Un galerista en Bruselas muy interesado en la fotografía del artista argentino Sergio Fasola anuncia su exposición a través de un correo adjuntando la invitación. No es sorprendente, dadas las cualidades de la obra de este artista. Al llegar a la exposición, un portal de madera contiguo a una fachada aventanada, todo pintado de blanco, en una zona muy activa de esa ciudad capital, introduce a un hall –otrora garaje– con antigüedades y algo de obra contemporánea. Se desemboca en un hermoso y amplio espacio donde Fasola luce sus mundos de realismo mágico.
En Arthus se exhibía una selección de las series Mujeres pintadas, El campo, Inmigrantes y Paisajes, en total, catorce obras y una gran mesa con catálogos y revistas internacionales que brindaban al público la bibliografía disponible. Al respecto, una de las varias anécdotas en la exposición: una coleccionista adquirió dos obras, una de las allí expuestas y otra reproducida en Photo World-China, parte de la bibliografía mencionada. El artículo y entrevista en esa publicación se titula “Pintando con luz ilógica”, título que describe con exactitud lo que constituyen el núcleo de la técnica y la visión en las intensas propuestas de este artista.

Fasola nació en la provincia de Santa Fe. Luego de un período de intenso trabajo en Buenos Aires –no sólo en fotografía, ya que también es sólido pintor y además realizó exitosas temporadas en televisión, con un personaje que inventó, a quien le escribía los irónicos libretos de la actualidad política–, retornó a su lugar natal, donde vive y trabaja. Continuó en la fotografía analógica mientras desarrollaba un giro autodidacta en la integración de los procesos digitales de manera autoral distintiva. Este artista ya ha obtenido todos los premios en su país, habiendo expuesto en el exterior en varias ocasiones. Mantiene un perfil bajo y se dedica a su obra investigando a diestra y siniestra en fotografía, en pintura, y con la voluntad también puesta en el objeto. ¿En qué consiste su trabajo allí exhibido?
La serie Mujeres pintadas incluye referencias a la historia del arte de diversos períodos. Fasola interviene cada imagen de manera diferente, en todos los casos con elementos que dan pistas de que las obras son realizadas en el presente. Paisajes es una serie en que ejercita lucidez cromática. En este portafolio, el artista retoma los aspectos ecológicos que ha enfocado antes ocasionalmente pero los refiere desde una visión minimalista, o desde el land art, con el elegante humor que lo caracteriza. Si la creación de atmósferas es algo que distingue la obra de Fasola, aquí, en escenas a plena luz, confirma que es uno de sus gestos estéticos más valiosos. Cada una de las fotografías capta la síntesis de lo que puede entenderse por paisaje. El equilibrio es perfecto, lo curioso es que es logrado por medio de diversas tensiones que se motivan y sostienen mutuamente. En la obra El tigre, de la serie El campo, se visualiza la célebre frase que circula por el orbe: el campo argentino como granero del mundo. En esta fotografía, el sembrado crecido, dorado, prometedor, se presenta junto con un cielo tormentoso que cierra la escena. La estirpe caballar, el horizonte sólo habitado por árboles aislados y la soledad, consolidan la escena que remata en la aguda máscara del Tigre, una máscara que opone la carencia de raíz indígena del país del sur –todos los indígenas fueron exterminados en la campaña de 1852– a las ricas culturas precolombinas de los otros países de América Latina.
La serie Inmigrantes ofrece miradas insólitas sobre Argentina y reconocimientos imprescindibles acerca de la identidad. Nuevamente a través del humor, el artista nos enfrenta con lo cotidiano devolviéndolo en un espejo que agrega condimentos a lo conocido. Las obras tituladas Biutiful Buenos Aires y The Best Choripan son dos de los ejemplos pertinentes. En el primer título, el error en la escritura es a propósito. En el segundo, la mezcla de inglés y español –hasta debe decirse, modismo– constituye la realidad de los migrantes. A Buenos Aires llegan personas de los países limítrofes, decididas a encontrar una mejor manera de sobrevivir. Es un tipo de migración, y la imagen demuestra que la ilusión prevalece sobre la realidad. La otra cara de la moneda refiere a tantos y tantos argentinos que salieron de su país sin más opciones que saber usufructuar las costumbres cotidianas de hacer carne a la parrilla, por más que se le dé una forma y un nombre con un cierto gancho atractivo. Y en el cartel-menú, los errores gramaticales confirman el punto de encuentro entre unos y otros, los que llegan y aquellos que salen. Ese punto a medio camino que deja la ilusión flotando en el aire y devuelve a cada quien a la realidad.
GRACIELA KARTOFEL
