Exposición Individualjun 2015 - ago 2015· Por Mónica Kupfer

Isabel de Obaldía

Galería Mateo Sariel

Las esculturas en vidrio de Isabel de Obaldía exaltan y simultáneamente niegan las características fundamentales de su materia prima: la fragilidad y transparencia. A través de un proceso largo y laborioso, transforma un material que tradicionalmente asociamos con liviandad y delicadeza en esculturas de gran fuerza expresiva, peso físico y energía interior. Parece poder hacer lo que quiere con el vidrio, pues lo moldea, funde y talla, convirtiendo un material inorgánico en entes de poderosa apariencia. Rompiendo con las expectativas del arte en vidrio, crea piezas tridimensionales de cualquier tamaño, con superficies que fluctúan desde la aspereza de la piedra volcánica hasta acabados completamente lisos, a veces opacos y en otras ocasiones lustrosos.

Exposición Individual: Isabel de Obaldía — imagen 1
Isabel de Obaldía. Carpinteras, 2015. Cristal fundido y tallado. 17,7 x 35,5 x 11,4 cm. (7 x 14 x 4 1/2 pulgadas).

En su trabajo reciente, De Obaldía volvió a maravillar con piezas insólitas, ahora más pequeñas que en años anteriores cuando llegó a crear en vidrio un cocodrilo de seis pies (183 centímetros) de largo. En las nuevas esculturas predominó el uso del cristal fundido, que ofrece una transparencia y luminosidad más refinadas que otros tipos de vidrio. Diferente al vidrio por su composición química, sobre todo porque contiene plomo, el cristal pesa más pero también se deja lijar y pulir con menos dificultad, y además permite tallar diseños complejos, factores que De Obaldía aprovechó en la creación de estas nuevas obras. Se destacan las esculturas tituladas Escorpiones rojos y Carpinteras, en las que –sobre el cuerpo de una pantera dorada y la de un oso hormiguero encarnado– la artista enriqueció la superficie tallando en bajorrelieve la forma de insectos potencialmente agresivos como alacranes y hormigas. En su Rey escorpión, por otra parte, incorporó un “metate” de cuatro patas y cara humana, la forma de un escorpión que se deja ver a través del vidrio traslúcido del torso humanoide.

Más dramática aún resulta la silueta de un nadador humano y azul que colocó dentro del cuerpo cristalino del pequeño tiburón representado en Cazón. Se trata de una pieza especialmente interesante por sus contrastes de colores (azul y blanco, con toques de rojo), de acabados (mate y pulido), y de opacidad versus transparencia. Pero sobre todo, revela cómo De Obaldía ha logrado una refinada combinación de formas orgánicas y valores abstractos. En Cazón predominan una forma ovoide, dos pequeños círculos y unos suaves triángulos, que representan el cuerpo, los ojos y las aletas de un peligroso animal marino. De ahí pasamos a imaginar posibles narrativas, pues el ser humano de cuerpo alargado dentro del tiburón podría recordarnos la muerte, pero más bien parece representar un matrimonio espiritual entre el hombre y el mar. La relación de la humanidad con la naturaleza siempre ha sido un elemento fundamental en el trabajo de esta artista.

Ese interés por las formas de animales se refleja también en las nuevas obras, que De Obaldía ha empezado a través del vaciado en bronce, técnica que ha explorado en años recientes. En esta exposición, además de su bestiario en vidrio, presentó un oso hormiguero y una pieza titulada Trono de caimanes, una suerte de silla o metate transformado en un animal de cuatro patas y dos cabezas, con una pátina telúrica y brillosa. Los caimanes muestran los colmillos, pero parecen sonreír, más que amenazar. Se trata de una forma que la artista también llevó a cabo en vidrio en su pieza Cocodrilos ámbar, que, por su dramática transparencia, sus texturas y su combinación de tonos terrosos, verdes y rojos, resulta más expresiva y provocadora.

Se ha vuelto emblemática en el trabajo de De Obaldía la manera en que sus esculturas combinan elementos zoomorfos con características humanoides; en que amalgaman las formas de un trono o de un metate precolombino con las de un animal de cuatro patas. Sus temas y sujetos guardan relación con sus fuentes de inspiración y áreas de conocimiento, desde el arte clásico y las culturas prehispánicas hasta la escultura actual, conocimientos que van más allá de las meras formas físicas. Ella siente un vínculo con el mundo natural que recuerda las tradiciones de los primeros pueblos, incluidos los indígenas panameños, donde la admiración por los animales va de la mano con el miedo y el respeto por las fuerzas naturales. Son formas que reflejan creencias anímicas y una conexión primordial con el mundo natural, tanto en el arte antiguo como en el trabajo de esta artista contemporánea.

Las esculturas en vidrio y ahora en bronce de De Obaldía representan cocodrilos, tiburones, panteras, escorpiones; bestias grandes y chicas. Sin embargo, a través de los años, también ha creado múltiples figuras masculinas que ella describe como guerreros, que parecen figuras guardianes de gran fortaleza. Su producción artística revela una contundente realidad física pero también una experiencia espiritual, un reflejo del deseo de protegernos de la muerte y de entender la vida, una experiencia que comparten los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Isabel de Obaldía, por Mónica Kupfer | artnexus