Donna Conlon y Jonathan Harker

Donna Conlon y Jonathan Harker. Zincfonía tropical, 2013. Foto fija de video HD de 1´46”.

Monografíajun 2015 - ago 2015· Por Monica Kupfer

Donna Conlon y Jonathan Harker

Los videos geopoéticos

Las obras de Conlon y Harker emplean un lente local para interpretar problemáticas de resonancia mundial, motivo por el cual despiertan el interés del público panameño tanto como de museos internacionales. Aunque con sus videos de notables cualidades formales y estéticas logran enfocar nuestra atención en graves problemas ecológicos y sociopolíticos, siempre lo hacen con gran sentido del humor.

La colaboración se inició de manera casual en 2006, cuando Donna Conlon le sugirió a su amigo y también artista Jonathan Harker que la acompañara a una planta de reciclaje en las afueras de la ciudad de Panamá. Se encontraron con montañas de botellas verdes –como paisajes de contradictoria belleza– que documentaron en fotografías y también en video cuando Harker empezó a jugar con las botellas, estrellándolas de manera ruidosa contra las pilas. Las imágenes que resultaron de ese paseo constituyeron la base para el video titulado Estación seca (2006), el primer trabajo conjunto de este dúo artístico cuya obra hoy en día figura en las colecciones de museos como el Tate Modern de Londres y el Guggenheim de Nueva York.

Dentro del heterogéneo escenario del arte contemporáneo se ha destacado un número considerable de parejas creativas, así como de prácticas colaborativas de largo o corto plazo. Basta pensar en dúos como Gilbert y George o Fischli y Weiss, o en colaboraciones temporales como la de Warhol y Basquiat. Como antecedentes en la historia del arte, sin duda figuran los trabajos en grupo que propusieron los artistas surrealistas –como los dibujos que llamaron “cuerpos exquisitos”–, y el valor que asignaron los dadaístas al proceso del arte, más que a la obra. También ha influido la creciente importancia del arte conceptual en la producción cultural mundial. Sobre todo, en el siglo XX, el arquetipo romántico del artista como genio creativo solitario fue perdiendo vigencia, dando paso a una nueva actitud que valora el trabajo colectivo. Los resultados muestran cómo las creaciones compartidas, con su implícito intercambio de opiniones y unión de fuerzas, conducen a la generación de obras de carácter distinto al de aquellas que habrían producido los artistas individualmente, como es el caso de Donna Conlon y Jonathan Harker.

A diferencia de algunas parejas artísticas famosas como Christo y Jeanne-Claude o Allora y Calzadilla, Conlon y Harker son un dúo colaborativo pero no sentimental. Su obra conjunta incluye más de una docena de videos de fondo conceptual creados durante la última década en Panamá, donde ambos viven y trabajan. También los diferencia de otras parejas artísticas el hecho de que, con anterioridad al trabajo conjunto, ambos tenían obras propias y carreras individuales que aún siguen desarrollando de manera paralela a sus colaboraciones.

Monografía: Donna Conlon y Jonathan Harker — imagen 1
Donna Conlon y Jonathan Harker. Estación seca, 2006. Foto fija de video de 2´02”.
Monografía: Donna Conlon y Jonathan Harker — imagen 2
Donna Conlon y Jonathan Harker. (Video) Juego #1, 2008. Foto fija de video de 4´.

Conlon nació en Estados Unidos y cuenta con estudios de posgrado tanto en Biología como en Escultura. Harker, quien nació en Ecuador, es especializado en cinematografía y estudios mediáticos. Crean obras que fusionan sus intereses individuales, como el uso de objetos cotidianos y la exploración del comportamiento humano, con un lenguaje cargado de sentido del humor e ironía. Juntos han desarrollado un estilo de tono lúdico y un proceso divertido que emplean para comentar sobre serios temas sociales, políticos y culturales, con un enfoque particular en el análisis de las nefastas consecuencias de la cultura de consumo para el balance ecológico y climático; la manera cuestionable en que se construyen las identidades y los símbolos nacionales; así como el carácter engañoso de los llamados “booms” inmobiliarios y las promesas políticas. Aunque sus temas surgen de experiencias locales, el mensaje de sus obras tiene resonancia internacional.

