupto gobernador de Nuevo México, Manuel Armijo (1793-1853), quien ejerció el poder en tres ocasiones, fue un jugador que también perdió el territorio libre mexicano y se lo entregó a Estados Unidos en 1848. Los juegos, en ese entonces y ahora que resurgieron, son un marco racionalizado para contener la verdad de azar y casualidad. Imágenes históricas decoraban las cartas derivadas de collages originales de Helguera que ahora colgaban de las paredes. En esta misma área había una vitrina de vidrio con artefactos de este periodo, como si en cierta forma la presencia material de los objetos nos llevara por el ensueño del tiempo. Otra vitrina contenía postales estereoscópicas y sus paneles narrativos en español, que hablaban específicamente de la fallida cacería de Pancho Villa por parte de las Fuerzas Armadas estadounidenses en 1916-17, reunidas bajo el título de la instalación, Punitive Expedition (A Topographer’s Tale), de 2002. Desconocidas para el espectador, las imágenes estereoscópicas que se veían, como el desierto del suroeste o aldeas destruidas, pertenecían a la región de las cuevas de Tora Bora, en el suroeste de Afganistán. Fue allí donde en 2001 las fuerzas estadounidenses no lograron encontrar a Osama bin Laden, quien escapó a la zona tribal federal de Paquistán, donde finalmente fue ejecutado por las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, en 2011. Éste es el tiempo lineal estructurado a lo largo de una escala sincrónica que comprime y expande de manera simultánea nuestra visión de la historia y la hace pertinente siempre.

Esos colapsos de tiempo y espacio, uniendo pasado y presente, se veían en otras partes, como en Knoxville Summer of 2015 (2014), una edición de fotografías de lugares observados por el crítico, poeta y escritor estadounidense James Agee cuando escribió sobre el iluso eterno presente de su infancia de tardes veraniegas con su familia, en “Knoxville Summer, 1915”. El hecho de que el padre de Agee hubiera muerto en 1916 y que los cuatro párrafos de la oda en prosa hayan sido escritos en 1935 y ahora hayan sido retomados por Helguera podría llamarse nostalgia o romanticismo, pero parece más la realidad de la vida vivida a través de la combinación de cotidianidad física y reminiscencia mental: presencia y ausencia mezcladas, los límites indefinidos, como espejismos del desierto. Esas circunvoluciones e intercambios en los flujos de tiempo, mostrar uniformidad y diferencia, y, de manera simultánea, lo que es recuperable e irrecuperable son una consecuencia de su interés en enmarcar de manera consciente las diversas modalidades de la experiencia humana, una forma de investigación fenomenológica.

Mis agradecimientos a Katrina Neumann, de la Galería Kent, por su ilustrativa exposición sobre los múltiples proyectos de la muestra. Se remite también al lector a los archivos de Pablo Helguera: http://pablohelguera.net.

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