Valeska Soares es una artista que no quiere dar un sentido fijo a sus obras. Cada exposición es una experiencia sumamente trabajada, a la par que la motivación que se necesita del público para que exista. Ya sea en sus instalaciones con perfume, con luces o esta con libros, sillas-escalera y el reloj, todo está en suspensión, como un estar tácito que se asocia a la vida, a la vez que se escapa. Any Moment Now…, está integrada por un montaje en forma de marco, trescientos sesenta y cinco cubiertas de libros cuyos títulos hacen referencia al tiempo. Libros de literatura de todas las épocas y todos los géneros, agrupados en las cuatro estaciones del año, crean una situación metatextual acerca del tiempo. La autora impulsa acciones duales, contradictorias: leer todo en esas cubiertas o ignorar el texto y concentrarse en las imágenes y el valor de la tipografía. Mover el cuerpo a lo ancho de las paredes y descubrir lo material que a la vez se ha desmaterializado y ya no es literatura, sólo las portadas. El espectador está en una biblioteca que no es biblioteca sino una narrativa equivalente al calendario: una cubierta por cada día del año. Cada cubierta de un libro que habla del tiempo, es un libro que se niega a ser leído. Una cubierta que bombea el tema como una luz intermitente, y a la vez se niega a decir lo que el escritor le dio a guardar. ¿De qué nociones de tiempo hablará la primer cubierta de la primera fila vertical? ¿Qué oculta la cubierta que tiene uno justo enfrente al preguntarse esto?

Valeska Soares nació en Belo Horizonte, en la intensa tierra del estado de Minas Gerais. Todas esas vibraciones de origen en esta artista que vive y trabaja en Brooklyn (Nueva York) desde hace una par de décadas. Soares estudió arquitectura y su obra atiende al lenguaje desde una visión conceptual y minimalista. Habita ambos movimientos artísticos sin encasillarse, sin rigidez; más bien fluctúa en ellos creando narrativas de ficción. Ésta y sus otras exposiciones son creaciones subjetivas, siempre. Así es el arte. Con Valeska Soares alcanza un grado de abstracción y de subjetividad que también incluye para el espectador tentación y frustración, seducción y rechazo, a través de la variedad de materiales reales que utiliza. En la exposición, más que exponer, modifica el espacio, y la manera en que el espectador es enfrentado por las obras. Sus instalaciones son confrontaciones sensibles.
Esta galería tiene dos sedes. Las cubiertas están montadas sobre lino y presentadas salon style en un edificio. En la otra sede –la que da nombre a la galería– se encuentra Ouroboros, un reloj suspendido del techo que sólo tiene las manecillas del minutero y del segundero, la de las horas no está. De donde cuelga, se instaló un mecanismo que lo hace girar. Ouroboros es un término del griego y significa “el dragón o la serpiente que se come su propia la cola”. En este caso, alude a la forma del aro que rodea al reloj, aunque también tiene otros significados, entre ellos, la autorreflexión. Tanto la bestia que se devora su propio límite como la autorreflexión atienden al contexto del tiempo que se persigue a sí mismo, y cómo cada quien se enfrenta a sus decisiones o concientizaciones temporales. El mencionado reloj es de hombre, de esos de bolsillo, con cadena (leontina). Al estar suspendido del techo en medio de la galería, altera su habitual ubicación. Como se mueve –por el mecanismo, la gente intenta moverlo, o se tuerce por el aire–, hay más de un ritmo, y configura más de un tiempo en una interacción entre tiempo y espacio. Se puede trasladar este par tiempo-espacio a las cubiertas, que por oposición están fijas, rígidas, y señalan un hipotético tiempo contenido en observarlas, o en lo que sería leerlas, o hasta leer los libros que protegían. La artista infiere aquí que el reloj –con su simbología de medir el tiempo– ubica al espectador en el tema que tratan los títulos de las “pinturas” en la instalación antes mencionada. Uniendo las dos experiencias de ambas salas, Valeska Soares consolida un tema tan escurridizo como angustiante, tan físico como intangible: el tiempo.
La artista trabaja en el taller, aunque también integra espacio y tiempo en sus investigaciones. Viaja buscando los puntos neurálgicos de cada proyecto, usa materiales rescatados o concibe y manda a hacer objetos. Valeska Soares no quiere construir las representaciones de los modelos fijos e ideales, por ejemplo, de un jardín o de una biblioteca. Ocasionalmente invierte esta relación, habiendo llegado a hacer modelos de macetas y destruir los originales. Como creadora, tiene el impulso de concebir espacios donde se transgredan las representaciones habituales con sus sugerencias nuevas, aunque eso implique que no están desprovistas de riesgos.
GRACIELA KARTOFEL
