Exposición Individualjun 2015 - ago 2015· Por Susana Benko

Eduardo Kairuz

La Caja. Centro Cultural Chacao

Eduardo Kairuz, arquitecto y videoartista venezolano residenciado en Australia, expuso en “La Caja” del Centro Cultural Chacao su más reciente trabajo, conformado, para esta ocasión, por cuatro videoinstalaciones creadas entre 2009 y 2013. En estas piezas, aborda el tema del poder y el quiebre de sus estructuras al utilizar registros en video de diversos conciertos de prestigiosos intérpretes de música clásica.

El protagonismo de estos músicos, según Kairuz, se asocia a la imagen que proyectan las figuras de poder. Hay una conducta social alrededor de ellos pues, como señala el artista en su statement, sus estructuras son rígidas y están jerarquizadas, por lo que estas figuras “tienen un estatus casi sagrado”. En todo ello hay un orden social establecido, razón por la cual el artista se propuso “desmantelarlo”: “[…] me he dedicado a implementar procesos de desmantelamiento y reensamblaje, para revelar la naturaleza doble de las manifestaciones de poder y autoridad que me interesan”. Este procedimiento de desmantelar (o deconstruir) para reconstruir a partir de fragmentos, es la clave para apreciar cada una de estas videoinstalaciones. Kairuz toma como referencia un hecho, crudo y elocuente, para entender este procedimiento: la reconstrucción de un avión de la aerolínea Trans World Airlines, el TWA-800, que estalló en el aire sobre el océano Atlántico en 1996. Cuenta el artista que el resultado de la reconstitución de la nave a partir de los fragmentos encontrados fue algo sorprendente, pues se logró crear un objeto de casi 25 metros de largo que, si bien se entiende que es el avión, al mismo tiempo ya no lo era. Esos fragmentos causados por la explosión –el accidente– estaban transformados. Entonces, a partir de esta “revelación”, por nombrarlo de alguna manera, es como visualiza que un mismo hecho –situación u objeto– puede tener una estructura doble o, lo que él llama, un doble discurso. El avión puede ser símbolo de progreso y, a la vez, de catástrofe.

Exposición Individual: Eduardo Kairuz — imagen 1
Eduardo Kairuz. Delirium (Estudios sobre la embriaguez #1, María), 2009 - 2011. Videoinstalación de siete canales, blanco & negro, silente. 2’ 01”. Dimensiones variables.

En Desmantelado Kairuz genera accidentes trastrocando y reordenando los videos. La ausencia de narrativa, como señala Costanza De Rogatis, curadora de la exposición, evidencia “una noción de tiempo alterada, no ya el tiempo real, consecutivo, lineal, de una acción, no ya el de la percepción de la obra de arte, del aquí y el ahora de la representación, sino de un tiempo otro, el ficticio, resultado de la manipulación del registro filmado”.

En la videoinstalación titulada, precisamente, Doble discurso aparece el director de orquesta Gustavo Dudamel, hoy día uno los directores más prestigiosos y conocidos internacionalmente, en doble pantalla. Kairuz altera su presentación silenciando el concierto. En esta proyección simultánea, se ve al director de frente gesticulando prácticamente solo, sin que se emita sonido. Por otro lado, también ha alterado la velocidad de los videos, por lo que en una pantalla la acción se ve ralentizada frente a la otra. Ello hace que, en efecto, se altere la imagen de poder y autoridad que normalmente proyecta un director de orquesta. Los gestos de Dudamel terminan vaciándose de sentido. Por otra parte, es inevitable asociar –aun cuando no es tal vez la intención original de la pieza– el cuestionamiento moral que se le hace a Dudamel por la forma evasiva de asumir su posición política ante la situación del país. Reiteradamente, ha declarado que su interés es la música, y no la política, pero en un país dramáticamente dividido como Venezuela, hasta dirigir un concierto ante determinada audiencia se torna inevitablemente en un asunto político. Su gesto se vuelve un doble discurso.

En otro orden de ideas, debemos mencionar cómo en Incremental, videoinstalación sonora de 32 canales, las Variaciones Goldberg (BWV 988) interpretadas magistralmente por Glenn Gould son vistas (y oídas) de manera desarticulada. El resultado de la reconstrucción es, como escribe Kairuz, el de una “catástrofe musical”. En Equilátero, la Suite para violoncelo solo no. 1 de Johann Sebastian Bach es interpretada simultáneamente por tres reconocidos violoncelistas: Mischa Maisky, Paul Tortelier y Mstislav Rostropovich. Kairuz genera, según De Rogatis, “disonancias en puntos críticos de la interpretación, rompiendo la aparente armonía de las partes y modificando la percepción de la obra”. Pese a todo, la famosa Suite se la reconoce como una de las obras emblemáticas de la música barroca.

En la videoinstalación Delirium –Estudios sobre la embriaguez #1, María– predomina el impacto –y belleza– de la presencia imponente de María Callas. La vemos multiplicada en varios monitores colocados en dispositivos que dan apariencia de atriles usados por los músicos para leer sus partituras. La ausencia de sonido y la simultaneidad de vistas de su rostro en posturas, gestos y momentos diversos del canto intensificaban su presencia, aun cuando “la voz” era silente. La autonomía de cada rostro daba sensación de sucesión y a la vez simultaneidad logrando que la pieza fuera una experiencia tanto de armonía como de disonancia. Justamente, una paradoja que plantean estos conciertos desmantelados.

SUSANA BENKO

Eduardo Kairuz, por Susana Benko | artnexus