El tema de la conservación ecológica y la omnipresente basura ya había figurado antes en la obra personal de Conlon, quien la ha empleado como un vehículo para interpretar las idiosincrasias humanas. Sin embargo, en Estación seca, aquel primer video creado junto a Harker, los residuos adquirieron una nueva dimensión con la incorporación del factor sonoro, el ruido estrepitoso que producía la lluvia de botellas que un grupo de ayudantes lanzaba sobre la pila de vidrio verde. Como en una pieza musical, el sonido aumenta en un crescendo y luego disminuye hacia el final del video, que termina con el golpe de una última botella. En este video colaborativo, el proceso catártico de destruir las botellas contribuye a la construcción de un paisaje irreal y propone una nueva interpretación del reciclaje como proceso creativo. Como bien lo describió en su momento el gestor cultural Walo Araújo, ese primer video conjunto “desarrolla las preocupaciones habituales de Donna en torno a las tensiones y transacciones entre lo artificial y lo natural, confrontando ideas como bienestar, consumo y comportamiento social”. Sin embargo, tal como él concluye, en el trabajo conjunto esas características fueron enriquecidas al combinarse “con la inclinación natural de Harker hacia el absurdo, su agudeza sarcástica y su conocimiento sobre estructura, ritmo y composición, propio de su educación como cineasta”1.

La paradójica belleza de las acumulaciones de basura también protagoniza las obras de Harker y Conlon tituladas Brisa de verano (2007) y Tapitapultas (2012). En la primera, una cerca de Ciclón se transforma progresivamente en una superficie pictórica, debido al viento que carga e inserta en su estructura metálica una variedad de coloridos desperdicios como bolsas plásticas, cintas y vasos de cartón. A pesar de su liviandad, los objetos chasquen al toparse con la cerca, ofreciendo una experiencia tanto visual como auditiva. La idea del paisaje artificial creado por la contaminación también figura en Tapitapultas, un video filmado en el bosque tropical del Parque Natural Metropolitano, en la ciudad de Panamá. La acción artística, que recuerda el juego infantil de catapultas, se desarrolla sobre una plataforma de concreto (vestigio de una antigua instalación militar norteamericana, que hoy es un mirador) donde los artistas juegan con cucharas desechables para lanzar miles de pequeñas tapas de botellas de plástico. Contra un fondo natural de árboles frondosos, vemos cómo las tapitas caen por un sumidero en la plataforma, bajo la cual van formando una enorme montaña de plástico multicolor en el suelo del bosque. Como en tantos videos de Conlon y Harker, el sonido –siempre de altísima calidad técnica– es un elemento fundamental: las piezas inorgánicas producen un repique artificial que contrasta con el canto de las aves y los insectos en el escenario circundante.

Monografía: Donna Conlon y Jonathan Harker — imagen 3
Donna Conlon y Jonathan Harker. (Video) Juego #4, 2009. Foto fija de video de 24”.

Más allá del comentario sobre el consumismo y la necesidad de proteger el ambiente, Tapitapultas sugiere otras interpretaciones. Por una parte, establece una relación entre las ruinas de una base militar y las catapultas como máquinas de guerra; por otra, envía un mensaje subliminal al documentar la manera en que los panameños han creado un parque donde los norteamericanos solían entrenar soldados. La existencia en Panamá de la antigua Zona del Canal, un área geográfica que fue ocupada por una población civil y militar estadounidense hasta fines del siglo XX, es un tema álgido en la historia de Panamá, que Conlon y Harker han abordado en muchas de sus obras.

