Exposición Individualjun 2015 - ago 2015· Por Carolina Lara

Pablo Chiuminatto

Centro de Extensión de la Universidad Católica de Chile

Además de ser pintor reconocido en la escena del arte chileno actual, Pablo Chiuminatto (1965) es académico, Doctor en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, y miembro de centros de estudio en literatura, vinculado a universidades locales. O sea, el artista es al mismo tiempo un teórico interdisciplinar, por lo que –al entrar a “Paisajes de estudio”– ya suponíamos que la máxima simpleza visual de su pintura y la insistencia en la tradición del paisaje eran sólo la superficie de una serie de reflexiones.

Lo primero: las relaciones con referentes claves en la historia del arte y del género aparecían de inmediato. William Turner, Caspar David Friedrich y la pintura del Romanticismo; o los maestros chilenos Alfredo Helsby y Pablo Burchard, que representan, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, las incursiones de los pintores viajeros en el paisaje, la búsqueda de la naturaleza local, el desmarque de la academia y, ya el segundo, la entrada al modernismo. También presente estaba Adolfo Couve, con esas visiones intimistas y nostálgicas de la realidad cotidiana que trabajó en plenos años ochenta en Chile. Y, en general, los efectos de ese realismo “manchístico” que acá es prácticamente una escuela, e internacionalmente pueden representar artistas como Gerhard Richter y Luc Tuymans.

Exposición Individual: Pablo Chiuminatto — imagen 1
Paulo Chiuminatto. Sin título, 2014. Acrílico sobre tela. 120 x 200 cm. (84 1/5 x 78 ¾ pulgadas).

Tal vez por ser tan reflexivo, Chiuminatto lleva unos veinte años de estudio en un campo ultraacotado. Incluso, es como si en todo este tiempo repitiera el mismo paisaje en infinidad de versiones. En la exposición, que estuvo abierta hasta marzo, se trataba de la vista a un campo brumoso captado al amanecer o en el atardecer, tal vez, recortándose en un encuadre donde la mancha ligera y breves señales terminaban de armar tan sólo cielo, suelo y horizonte; a veces aparecían árboles y sembradíos. En grafismos, barridos y aguadas, estos “Paisajes de estudio” se presentaban como si estuvieran a medio hacer, a punto de su total realización, insistentes, un cuadro tras otro, con repetición y rigurosidad minimalistas. Era el paisaje en su mínima expresión, persistiendo el monocromo, una paleta restringida de dorados, sepias y tierras; la atmósfera que borra los contornos, la neblina que deja todo en un limbo; la vastedad, la luz reveladora y la soledad. Entre la subjetividad del gesto y el vacío, se esbozaba algún lugar reconocible que resultaba –en todo caso– fantasmagórico.

Chiuminatto encarna evidentemente un cruce de tiempos. En este paralelo, se encuentran la inmanencia tanto sublime como subjetiva del paisajismo decimonónico en Europa o esa suerte de paisaje espiritual y existencialista que antecedió al surgimiento de una pintura autorreflexiva e irónica respecto de sus propios recursos, con un arte contemporáneo donde definitivamente prevalece esta última actitud. Entonces, en el gesto de pintar con escepticismo, no hay nostalgia ni novedad.

La pintura que el artista cita es dada a jugar entre el artificio y el ilusionismo: no es mímesis, sino que revela en alguna medida sus trucos, pero es tan elocuente al desplegarlos que nos engaña, y lo que allí se nos arma, en definitiva, aún cerca del desvanecimiento, es un paisaje. Hay, entonces, una reflexión sobre la experiencia de la mirada o sobre la engañosa realidad en que vivimos.

Forzando los sentidos hacia el actual contexto, ¿de qué podría hablarnos entonces esta pintura? ¿De la necesidad de silencio? ¿De lo inasible de las formas? ¿Del paisaje (propio y puro) que ya no está? La pintura de Chiuminatto esconde una reflexión sobre el paisajismo chileno y, por lo tanto, sobre contexto e identidad, donde volvemos al limpio paisaje de los albores de la República con que los pintores de entonces fueron construyendo un lenguaje más autónomo. Pero creo ver –más que nada– una remembranza sobre la pintura y figura de Couve.

El artista y escritor –que terminó con su vida a los 57 años, en 1998, recluido ya por una depresión en Cartagena, la costa chilena– encarna precisamente ese encuentro de paisajes, entre el Romanticismo y el vacío de ideales. En plena dictadura, Couve se volcó a representar escenas mínimas con un gesto que parecía asir el último aliento de las formas, representando con gran asertividad marinas, personajes y objetos cotidianos. Tal como Chiuminatto dentro de la escena actual, en un tiempo propio o en dimensión paralela a la Escena de Avanzada, convivía con la intensidad conceptual y, no obstante, se volcaba a la más contenida poesía. Y era justamente en esa melancólica desidia donde ponía la mirada en la pérdida inminente de lo esencial, por cierto que por adelantado. Sin embargo, en Chiuminatto, el gesto es más que nada anacrónico. En ese paisaje contenido de espiritualidad y al mismo tiempo de engaño, que parece estar o no estar, y en el que podemos extraviarnos, en ese trance, lo conceptual puede permanecer por sobre el silencio, y la necesidad de explicaciones, por sobre la poesía.

Pablo Chiuminatto, por Carolina Lara | artnexus