Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente

Gabriela Gamboa. Electroestática, 2014. Instalación multimedia. Dimensiones variables. (Ambientación con proyectores de video y amplificación de sonido).*

Colectivajun 2015 - ago 2015· Por Susana Benko

Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente

BOD Centro Cultural. Caracas, Venezuela

El medio ambiente, urbano o natural, es el tema tratado en la muestra Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente, presentada recientemente en B.O.D. Centro Cultural con el patrocinio de la Fundación Telefónica. Con este título, el curador Benjamín Villares Presas, quiso establecer los diversos objetivos planteados en esta exposición: la presentación de obras artísticas con componente electrónico, a la vez bellas, que refieran al tema ambiental trabajados por artistas venezolanos. Por otra parte, este título también es la dirección de la página web que es a la vez el catálogo de la exposición.

Comienza Villares señalando que la denominación ‘artes electrónicas’ es una nominación genérica que no da cuenta de la diversidad de medios existentes que trabajan con tecnología. Él opta por diferenciar, por ejemplo, piezas con tecnología analógica de aquella digital, el videoarte del net art (arte de la red) así como aquellas producciones que requieren sensores de movimiento o bien softwares específicos que permiten la interacción con el público. Esta diversidad de recursos y procedimientos están presentes en esta exposición.

Colectiva: Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente — imagen 1
Tecno Collective (Rodrigo Arcaya y Gorka Cortázar). Tricotomías, 2014. Instalación multimedia para sitio específico.

Debemos señalar, primero que todo, la dificultad que implica realizar una exposición de arte y tecnología en un país cuyas posibilidades de desarrollo están cercenadas por la aguda crisis económica como la que atraviesa Venezuela. Plantearse a contracorriente una exposición de esta envergadura es, en estas circunstancias, un riesgo. Para comenzar la lentitud y baja calidad del Internet en el país. Ello ha sido nefasto, por ejemplo, para las propuestas de net art. No obstante, fue importante plantearlo y conocer a artistas que están desarrollando una obra bajo esta línea de trabajo, algunos de los cuales ya no viven en Venezuela.

Son doce los artistas participantes. De ellos, Jaime Castro, Magdalena Fernández, Gabriela Gamboa, Zoltan Kunckel, Lourdes Peñaranda, Antonieta Zerré y Julia Zurrilla presentaron videos y videoinstalaciones. Enrique Moreno, por otra parte, realizó una pieza con motores, sensor de movimiento y materiales precarios, mientras que Carlos Javier Gómez de Llarena, Corina Lipavsky, Yucef Merhi y los artistas de Tecné Collective (Rodrigo Arcaya y Gorka Cortázar), trabajaron unos con plataforma net y otros con softwares adaptados o creados según sus objetivos particulares.

Colectiva: Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente — imagen 2
Magdalena Fernández. 1pmS011, 2011. Serie Pinturas móviles. Videoinstalación. Loop 6’50”. Animación digital: Marcelo D’Orazio. Sonido: Gerardo Gouverneur. Dimensiones variables.

Jaime Castro y Lourdes Peñaranda utilizaron cada uno dos monitores para mostrar sus respectivos videos. Ambos trabajaron de alguna forma el paisaje pero bajo perspectivas distintas. Castro mostró dos escenarios completamente divergentes entre sí, uno en Chile, otro en Venezuela. Peñaranda realizó tomas de un mismo lugar, el Jardín Botánico de Maracaibo, bajo dos puntos de vista distintos. En el caso de Castro, vemos en un monitor imágenes de los Géiseres de Tatio, en el desierto de Atacama en Chile y en el otro, visiones de copas de árboles del Parque Nacional Henri Pittier en el estado Aragua. La escogencia de ambos lugares puede deberse, posiblemente, a su frágil condición ecológica. En Tatio hubo una fuerte controversia por la explotación de estos géiseres para extraer energía geotérmica. Por otra parte, el Parque Nacional Henri Pittier, rico por la variedad de su fauna y flora, se ve amenazado por los constantes incendios, las invasiones humanas, la cacería, la contaminación, la falta de recursos, entre otros. Ahora bien, hay un contraste importante en estos dos videos: el tiempo. En la proyección de los Géiseres de Tatio vemos la escena con movimientos muy lentos, casi estacionarios, mientras que en el segundo caso, las tomas son veloces, vistas de abajo hacia arriba.

Colectiva: Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente — imagen 3
Enrique Moreno. 1m x 1m x 1m, 2013. Instalación interactiva. Motores eléctricos, sensores de movimiento, alambrón, cajas de cartón y cables eléctricos. 1 x 1 x 1 m. (39 1/3 x 39 1/3 x 39 1/3 pulgadas).

Lourdes Peñaranda muestra dos perspectivas del Jardín Botánico de Maracaibo: un monitor colocado más arriba de nuestra visión muestra la copa de un árbol y otro monitor puesto mucho más abajo presenta la vista del jardín a nivel de tierra con sus plantas y flores. El punto medio de la pared entre los dos monitores queda vacío con la intención de inducir en nosotros una visión oblicua y en movimiento. De allí el título de la pieza: Indagaciones sobre la visión oblicua en movimiento.

Por otra parte, nueve monitores de diferente tamaño y posición conforman la videoinstalación de Zoltan Kunckel. Bajo el título Biótico-Abiótico, el artista alude tanto al paisaje natural como al impacto ambiental que ocurre por la contaminación y la transformación del paisaje en manos del hombre. Todos los organismos vivos conforman el factor biótico y viven en un espacio físico cuyos componentes determinan el factor abiótico. Este puede ser el agua, la luz, la temperatura, el aire, los nutrientes, etc. Los diversos viajes del artista por Europa, Asía y América le han permitido recopilar imágenes con las que expresa, según Villares, “la disfuncionalidad que existe entre la naturaleza y los seres humanos” a partir de la industrialización. El espectador se enfrenta a nueve proyecciones simultáneas vistas en columnas y direcciones variadas que dinamizan la propuesta. El sonido, más la aceleración de las imágenes, crean una situación de alto impacto que parece figurar la pronta desnaturalización y desequilibrio de nuestro medio ambiente.