Reflexiones sobre el concepto de la identidad nacional y los artificios políticos abundan en la serie de siete (Video)juegos que Conlon y Harker crearon entre 2008 y 2009, para los cuales los artistas se filmaron participando en juegos de su propia invención, que a primera vista engañan porque recuerdan juegos de mesa como los rompecabezas o el ajedrez. En cada caso, hay dos contendores representados metonímicamente por sus manos y brazos, jugando según una lógica extraña y reglas propias sobre tableros improvisados de tierra, arena, concreto o azulejos. Las fichas varían desde piezas de cascajo de cemento o ladrillo hasta fragmentos de mosaicos y barras de hierro oxidado, objetos que los artistas encontraron entre los escombros de casas derrumbadas en la ciudad de Panamá.

Aunque se trata de objetos inanimados, por su uso y sus movimientos, las fichas en los juegos de Conlon y Harker se convierten en los protagonistas de narrativas poéticas que van revelando contenidos geopolíticos, proponiendo significados profundos para las interacciones aparentemente sencillas entre los artistas. Por ejemplo, en (Video)juego No.1, después de múltiples movidas, las formas semiabstractas de ladrillos de lo que fue una casa en el sector norteamericano deletrean la palabra Panamá, mientras la cámara asciende para mostrar un barco que pasa por el canal interoceánico, “metaforizando las antinomias entre los flujos globales y las circunstancias locales”2. En el cuarto videojuego, observamos cómo las manos de los artistas colocan fragmentos de azulejos rotos para conformar una bandera panameña en pedazos que, con un guiño a la bandera norteamericana, muestra una multiplicidad de estrellas en el cuadrante superior izquierdo.

Monografía: Donna Conlon y Jonathan Harker — imagen 4
Donna Conlon y Jonathan Harker. Tapitapultas, 2012. Foto fija de video HD de 3´40”.

Este tipo de juego que analiza y cuestiona el rol de los símbolos patrios en la construcción y mitificación de la identidad nacional constituye una parte clave del trabajo de Conlon y Harker. Encontró bien lograda expresión en el video titulado Drinking Song, que crearon en 2011 para la Bienal de Mercosur, celebrada bajo el tema “Ensayos de geopoética”, cuyos curadores convocaron a los artistas “a presentar, desde su propio imaginario y experiencia, alternativas a la idea convencional de nación en tiempos actuales”3. En Drinking Song, Conlon y Harker tocan las notas del himno nacional de Estados Unidos golpeando destapadores de metal contra botellas de cervezas panameñas colocadas en fila como las teclas de un xilófono. Las marcas de las bebidas –Atlas, Balboa, Panamá y Soberana– celebran ideas nacionalistas, trucos de mercadeo que además reflejan ambiguas verdades históricas. El video tiene el aire y la estética de un anuncio publicitario de alta calidad, con una iluminación dramática y un jingle familiar, para resaltar elementos que hacen referencia a la experiencia neocolonial y poscolonial de Panamá, que soportó la presencia de un enclave norteamericano dentro de su territorio por casi un siglo. Como concluye la curadora Carmen Ferreyra en su cuidadoso análisis de esta obra, Drinking Song hace “eco de la paradoja de la identidad panameña: mientras percibimos que las botellas (Panamá) son las encargadas de la organización del video, es la melodía (Estados Unidos) la que las une”4.

El título de Drinking Song, por su parte, invita al análisis porque alude al hecho irónico de que la música del himno de Estados Unidos proviene de una antigua canción popular inglesa cuya letra original cantaba los placeres del vino. Tanto la melodía como la imaginería de las cervezas y sus logotipos comerciales transmiten un mensaje con respecto al carácter extraño e incluso mercantil del origen de las insignias patrióticas. En palabras de Harker: “En ese video logramos hablar con humor de cosas muy serias: la fabricación y utilización estratégica de símbolos nacionales para construir y propagar la idea de nación-Estado; y la relación turbulenta y abusiva que ha tenido Estados Unidos con Panamá a lo largo de los años”5.

