Fluxus en el campo

Ben. El patio de la duda, 2012. Foto: © Jean-Philippe Thibault.

Monografíajun 2015 - ago 2015· Por Christine Frèrot

Fluxus en el campo

Fondation du Doute, Blois, Francia

El 5 de agosto de 2013 tuvo lugar, sobre la ruta de los castillos del Loira, en la ciudad de Blois, internacionalmente conocida por su patrimonio histórico, la inauguración de la Fondation du Doute, lugar original e insólito sin parangón en el mundo entero. Se necesitaron voluntad, pasión, espíritu aventurero, obsesiones, convicciones y transgresiones considerables, así como el rechazo a todo tipo de tabúes y prohibiciones –sobre todo, las de carácter estético y moral– por parte de los actores de este proyecto, tanto privados –entre ellos, su principal inspirador y portaestandarte, el artista francés Ben (Ben Vautier)– como públicos –la ciudad de Blois y la región Centre– para que, en una ciudad marcada por su pasado y la cultura ligada a éste, naciera un lugar en rompimiento total con la tradición y desfasado de su contexto cultural. Un lugar abierto a la inestabilidad de las certidumbres, un lugar para afirmar que el cuestionamiento sobre el arte permite su renovación, un lugar para hacer del idioma, de los conceptos y juegos que éste genera, uno de los ejes vivientes de la creación.

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18 documentos de “Política Fluxus”, Georges Maciunas en Nueva York, 1960-1991. © Eva Vautier.

La Fondation du Doute no es ni un museo tradicional ni un centro de arte convencional, sino más bien un espacio de interrogación sobre el arte y sus fronteras, un centro de expresión, creación y exposición en torno a Fluxus (movimiento internacional) y al espíritu de Fluxus. Es un lugar en donde predomina una mentalidad libre y exuberante, revitalizadora y regeneradora, en estos tiempos de creación a menudo pedante (intelectualmente) o repetitiva y uniformizada (por la dominación del mercado). La ubicación estratégica de la Fondation, en el corazón mismo de esta ciudad que cobija un polo de formación artística –la Escuela de Arte y el Conservatorio de música–, no es anodina; esta cohabitación permite el diálogo, el intercambio de ideas y una estimulación entre creadores que, ya desde comienzos de los sesenta, Fluxus ponía en práctica experimental con las performances a la vez humorísticas y absurdas o provocadoras de John Cage, George Brecht o Benjamin Patterson (que van a tener un papel preponderante en la difusión y desarrollo de Fluxus) sobre el azar y lo aleatorio entre la vanguardia, la ciencia, el arte, la música contemporánea y el público.

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Wolf Vostell. Fandango, 1974-75-77. Instalación con 25 puertas de auto, motores, martillos, 9 baúles, acuarelas, fotos, objetos, 3 paneles de 200 x 200 cm. (78 ¾ x 78 ¾ pulgadas) y un lienzo de 200 x 160 cm. (78 ¾ x 63 pulgadas).

Entre 1958 y 1961, John Cage (1912-1992), que enseña en Nueva York, en la New School for Social Research, y cuenta entre sus estudiantes tanto artistas plásticos como músicos y escritores, propone abolir las fronteras entre el arte y la vida. En esta práctica iconoclasta y muy lúdica de promoción de un no-arte relacionado con el Dadaísmo y con su rechazo a las instituciones, los fundadores de Fluxus –término empleado por primera vez en 1961 por George Maciunas (Lituania, 1931-1978)– organizan happenings, desarrollan eventos espontáneos en donde declaran que la noción de obra de arte única, sagrada e inalienable, debe ser proscrita a fin de inscribir al arte en la vida diaria. Otros movimientos surgen por la misma época (el nuevo realismo en Francia, el arte conceptual en los Estados Unidos, etcétera) y el eje de Fluxus va a desplazarse de Norteamérica hacia Europa y sobre todo a Alemania, a partir de 1962. Durante unos diez años, la actividad de Fluxus se centra en la música experimental con múltiples conciertos-performances (Yoko Ono, La Monte Young, etcétera) y “neo-dadás” (Nam June Pailk), acompañada de exposiciones y happenings. El primer concierto Fluxus organizado en Wiesbaden en 1962, el “Fluxus International Festspiele Neuester Musik”, marca el lanzamiento de este movimiento.

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Robert Watts. Firma de Leonardo Da Vinci, 1968. Luces de neón. 117,5 x 25,5 cm. (46 1/5 x 10 pulgadas).

