Exposición Individualmar 2015 - may 2015· Por Jeffrey Cyphers Wright

Sebastião Salgado

International Center of Photography

A veces parece que Sebastião Salgado es un gigante, literalmente y también en sentido metafórico. A menudo mira la tierra desde lo alto, tomando fotografías matizadas con lo celestial y carbonizadas por lo infernal.

En una entrevista con Ken Lassiter, Salgado dijo esta célebre frase: “Si uno toma una fotografía de un humano, que no lo ennoblece, no hay razón para tomarla. Ese es mi modo de ver las cosas”. Sus últimas obras representaban un alejamiento de sus primeras series sobre el hambre, el desplazamiento y el trabajo manual. Pero el lirismo que lo caracteriza, y que él encontró en las luchas y el sufrimiento, estuvo siempre presente en estas nuevas escenas idílicas. 

Los temas de 238 fotografías en blanco y negro expuestas en el Centro Internacional de Fotografía (ICP, por su sigla en inglés) (y que han viajado mucho) eran inmaculados paisajes y los pueblos indígenas, los animales y las plantas que habitan en ellos. El colosal proyecto culminante, llamado Genesis, fue realizado durante un período de ocho años y estaba dividido en cinco secciones geográficas. La esposa del fotógrafo brasileño, Lélia Wanick Salgado, curó y diseño la exposición.

Exposición Individual: Sebastião Salgado  — imagen 1
Sebastião Salgado. Teureum, sikeirei y líder del clan Mentawai. Este chamán está preparando un filtro para sagú, con las hojas de este mismo árbol. Siberut Island. West Sumatra. Indonesia. 2008. © Sebastião Salgado/Amazonas

El objetivo fue retratar las zonas todavía intactas del planeta y, de ese modo, despertar nuestra conciencia colectiva. Fiel a su nombre bíblico, Genesis fue un cometido espiritual, una Capilla Sixtina para nuestro tiempo. Salgado apeló a nuestra estética y también a nuestro sentido del deber. 

Al ingresar a la sección “Northern Spaces”, en el primer pie de foto se leía: “Bighorn Creek in the western part of Kluane National Park, Canada, 2011” (“Arroyo Bighorn, en la parte occidental del Parque Nacional Kluane, Canadá, 2011”). En esta impresión horizontal (90 por 123 centímetros), el negro y el blanco competían en crestas alternadas de roca y nieve que se extendían hacia el horizonte. Rítmica y fascinante, la escala glacial imponía una sensación de inmersión. Al mirar sobre el erosionado valle, nuestra orientación en tiempo y espacio se alteraba, nuestra perspectiva se ampliaba.

Estrías y marcados contrastes eran motivos recurrentes. Al seguir a los nenets del Ártico siberiano, Salgado tomó dramáticas fotografías aéreas de manadas de renos. Puntos negros se extendían sobre kilómetros de nieve, desde el horizonte en el extremo superior izquierdo hasta el primer plano en la parte inferior derecha. En una toma más de cerca, los renos caminaban varios en fondo, formando columnas agrupadas, con sus contornos oscilando contra el infinito blanco. 

Vistas en forma abstracta, las imágenes podían formar tropos geométricos. En varias fotografías sobre los ganaderos dinka africanos, enormes cuernos formaban sorprendentes diseños circulares a medida que emergían entre el humo de la quema de boñiga. Cebras galopantes aparecían en polvorientos rayos mientras el sol traspasaba las nubes. Los ángulos rectos de un mágico castillo de hielo tallado por el viento desafiaban las posibilidades de la naturaleza. 

Salgado siempre imparte un efecto global áureo, a menudo utilizando retroiluminación. Los tonos se tornan tan cálidos que pueden parecer pintados a mano. En un retrato grupal de chamanes kamayura (de la Amazonía), el fondo se esfumaba y se convertía en una dramática sombra, impulsando las figuras hacia adelante y envolviéndolas en mística dignidad. Dados el tema y la técnica, estas representaciones podían evocar la extraña sensación de ver un diorama tridimensional.

Aunque la obra estaba estructurada con una metodología de custodia e inventario, la mayoría de las fotografías estaba imbuida de personalidad. La paciencia vale la pena mientras el artista espera que una lagartija aparezca o una nube se pose como una gorra sobre un volcán.

En una escena de un hombre korowai que está bebiendo de un arroyo (Papúa Occidental, Indonesia), el impulso compositivo de Salgado era evidente. Enmarcado por anchas hojas, el arco de la figura arrodillada estaba colgado a su espalda, activando una llamativa matriz de diagonales. No toda la obra era tan singular, y la muestra habría podido beneficiarse de una edición con más criterio.

En cuanto a tema y formato, el estilo era evidentemente anacrónico, y se relacionaba con la obra de Ansel Adams y de fotógrafos comprometidos desde el punto de vista de lo social como Edward Curtis, Lewis Hine y Dorothea Lange. Salgado hizo eco al ideario de lo que Cornell Capa llamó “el fotógrafo preocupado”, y con grandes resultados. Como era de esperarse, quizás, el artista ha sido criticado por obtener imágenes que algunos consideran formulistas y sentimentales.

Salgado admite que lo del arte versus la dialéctica del reportaje ha sido un problema para él. Pero no hay duda de su impulso activista y su impacto político. Su obra sobre la sequía africana lo llevó a ser miembro del comité de Médicos sin Fronteras.

En general, la colección fue un espléndido tour de force que reflejó el optimismo de una visión heroica. Fue un verdadero placer para los espectadores, una fiesta mundial. A la vez, fue un serio intento por inculcar moralidad y fomentar cambios con relación al medioambiente y la sostenibilidad.

En lo concerniente a la finalidad, Vilém Flusser escribió: “La tarea de una filosofía de la fotografía es… reflexionar sobre cómo es posible darle significado a la vida humana ante la necesidad accidental de la muerte. Necesitamos esa filosofía porque es la última forma de revolución que todavía es accesible para nosotros”.

Salgado es un revolucionario que libra una lucha justa. En una de sus imágenes más simpáticas, una hilera de pingüinos barbijo se desliza por la ladera de un iceberg. El líder ya va rumbo al mar embravecido que lo espera abajo, y está suspendido en el aire. Nosotros también estamos atascados entre mundos, suspendidos por la gran obra de Salgado. Su advertencia es clara: debemos cambiar para permanecer iguales.

JEFFREY CYPHERS WRIGHT

Sebastião Salgado, por Jeffrey Cyphers Wright | artnexus