La culminación de la reversión del Canal y del territorio de la Zona a los panameños, que coincidió con el cierre del siglo XX, marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia del país, un período de impresionante crecimiento económico, debido a los ingresos del canal y al incremento en inversión extranjera. A su vez, la nueva riqueza trajo como consecuencia un desmedido boom inmobiliario que transformó la silueta de la ciudad capital con numerosas torres comerciales y residenciales, pero que simultáneamente fue el motivo de la destrucción de múltiples estructuras históricas. En (Video)juego No. 2, Conlon y Harker ilustran este fracaso en la planificación urbana a través de un intercambio entre dos contrincantes, uno de los cuales agresivamente reemplaza pequeños trozos de mosaicos tradicionales colocados sobre una línea horizontal por piezas verticales de vidrio o espejo que asemejan pequeños rascacielos. Según los artistas, esa “metamorfosis esquizofrénica, que muchos consideran sintomática de la ‘modernización’, está arrasando la historia arquitectónica y la memoria colectiva de la ciudad. Hay un nivel de destrucción, casi antiséptico, de todos los antiguos edificios y casas, caracterizado por una absoluta despreocupación por sus valores estéticos, con el fin de poner en su lugar una ciudad ‘nueva’, desalmada y vertical”6.

Monografía: Donna Conlon y Jonathan Harker — imagen 5
Donna Conlon y Jonathan Harker. Canción para beber, 2011. Foto fija de video HD de 1´58”.

En el proceso de crear sus videos, Conlon y Harker logran convertir los vestigios arquitectónicos y los desechos de una economía de producción masiva en significantes dentro de un diálogo sobre la erradicación del patrimonio histórico y el debilitamiento de la memoria de un país. Estas inquietudes compartidas fueron en enfoque del video Efecto dominó (2013), una obra filmada en el barrio colonial del Casco Antiguo de la ciudad de Panamá. Se trata de un sector histórico que en años recientes ha experimentado un intenso proceso de aburguesamiento y renovación (incluida la construcción de un multimillonario viaducto marino alrededor de la Península), que ha puesto en peligro su estatus como Patrimonio de la Humanidad otorgado por la Unesco. Como parte de su plan de reformas, el Estado panameño optó por renovar las vías internas del distrito, levantado las antiguas calles para reemplazar con ladrillos nuevos los originales adoquines coloniales, pedazos de nuestra historia que luego fueron utilizados para crear rellenos en otras áreas.

Para crear esta obra, Conlon y Harker contaron con la cooperación conspiratoria de los obreros encargados de “reparar” las calles, quienes les ayudaron en el arduo proceso de recoger miles de los antiguos adoquines a lo largo de varios meses. En el video, la acción empieza con el toque de un dedo que inicia la caída progresiva y aparentemente continua de una larguísima fila de adoquines cuidadosamente alineados por los artistas en una cadena que recorre las plazas y calles del sector antiguo. El sonido cumple un rol primordial, transmitiendo de manera sensorial el volumen de los adoquines cuando van cayendo y golpeando al siguiente. La obra, descrita por sus creadores como una metáfora del desarrollo como una reacción en cadena, funciona como un retrato de la ciudad y una alegoría sobre la progresiva destrucción de su historia. Aún más que en videos anteriores de Conlon y Harker, en Efecto dominó los objetos desechados que protagonizan la obra adquieren una calidad casi humana, como personajes que se mueven por la ciudad y que cuentan una historia, que en este caso culmina con un trágico final cuando el último adoquín cae al mar, con la moderna ciudad de Panamá como fondo.

Además de ser filmado en alta definición, Efecto dominó evidencia un cambio cualitativo que se dio en los videos producidos por Conlon y Harker a partir de 2011, incluido Drinking Song. A diferencia de sus filmaciones anteriores, creadas con luz natural y con base en una sola toma, las obras de años recientes son el producto de un proceso cinematográfico, con guion previo, el uso de storyboards y múltiples tomas planificadas en la creación de videos más sofisticados que producen la ilusión de un movimiento en cadena continuo, en el primer caso, y de una melodía ininterrumpida, en el segundo.