Ben, artista francés de origen suizo, nacido en Nápoles en 1935, es la figura emblemática de esta corriente que surge en la estela de los Dadaístas y de Marcel Duchamp. Él tiene como postulado que “todo es arte”. Su obsesión acumulativa le hizo reunir durante años un sinnúmero de objetos de lo más diverso que desembocaron en la creación de una escultura en perpetua evolución a la que Ben llamó N’importe quoi (Cualquier cosa) rebautizada Le Magasin de Ben (La tienda de Ben), adquirida por el Museo Nacional de Arte Moderno de Francia en 1972. En 1962, en Londres, Ben conoce a George Maciunas y descubre al grupo Fluxus, al cual decide unirse. Va entonces a difundir las ideas y el espíritu Fluxus en Francia, organizando exposiciones, encuentros y debates en Niza. Se convierte en el defensor de una corriente similar a lo que Harald Szeemann llamaba simplemente “la actividad del artista”, en su famosa exposición “Quand les attitudes deviennent forme” (Cuando las actitudes se convierten en forma), en la Kunsthalle de Berna, en 1969.

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Nam June Paik. TV Buda Duchamp-Beuys, 1989. Instalación con buda de mármol, televisor, tapete y piedras. © Colección Gino Di Maggio.

Cuando, hace algunos años, las entidades públicas de Blois encomendaron a Ben la realización de un Mur des mots (Muro de palabras), se abrió la vía para lo que el artista crearía en 2013: un “centro de ideas”, “una puesta en escena del espíritu Fluxus”, un lugar abierto y sin limitantes, la Fondation du Doute. El Mur des mots (1995) es una obra monumental de 30 metros de largo por 12 metros de altura, compuesta de 300 placas salpicadas sobre la fachada de la Escuela de Arte y del Conservatorio que domina la entrada de la Cour du Doute (Patio de la duda) creado por Ben en 2012. Allí, sus 300 cuadros-escrituras, como igual número de reflexiones sobre la vida, el arte, la duda, el ego, los idiomas o el amor, interpelan al visitante y lo invitan a interrogarse, a compartir o a rechazar lo que lee, pero siempre a través de una interacción de la que no puede salir indemne. “No todo el mundo puede ser un genio”, “El tiempo es más fuerte que el arte”, “El amor es palabras”, “Mi preocupación principal, soy yo”, “¿Quién decide lo que es bello?”, “¿Y la felicidad?”, “Hay que decirlo todo”, “No hay arte sin verdad”, etcétera. Son trescientos aforismos más o menos evidentes o convincentes, a veces extravagantes, o bien palabras sencillas, pero todos mostrando la vena inagotable del artista y su indefectible sentido de la dimensión humana, de las cosas, la vida y el arte. La palabra Entrez (Entre), realizada en neón sobre el gran portón rojo en medio de los cuadros-escrituras, se enciende y apaga, invitando al visitante a atravesar el Muro de palabras.

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Daniel Spoerri. Cuadros-trampas astrogastronómicos, 1975. Detalle. 12 collages sobre madera. Cada uno: 100 x 200 x 30 cm. (39 ¼ x 78 ¾ x 11 4/5 pulgadas). © Colección Gino Di Maggio.

Ferviente defensor de las lenguas minoritarias de Francia y del mundo, Ben considera cada idioma como una visión singular en donde las palabras vehiculan tanto ideas como culturas. Con el Mur des mots, pide al observador que permanezca alerta, que se interrogue y ponga en duda sus certidumbres. Las palabras brillan para él como una materia prima, una masa para triturar y siempre por inventar. Además del salón que le ha sido consagrado en la colección permanente, Ben es igualmente responsable de toda la decoración del Café Fluxus, situado en la Fundación. Así pues, el lugar está totalmente impregnado del verbo/verborrea del artista.

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Ben. J´en ai m 'art, 1990. Acrílico sobre objeto. 115 x 98 x 62 cm. (292 x 38 ½ x 24 2/5 pulgadas). © Thierry Burgoin.

La colección, de dimensión internacional, ocupa los dos pisos de la Fundación, incluida la escalera que los une, cuya decoración fue confiada al francés Arnaud Labelle-Rojoux (1950), artista, ensayista e historiador de la performance. Cuenta con cerca de cincuenta artistas y unas trescientas obras, reúne documentos en torno al movimiento y al espíritu Fluxus (archivos y videos) que proceden de la colección personal de Ben, así como de la complicidad de artistas como Gino di Maggio (Sicilia, 1940) y coleccionistas como la galerista italiana Catarina Gualco. La dimensión pedagógica fue igualmente tomada en cuenta con mesas de lecturas y consulta, computadores, películas Fluxus y sobre las performances históricas del movimiento.