Colectiva: Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente — imagen 4
Zoltan Kunckel. Biótico-Abiótico, 2014. Dimensiones variables.

Las Crónicas marcianas de Ray Bradbury han servido de referencia o plataforma para que Gabriela Gamboa las tome como punto de partida para su videoinstalación, sólo que reformula el tema para centrar la atención sobre nuestro planeta. La instalación consta de dos partes. La primera, referida al ambiente, a través de tomas realizadas a una playa de Paraguaná en el estado Falcón, que la artista registrara en diversos momentos; la segunda, es un video en el que vemos sistemáticamente y en forma repetitiva cómo la artista –cuyo rostro vemos de perfil– agarra un caracol y se lo coloca al oído. Entonces, a manera evocativa, casi susurrante, se oye retiradamente “Apenas sentirá que ya no estamos en el amanecer”, frase que alude tal vez a nuestra condición temporal, efímera de la existencia como a las transformaciones que ocurren en la naturaleza. Se trata de una obra sutil, transparente, en la que las imágenes se suceden como ecos, en simultaneidad con las voces de la memoria.

Julia Zurrilla parece trabajar el video a modo de collage. Mediante una pantalla de forma cóncava implica al espectador ante un escenario imaginario y a la vez familiar. La imagen de Caracas –tomada de un calendario– aparece trastocada pues es vista como una ciudad costera, con el mar en frente y el Ávila al fondo. El punto de vista de la toma es, por esta razón, desde un mar ficticio. De esta forma, la artista no sólo trastoca la realidad sino también la geografía.

Colectiva: Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente — imagen 5
Corina Lipavsky. La geografía de las plantas, 2013. Instalación interactiva. Dimensiones variables.

En la videoinstalación de Antonieta Zerré la geografía tiene también un importante papel. La artista aparece en un video abriendo sacos de arena que fueron recogidos por siete personas en siete puntos geográficos del país. El video parece reproducir “tridimensionalmente” el espacio que ella ocupa –que es el mismo de la sala de exhibición– durante ese acto performático. Puede conocerse cuáles son los siete lugares mediante el escaneo de los códigos que aparecen en la banqueta frente a la videoinstalación usando una aplicación para teléfonos inteligentes. La artista progresivamente va cubriendo de arena el piso de la sala y cada saco –extendido linealmente– parece generar un “sendero” de luces y sombras que vemos sobre la arena real que al final ha quedado en la sala.

Magdalena Fernández acopla, como es peculiar en su obra, una retícula abstracta que se dinamiza en conjunción con los ruidos y voces que se escuchan en la ciudad. La imagen se transforma en un continuo tránsito de luz a oscuridad y en esta transformación, la artista hace un ejercicio de percepción tomando como referencia la obra de Jesús Soto y elementos reales en la naturaleza y ciudad. El amanecer en la ciudad se percibe en esta malla de luz y en los sonidos que oímos.

Plant-in-City debía ser una instalación interactiva. Mediante una aplicación bajada por internet, se proponía al espectador cuidar a distancia las plantas que formaban parte de la pieza. La propuesta fue realizada por Carlos J, Gómez de Llarena arquitecto venezolano residenciado en Brooklyn, Huy Bui y Jon Schramm. Consistía en la realización de un sistema modular con sensores de agua y luz para plantas conectado a la web para regar a voluntad las plantas que allí se encontraban.

Colectiva: Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente — imagen 6
Yucef Merhi. IPtemp, 2014. Detalle. Instalación interactiva. Dimensiones variables.

Los artistas de Tecné Collective (Rodrigo Arcaya y Gorka Cortázar), por otra parte, concibieron sistemas complejos que simulan, mediante algoritmos matemáticos, el comportamiento de las colonias de hormigas y cardúmenes de peces. El resultado son imágenes que dan cuenta mediante línea y color la complejidad de tales interconexiones que incluyen tanto la atracción como la repulsa. Asimismo, los cambios meteorológicos en Miami, Madrid y Caracas hacían variar el comportamiento de estos sistemas.

Corina Lipavsky, por otro lado, se inspira en las ilustraciones botánicas que se realizaron en las expediciones de Alejandro de Humboldt en Venezuela. La artista adapta determinadas aplicaciones y mediante una instalación interactiva, las imágenes proyectadas varían de tamaño y color según el toque que efectúe el espectador a un sensor ubicado en un módulo en dirección oblicua a la proyección.

Las obras de Enrique Moreno y Yucef Merhi corresponden a dos tratamientos tecnológicos contrarios. El primero trabaja una tecnología precaria, con motores y sensores de movimiento, alambre y cajas recicladas. Con estos elementos construye una “máquina” que se mueve ante la cercanía del espectador. Merhi, por otra parte, realiza una obra digital en el que un pensamiento que aparece en un monitor modifica su color según los cambios de temperatura existentes en el espacio exterior de la sala. En ello influye el acercamiento del espectador frente a la pantalla al percibirse su calor corporal.

Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente constituyó una interesante experiencia expositiva que puede ser pauta para otras ediciones en un futuro cercano.

*Todas las fotos de este texto son de Elisa Barrios. Cortesía: Fundación Telefónica.

Electro_estética ambiental.ve. Videoarte, artes electrónicas y medio ambiente | artnexus