Monografía: Donna Conlon y Jonathan Harker — imagen 6
Donna Conlon y Jonathan Harker. Efecto dominó, 2013. Foto fija de video HD de 5´13”.

Esa sensación de fluidez cinematográfica también caracteriza Zincfonía tropical, de 2013, un video que despliega el lado más travieso y el sentido del humor que es parte integral del trabajo de Conlon y Harker. La obra muestra una coreografía fortuita en la que primero un mango solitario, y luego muchos mangos, caen y ruedan ruidosamente por techados de zinc. Los techos multicolores, angulares y corroídos evocan las casas precarias en los sectores más pobres de Panamá, a la vez que constituyen composiciones pictóricas que recuerdan tanto los bodegones de Cézanne como una serie de paisajes abstractos modernos. Nuevamente, percibimos cómo Conlon y Harker logran imbuirles personalidad a los objetos filmados. Según su propia descripción: “En un momento durante su viaje, el mango solitario es rebasado por una estampida de mangos salvajes, evocando nociones de colectividad, individualidad y soledad”. Con sus mangos alegres y sonrojados, Zincfonía tropical ofrece una experiencia sinestética que nos cuenta algo sobre el trópico, el placer de la improvisación y aquellos individuos que eligen un camino diferente al de los demás.

En notable contraste, y a pesar de sus trucos mágicos, efectos teatrales y una fluidez casi coreográfica, Manos invisibles (2014), el más reciente video de Conlon y Harker, no parece representar un juego sino una sombría realidad política. Contra un fondo negro, vemos cómo las manos de un mago con guantes blancos y las de los artistas participan en múltiples interacciones con una gran cantidad de monedas. Se trata específicamente de monedas panameñas de un balboa (equivalente a un dólar americano) conocidas popularmente como “martinellis”, en honor y burla del expresidente panameño que arbitrariamente mandó a acuñar cuarenta millones de ellas en 2011. En el video, aunque las manos no son invisibles, sí lo son las personas que vemos contando, apilando, redistribuyendo, traspasando, embolsando y lavando el dinero. Como en un espectáculo de magia, las monedas aparecen y desaparecen. El video refleja las preocupaciones de los panameños por la malversación de fondos que ha caracterizado a sus gobiernos más recientes, particularmente el del expresidente Martinelli, contra quien la Corte Suprema panameña recientemente ordenó una investigación por corrupción.

Las obras de Conlon y Harker emplean un lente local para interpretar problemáticas de resonancia mundial, motivo por el cual despiertan el interés del público panameño tanto como de museos internacionales. Aunque con sus videos de notables cualidades formales y estéticas logran enfocar nuestra atención en graves problemas ecológicos y sociopolíticos, siempre lo hacen con gran sentido del humor. Como pareja artística, generan una alquimia especial, empleando un lenguaje tropical, geopolítico y poético que nos engancha por lo divertido, pero nos deja pensando por lo conceptual.

NOTAS

1. Walo Araújo, “Donna Conlon y Jonathan Harker”, Estrecho dudoso (San José: Teorética, 2006), p. 58.

2. José Manuel Noceda, “No van lejos los de adelante…”, en XXXI Bienal de Pontevedra – Utrópicos. Santiago Olmo, ed. (Pontevedra, España: 2010), p. 134.

3. Alejandra Villasmil, “Una bienal integral, que no es apenas una gran exposición”, Artishock, Revista de Arte Contemporáneo (Santiago de Chile: 13 de septiembre de 2011).

4. Carmen Ferreyra, “Imágenes y sonido en Drinking Song por Donna Conlon y Jonathan Harker”, Sauna, Revista de Arte (Buenos Aires: Año 3, Nº 25).

5. Jonathan Harker, “Donna Conlon y Jonathan Harker: cervezas y arte”, Ellas, suplemento de La Prensa (Panamá: 14 de julio de 2014).

6. D. Conlon y J. Harker, XXXI Bienal de Pontevedra – Utrópicos, p. 142.

MONICA E. KUPFER

Doctora en Historia del Arte, crítica de arte y curadora.

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