“La mediocridad de la belleza” es una exposición que reúne obras y teorías de Luis Camnitzer. Para los adeptos al arte conceptual, la exposición es valiosa. Para quienes están menos interesados en este periplo o para quienes lo desconocen, leer el ensayo de Camnitzer en el catálogo* de la exposición será importante, más allá de lo que se presenta en la galería. Las obras conceptuales de este artista no son áridas, atienden a aspectos trágicos, así como en ocasiones no ignoran la ironía. La praxis de este artista espera motivar a los espectadores a insertarse en planos de consciencia social pasando por diversos estadios hasta imaginar un lúdico intercambio de roles. Si bien “La mediocridad de la belleza” no se cataloga como una exposición retrospectiva, abarca trabajos desde 1968 hasta la fecha. Dentro del amplio espectro de medios que el autor trabaja, se incluyen en ésta grabados, instalación, objeto, pintura, técnicas mixtas, fotografía y video. En cuanto a título y contenido, la exposición podría sintetizarse como las limitaciones que impone la belleza –envoltorio, simetría, perfección–, por las cuales uno puede quedar atrapado sólo en lo que ofrece el envoltorio. Dicho de otra manera, “La mediocridad de la belleza” puede dar una satisfacción inmediata y fútil bloqueando la búsqueda del contenido (donde lo hubiera).

Nacido en Alemania en 1937, el autor fue criado desde niño en el entorno judío de Uruguay. El artista transpira esa cultura de lecturas, estudio y agudeza perceptiva amalgamada al exilio, la persecución, las dictaduras y las torturas. Haber migrado no lo aisló de las experiencias trágicas de las que lo quisieron salvar al nacer. El angustiante ciclo nazi tuvo su versión en las dictaduras de su geografía latinoamericana de adopción. En Camnitzer, las humillaciones inhumanas dan origen a la construcción de sentido en sus obras, con expresiones más cercanas a la noticia que al esteticismo plástico. En su vocabulario no se verifican referencias a la conquista aquella que se inició en 1492, sino que su producción se centra en el siglo XX y se estructura de manera autobiográfica. Luis Camnitzer es un artista político dentro de los contextos del señalamiento, de la acusación sintética y del escepticismo. Ha publicado numerosos textos y libros. Su lenguaje escrito es oriundo de la izquierda latinoamericana, mientras que él vive y trabaja en plena sociedad capitalista neoyorquina desde los años sesenta, cuando fundó con Liliana Porter y José Guillermo Castillo The New York Graphic Workshop. La exposición incluye la instalación Por favor mire para otro lado, de 2015, con textos en cintas autoadhesivas tan en boga en las dos últimas décadas. Este tipo de instalaciones ofrecen al espectador una dualidad de sensación en cuyos extremos se pueden citar: desde pisar el arte hasta ser atrapado por él. Otra de las obras presentadas es Jane Doe, una de las investigaciones del artista en la cual atiende a proporciones, prototipos, porcentajes y distorsiones, en una búsqueda de las anomalías criminales comparadas con la futilidad y vacuidad de la belleza, su relación con la simetría y con la falta de creatividad. Pintura con títulos, aparte de ser una de las pocas pinturas que Camnitzer ha realizado, importa como ejemplo de la ironía de los valores, El autor coloca los posibles títulos sobre la pintura, a la vista y discernimiento del espectador, a quien le atribuye el poder de aplicar su experiencia. Es una abstracción expresionista que lleva en el costado superior derecho seis ordenadas fichas con los posibles títulos/sugerencias/interpretaciones mecanografiados: Pajonal revuelto por el viento del otoño, Orquesta tribal, Pintura recordando un día 24 de febrero, El conflicto entre el pincel y el instinto, Conflicto, Casa ruinosa (Posiblemente de mis abuelos).
Symmetrical Jails es un conjunto reciente de siete grabados, en los cuales integra la palabra simetría en los seis lenguajes oficiales de las Naciones Unidas, a los que Camnitzer agrega el alemán. Usa formatos de diseño gráfico para sustentar su teoría de que “Las palabras nunca transmiten completamente lo que uno piensa: pensamientos y sentimientos están oprimidos en formatos ajenos, […] La simetría empeora esto al restringir la libertad de información”. Así como Camnitzer pone el acento en la mediocridad de la “belleza” y explica el reduccionismo de la “simetría”, también elabora acerca de la “elegancia”, lo “sublime”, y –sin olvidar Wikipedia–, cita a algunos personajes, entre ellos, Henry Moore, con una amable referencia (que didácticamente amerita de Camnitzer una explicación más amplia para el lector desinformado y que se puede entender como una motivacional suspensión del juicio para los expertos).
En sus obras de arte y en el ensayo, su planteo es a través de una metáfora, más bien, una secuencia de metáforas aterrizadas en lo cotidiano. Es indiscutible que Luis Camnitzer se expresa con claridad, casi siempre entrelazando la teoría con lo personal. Ahí declara las razones por las cuales es artista: el arte “es una categoría en la que puedo especular sobre todas las cosas y proponer órdenes alternativos a los órdenes convencionales y autoritarios”; y dice que ha elegido el arte para estimular la creación en los demás. El autor, en sus transgresiones, pasa por diversos túneles –incluso uno beuysiano–, en los que plantea dialécticamente un final significativo que de manera sintética se enuncia como un paralelo entre el arte y la política. Luis Camnitzer es un vintage del conceptualismo dentro de este momento de transmodernidad.
* Es una versión revisada y corregida por él mismo, con base en ¿Quién le teme a la belleza?, ed. Javier Domínguez et al., Medellín: La Carreta Editores, Universidad de Antioquía, 2010.