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Ben Patterson. Musa, 2014. Modelo estándar No. 1. Objeto encontrado, luces de neón e interruptor.

“La Fondation du Doute no es únicamente fluxus, sino fluxus, no-fluxus, anti-fluxus, fluxus de allá y post-fluxus. La Fondation du Doute es desorden que cambia el mundo. Habrá un piso dedicado a Fluxus y un piso dedicado a todo lo que es arte vivo, duda, creación, a todo lo que es perturbador y vivo, en cuyas raíces hay Duchamp y John Cage”, escribe Ben describiendo el lugar del que tiene la paternidad intelectual y estética.

En el primer piso, la visita propone una deambulación laberíntica de sala en sala, con obras de gran calidad y, en particular, varias instalaciones. La instalación original de Wolf Vostell (Alemania, 1932-1998), Fandango (1974-75-77), es un conjunto originalmente compuesto (es decir, cuando se creó para la Galerie Multhipla de Milán) de veinticinco puertas de auto equipadas con motores que accionaban martillos, nueve baúles, conjuntos de dibujos acuarelados, fotos, objetos, tres paneles de 200 x 200 cm y un lienzo de 200 x160 cm. Aunque reducida en tamaño para adaptarse al lugar, no deja de ser algo impresionante, así como la instalación de Philip Corner (Estados Unidos, 1933), quien tiene dos obras en la colección. Su Piano activities (1962-2013) pone en escena un piano parcialmente destruido acompañado de objetos diversos y partituras enmarcadas, que pervierte los códigos sagrados de la música clásica y tiene por objeto invitar a la producción de nuevos sonidos. Se ha consagrado todo un salón a Daniel Spoerri (Rumania, 1930) para sus doce cuadros-trampas astro-gastronómicos (100 x 200 x 3 cm cada uno), collages de objetos y alimentos consumidos de 1975 que corresponden a los doce signos del zodiaco Nam June Paik (Japón, 1932-2006) tiene dos grandes instalaciones en la colección, una de las cuales, Pythagoras (1989), es una videoinstalación de trece televisores y trece neones. En TV Buddha Duchamp-Beuys (1989), el artista instaló un Buda de mármol frente a una cámara que filma su rostro en circuito cerrado y cuya imagen es transmitida por un televisor que lo enfrenta. El conjunto está colocado sobre un tapete de grandes piedras de río.

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Robert Filliou. Danza-poema aleatorio colectivo, 1962. Detalle. Panel de madera aglomerada, 2 ruedas de bicicleta, texto, lápices de colores. 150 x 220 cm. (60 x 86 3/5 pulgadas).

