Exposición Individualjun 2015 - ago 2015· Por Ayelén Vázquez

Nicola Costantino

Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat

Bajo el título “Rapsodia inconclusa”, Nicola Costantino presentó, en las salas de la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, un conjunto de cuatro obras en torno a la figura de Eva Perón. Es un retrato contemporáneo, que en lugar de retratar una imagen, presenta múltiples facetas de este personaje histórico femenino, con la particularidad de estar personificadas por la artista. Costantino se transformó en Evita.

La utilización de su cuerpo es una estrategia de producción que atraviesa toda la genealogía productiva de Costantino; como en Trailer (2010), donde la artista interactuó con su doble, o su controversial proyecto Savon de corps (2004), que consistió en la realización de una serie de jabones elaborados con un porcentaje de grasa de la artista que obtuvo al realizarse una liposucción.

Estos cuatro trabajos presentados en Buenos Aires constituyeron el envío argentino a la 55 Bienal de Venecia de 2013, bajo la curaduría de Fernando Farina. Eva. El espejo es la obra que inaugura el recorrido, una videoinstalación que presenta el reflejo de Eva en la intimidad de su dormitorio, donde se prepara para salir a escena; peina su cabello, se maquilla y se viste.

Exposición Individual: Nicola Costantino  — imagen 1
Nicola Costantino. Eva. Los sueños, parte de Rapsodia inconclusa, 2012. Fotografía a color.

El espectador ingresa a la habitación en penumbras, donde un gran espejo de pie con marco dorado enfrentado al espejo de un tocador estilo Luis XV produce un juego de reflejos que presentan la imagen de Eva de modo fantasmal. Si bien su imagen se refleja de frente y de espaldas en los espejos, está ausente en el espacio de la habitación, que sí es recorrido por el espectador, donde todo el resto de los elementos funciona en una dimensión real –la cama, los muebles de estilo francés, el teléfono y los elementos en el tocador– acentuando la presencia fantasmal de Eva.

De modo inteligente y sutil, los espejos fueron reemplazados por vidrios tratados que funcionan como pantallas de dos videos minuciosamente sincronizados donde Costantino caracteriza a Eva. La artista rosarina efectúa una performance cerrada, sin público, donde el único registro del acto performático es de la cámara.

La segunda estación de la muestra es Eva. Los sueños, una videoinstalación que se proyecta en una pantalla semicircular panorámica de 17 metros de largo, donde se observa a Eva, a escala natural, realizando acciones cotidianas en el espacio de su casa en diferentes momentos de su vida. Aquí, nuevamente, el peinado y el vestuario adquieren un rol central en la caracterización del personaje.

A partir del uso de siete proyectores sincronizados sobre la misma pantalla, las distintas facetas de este personaje se superponen y conviven; incluso, por algunos segundos, todas ellas descansan en el sillón para retomar fuerza y continuar cada una con sus tareas.

La obra siguiente es Eva. La fuerza, un objeto-máquina compuesto por un vestido de hierro de tamaño natural con pequeñas ruedas y un motor en su base, el cual está programado para desplazar la estructura por una pequeña habitación cuyas paredes son de vidrio blindex. El vestido-armadura se mueve en línea recta hasta chocar con la pared, y al hacerlo, automáticamente retrocede, gira y reinicia su camino. Desde afuera de la habitación, el espectador observa la frustrante dinámica que realiza este objeto, el cual choca incesantemente contra el vidrio, un obstáculo invisible pero que no le permite avanzar. Además, el estruendo que produce el impacto fue intencionalmente amplificado por la artista; así, en la obra requiere elementos visuales en complementación con el sonido, para presentar la fuerza.

El vestido de hierro fue inspirado en uno de los mitos que existe sobre este personaje histórico, que cuenta que Eva, muy debilitada por su enfermedad, sostuvo su cuerpo con una estructura metálica que le permitió permanecer de pie durante su aparición pública. Más allá de si realmente existió esta armadura bajo su vestido o si es simplemente una leyenda, de manera paradójica esta obra, que refiere al momento de mayor fragilidad física, se titula Eva. La fuerza.

En el último momento de la exposición no hay rostro, ni peinado, ni vestuario, ni siquiera una silueta; Eva. La lluvia es una instalación que prescinde del cuerpo. En la pequeña sala de un quirófano, bajo dos grande luces de cirugía, Costantino dispuso una montaña de gotas acumuladas sobre una gran camilla de acero inoxidable. Estas grandes gotas de hielo tienen una capa de resina LED que produce un efecto de luz desde el interior de cada una. Además, el hielo se derrite, y sus pequeñas gotas de agua caen en la parte inferior de la camilla, donde un drenaje recolecta el agua impidiendo que se derrame.

Para concluir, podríamos decir que las cuatro obras se destacan por su alta resolución técnica y el carácter metafórico. Si bien cada una ellas tiene el peso para detenernos y crea sentidos de modo individual, sin duda éstos son potenciados en la lectura de su conjunto.

AYELÉN VÁZQUEZ

Nicola Costantino, por Ayelén Vázquez | artnexus