La exposición “Cristiano Mascaro y la Serie Bom Retiro y Luz”, organizada por el curador Pedro Nery, del equipo curatorial del Museo Pinacoteca del Estado de São Paulo, presenta 47 fotografías producidas sobre gelatina de plata, a partir de negativos captados por el fotógrafo en los años setenta. Ese conjunto fotográfico retrata dos barrios tradicionales de la ciudad de São Paulo, Bom Retiro y Luz, que hoy viven un proceso de degradación urbana, aunque también existe un esfuerzo enorme de la Alcaldía de la ciudad, instituciones locales, artistas y ciudadanos para revitalizar la zona, en la que se localiza la Pinacoteca.
Esas imágenes constituyen las primeras de la Colección de fotografías de la Pinacoteca; fueron donadas por el fotógrafo Cristiano Mascaro en 1976. La donación tuvo lugar al final de la primera exposición de esa serie en 1976, realizada por la Pinacoteca a partir de un encargo a Mascaro, hecho por la entonces directora del museo, Aracy Amaral. Todas ellas tomadas a lo largo de una investigación y producción cuyo objetivo era el establecimiento de conexiones con el entorno. Así, el Museo se abría hacia los dos barrios adyacentes. Cristiano Mascaro editó en la época 41 imágenes organizadas para la primera exposición, pero el inquietante tema llevó al fotógrafo a concentrarse en esa investigación, incluso después de la primera muestra, y en 2003 la colección se enriqueció con otras siete ampliaciones del autor preparadas para esa serie.

La colección mencionada permite no sólo una visita temporal a dos de los barrios más tradicionales y antiguos de la ciudad, conectados simbólicamente por la Pinacoteca, frontera entre los dos, sino que también permite un análisis sobre la estética y la mirada urbana del artista, justamente en el momento en que iniciaba su carrera, hoy consagrada.
Imágenes fotográficas en las que se utilizó ampliamente el alto contraste en equilibrio con el constructo geométrico, estética en que la diversidad y pluralidad histórica de la región están evidenciadas por la inserción de los personajes urbanos en el contexto del espacio; la exaltación de las ambigüedades, señas de la opulencia por el recuerdo arqueológico que revela la riqueza de la ciudad, debida a la tradición de la economía cafetera, y la crisis, la visión antropológica en síntesis de los grandes encuentros de múltiples culturas y períodos; el trabajo, el ocio, las diversas marcas de la estética urbana, en fin, Cristiano Mascaro ejercitó su mirada tejiendo un panorama síntesis de un imaginario que sedimenta varias etapas temporales, poniendo siempre gran interés en el paisaje humano. Sus fotografías se destacan por la intersubjetividad con la que el artista buscó entender el papel y el comportamiento de los ciudadanos.
Mascaro se sumerge de manera antropológica en sus narrativas, contextualiza al individuo y hace eco a lo colectivo; en ese sentido, aunque de manera intuitiva, el fotógrafo trajo a cuento variantes en una manera de aproximar diversos aspectos ciudadanos, relacionados con lugares y recintos en donde se desarrollan los acontecimientos elegidos por el fotógrafo, quien dibuja, por medio de su cámara, los gestos, lo cotidiano, las acciones humanas. Tal emprendimiento genera una escenificación de percepciones sociales estructuradas de manera imaginaria y, por tanto, como hechos sensibles de naturaleza mental, que se imponen sobre la naturaleza factual; se inscribe el gesto poético, estético, creativo. Paul Klee decía: “el arte no reproduce lo visible, crea visibilidades”. Es justamente en ese terreno en el que se consolidó la obra de Cristiano Mascaro. En la época en que desarrolló ese proyecto, traía la experiencia del fotoperiodismo, y fue justamente el dominio periodístico lo que lo llevó a trabajar con una cámara liviana de 35 mm, y así, discretamente, se insertó en el universo de sus narrativas tejiendo crónicas ciudadanas.
El potente resultado conquistado por Cristiano Mascaro en esa serie refleja la condición de su poética narrativa, de un ensayo fotográfico en que los modos de ser ciudadano se presentan de manera contundente. En los más de cuarenta años en que el trabajo fue realizado, el espacio evocado se transformó mucho, como no podría ser diferente en una ciudad como São Paulo, pero la naturaleza del trabajo de Mascaro ayuda a comprender las dinámicas de la ciudad, por los imaginarios urbanos; aquí destaco el pensamiento del intelectual colombiano Armando Silva, autor del concepto “imaginarios urbanos”: para Silva, los imaginarios no son apenas representaciones abstractas, sino que se “encarnan” y se “incorporan” a los objetos de la ciudad que se encuentran a la luz pública, y de los que podemos deducir sentimientos, emociones. Esos sentimientos se pueden archivar mediante escrituras urbanas en las cuales las maneras sensibles se imponen sobre el objeto urbano, de modo que esos objetos no conservan solo su valor utilitario, sino también la valorización imaginaria que los dota de otra substancia representativa. La serie Bom Retiro y Luz es un ejemplo de imaginarios urbanos.
Cristiano Mascaro (Catanduva, São Paulo, 1944). Fotógrafo, arquitecto y profesor. Graduado en arquitectura, en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU/USP). Inició su carrera fotográfica en 1968, cuando es convidado a participar en el primer equipo de la revista Veja, en donde permanece por cuatro años. Fue profesor de fotoperiodismo de la Enfoco Escola de Fotografía entre 1972 y 1975; dirigió el Laboratorio de Recursos Audiovisuales de la FAU/USP entre 1974 y 1988; enseñó comunicación visual en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de Santos de 1976 a 1986. En ese último año recibió el título de Maestría, y en 1995, de Doctorado en la Universidad de São Paulo.