En el segundo piso descubrimos otros conjuntos de gran interés como la serie de Allan Kaprow (Estados Unidos, 1927-2006), diez collages y fieltros de 1965 a 1991 sobre paneles de cartón, en donde Ben interviene con comentarios descriptivos y traducciones; o la Fluxbox containing god certified by Ben Vautier, Nice 1961, caja con etiqueta. Las Fluxboxes estaban disponibles en los Fluxshops, con kits para happenings (Fluxkits), así como las cajas táctiles (Fingerbox) para comunicar por todas partes el espíritu Fluxus (ver las de Robert Watts, George Maciunas y Ay-O - Japón, 1931). Se reservó una sala para Ben con obras más recientes, entre ellas J’en ai m’art, de 1990 Ken Friedmann (Estados Unidos, 1949), con tres obras en la colección, realizó en 1990, Sin título, los retratos- caricaturas de treinta y cinco artistas cercanos a Fluxus, con una etiqueta que lleva su nombre, parecida a la de La Poste (la oficina de correos de Francia. Ndt).En el tercer piso, sobre un gran plano abierto de 400 m², obras históricas del movimiento nos recuerdan las filiaciones de Fluxus y sus complicidades, entre otras, con el arte conceptual y el Letrismo. Allí están presentes los pioneros Fluxus, sin olvidar las referencias a los padres fundadores con sentencias lapidarias, las de John Cage (“Aun cuando no pasa nada, algo pasa”), Erik Satie (L’art m’emmerde) o Marcel Duchamp. Joseph Beuys (Alemania, 1921-1986) se une a Fluxus tras su encuentro, en 1962, con Nam June Paik y Georges Maciunas, lo que influenciará su compromiso tanto artístico como político. El conjunto “Celtic +”, de 1971, consta de diez fotografías en blanco y negro, un frasco, una bobina de film súper 8 y una caja metálica. La japonesa Takako Saito (1929) (cuatro obras en la colección) invita al visitante a una experiencia sensorial participativa con un juego de ajedrez en madera en el que cada pieza libera un olor a una especia diferente (Spice chess-Ajedrez con especias, de mediados de los sesenta). El objeto está igualmente presente en la obra de George Brecht (Estados Unidos, 1926-2008), que tiene tres obras en la colección, y en particular La machine universelle (La máquina universal), caja de cartón que contiene un tablero de juego en el que están colocados diversos objetos y que acompaña un texto (publicado y editado por Karl Gerstner y Daniel Spoerri, edición N° 58, 1965, firmado por el artista); caja en el espíritu Fluxus que se encuentra en la obra de George Maciunas (Flux year box 2, 1967), artista fundamental que está presente en la colección con cinco obras de 1960 a 1987. Dos artistas americanos están igualmente representados con obras de los años sesenta. Un neón de Robert Watts (Estados Unidos, 1923-1988) (cuatro obras en la colección), que reproduce la firma de Leonardo da Vinci (1968) y hace parte de una serie de firmas de artistas según su propia grafía, en las que Watts presenta la firma como un “objeto de arte” en sí mismo. Tres obras importantes buscan la participación del espectador: Yoko Ono (Japón, 1933), la única mujer pionera de Fluxus, imaginó un happening en el que se invita al visitante a aportar una escalera para ponerse en las misma situación en la que ocurrió su encuentro con John Lennon en una galería londinense, en 1966, cuando ella estaba en lo alto de una escalera. El texto manuscrito que acompaña la acción –“See if the sky is nearer from the ladder” (Mira si el cielo está más cerca desde la escalera)– data de 2013. El artista francés Robert Filliou, otra de las figuras principales (1926-1987), propone al espectador jugar con un dispositivo accionándolo en múltiples combinaciones que permiten crear una infinidad de poemas, Danse-poème alléatoire collectif (“Danza-poema aleatorio colectivo”), de 1962 (panel de madera aglomerada, dos ruedas de bicicleta, cada una montada sobre un eje, texto escrito con lápices de colores, 150 x 220 cm). La instalación de La Monte Young (Estados Unidos, 1935), Piano piece for David Tudor # 1 (piano de cola con paca de heno, estanque de agua y tridente de metal, 1960-1990), convierte al piano de cola en un objeto de burla, rompiendo así el aura simbólica del objeto y su función.

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Joseph Beuys. Celta +, 1971. 10 fotos en blanco y negro, frasco, bobina de película súper 8 y caja metálica.

Si con esta colección, abordada en forma selectiva, donde están presentes las figuras más emblemáticas del movimiento, acabamos de ver que Fluxus, sobre todo después de Estados Unidos, está principalmente relacionado con Europa y el Japón, hay que reconocer que en América Latina, el espíritu Fluxus tuvo enormes repercusiones sobre la creación de los años sesenta y setenta, en particular en Argentina, Brasil y México. Además de los mexicanos directamente relacionados con Fluxus, Felipe Ehrenberg y Marta Hellion (“exilio” europeo en Devon, donde ellos organizan el evento “Fluxshoe” y crean la casa editorial Beaugeste Press), o con el espíritu Fluxus, como Ulises Carrión en Ámsterdam, no se puede separar de esta vena rebelde, anticonformista, provocadora e independiente, a figuras emblemáticas como los argentinos Alberto Greco y Edgardo Antonio Vigo, Víctor Grippo, Leon Ferrari, Oscar Bony o Marie Orensanz y, más tarde, Jorge Macchi, etcétera; los brasileños Hélio Oiticica y Lygia Clark (ver sus investigaciones durante los años sesenta) o Paulo Brusky (quien llevó Fluxus al Brasil) y Cildo Meireles, artistas todos cuya proximidad conceptual y articulación con “l’état d’esprit” (el estado de ánimo) Fluxus es de gran riqueza y complejidad, y no ha sido estudiada sistemáticamente.

En el pabellón de exposición temporal de la Fundación, Ben Patterson (1934, Pittsburgh), otro de los precursores de Fluxus, a la vez músico, compositor, poeta y performer, entrega su última producción realizada durante una residencia en Blois, en 2014: veinte “musas”, objetos-esculturas fabricadas a partir de objetos recogidos en las ferias de los alrededores que invitan al visitante a “experimentar” el objeto de arte encendiendo y apagando el interruptor. Para no olvidar que Fluxus es tanto libertad de creación como sentido del humor y placer de inventar. “Para que las ‘musas’ exciten nuestros deseos, enciendan nuestra imaginación y nos inviten a intentar siempre nuevas experiencias”.

CHRISTINE FRÈROT

Historiadora de arte dedicada a la crítica, la investigación y la docencia. École des Hautes Études en Sciences Sociales-EHESS, París, Francia.

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