Fuerza y suavidad tienen el mismo peso en la obra de Tomie Ohtake1, artista nipo-brasilera que desde hace seis décadas sigue firme en su propósito de reinventarse a sí misma. Es lo que revela su reciente muestra individual en la Galería Nara Roesler, donde presenta pinturas inéditas en las que explora efectos monocromáticos y juegos ópticos.
Expresión máxima de la abstracción informal, la artista centenaria, que nació en Kioto en 1913, llegó a Brasil en 1936 y sólo comenzó a pintar a los 40 años de edad. En los años sesenta, cuando se naturalizó como brasilera, inició su opción por la abstracción informal. Desde este inicio de trayectoria, privilegió una gama cromática reducida, con predominancia de dos o tres colores. En este territorio estilístico, la artista se dedicó a explorar constantemente los dominios de la relación forma-color, componiendo variantes de expresiva fuerza poética, tanto en la pintura como en el grabado y en la escultura.
En la exposición reciente, Tomie Ohtake extrae silencio y ritmo de un universo minimalista, en contraposición al rigor de la tradición constructivista brasilera. Ya sea por sus pinceladas aparentemente caóticas que casi mezclan los elementos con el fondo, o sea en la concisión gestual casi invisible en figuras que sobresalen en la monocromía o bicromía, la artista consigue imprimir subjetividad y sutileza a sus trabajos.

La posibilidad pictórica de sorprender la mirada que se revela en la materialidad y la densidad del pigmento es constante en la trayectoria de la artista. El registro de la pincelada visible, en un juego entre formas redondeadas y rectilíneas, figuras geométricas y manchas, genera efectos ópticos, que sugieren figuras cambiantes. Proponiendo relaciones variables entre fondo y superficie, pincelada, volumen de pigmento y color, la artista potencia el efecto de trompe l´oeil a partir de la monocromía.
Desde el comienzo de su carrera, Tomie Ohtake ha tenido activa participación en los principales espacios de arte nacionales e internacionales, y su presencia se amplía permanentemente. Las centenas de exposiciones y premios muestran el carisma popular de la artista, cuyo lenguaje atrae la opinión positiva tanto del público general como del medio crítico. Un ejemplo citado siempre en la bibliografía respecto de su popularidad fue su primera retrospectiva, realizada en el Museo de Arte de São Paulo (MASP) en 1983. A la inauguración comparecieron más de 4.000 personas, el récord de la institución. La relevancia de Ohtake en el escenario de las artes visuales brasileras se reafirmó con la apertura del Instituto Tomie Ohtake, homenaje a la artista y cuyo proyecto arquitectónico lleva la firma de su hijo Ruy Ohtake.
La economía de elementos y el máximo de efecto visual están en el meollo de su estilo, que conquistó la mirada del espectador por su efecto de sorpresa y posibilidad táctil. Esas características adquirieron cuerpo en su obra, especialmente a partir de los años 1980, cuando imprimió a su universo pictórico de características difusas y referencias cósmicas elementos de la naturaleza y sus formas orgánicas. En lugar de planos de colores sólidos y cerrados, surgieron manchas de color yuxtapuestas y sobrepuestas. A partir de la década de 1990, la transparencia y la profundidad se acentuaron.
Tomie Ohtake hizo también una serie de grabados en grandes formatos, transformándolos casi en objetos. Comenzó trabajando con serigrafía y litografía a partir de los años 1970, lo que, según la crítica, revitalizó su propia obra pictórica, que ganó la línea curva y las formas orgánicas. En obras realizadas a partir de la década de 1980, Ohtake empleó una escala de colores más cálida y contrastes cromáticos intensos.
Ohtake también ha realizado esculturas de grandes dimensiones para espacios públicos. Realizó, por ejemplo, la Estrella del mar (1985), ubicada en la laguna Rodrigo de Freitas, en Río de Janeiro. Desde la 23ª Bienal de São Paulo, en 1995, cuando sus esculturas se mostraron en una sala especial, viene acrecentando su producción tridimensional. Propuso inusitadas intervenciones en espacios urbanos, produciendo esculturas de grandes dimensiones, como las Ondas, en homenaje a los ochenta años de la inmigración japonesa, instalada en la Avenida 23 de Mayo, en São Paulo. En esculturas más recientes, trabajó con tubos delgados que establecen sinuosos recorridos en el espacio, como muestran las obras en el centro cultural que lleva su nombre; las generosas dimensiones contrastan con los delicados dibujos en el espacio y sutiles movimientos pendulares.
La marca principal del trabajo de Tomie Ohtake reside exactamente en el contraste entre fuerza y delicadeza, como enfatiza la ambigüedad perturbadora y fantasmagórica de sus recientes pinturas monocromáticas. Nada parece ser definitivo y todo cambia de acuerdo con el ángulo de observación. Tomie Ohtake construye su obra reconciliando la sabiduría de la tradición oriental y la experiencia visual del sujeto moderno, revelando intenso diálogo entre la historia y la contemporaneidad. En entrevista para la prensa, la artista siempre enfatiza la importancia del arte oriental en su pintura, en especial el japonés, afirmando que esa influencia se verifica en la búsqueda de la síntesis, en la que pocos elementos pueden decir mucha cosa. Además Ohtake declara que hace una “pintura silenciosa”. Silencio éste que es suficiente para revelar el vigor de su obra.
NOTA
1. Tomie Ohtake falleció el 12 de febrero de 2015.
ALESSANDRA SIMÕES
