Exposición Individualmar 2015 - may 2015· Por Graciela Kartofel

Marta Chilindron

Institute of Fine Arts (IFA)

Es una clara y significativa coincidencia que Marta Chilindron, una artista que evita catalogarse dentro de cualquier movimiento de arte específico, haya llegado a un grado de desmaterialización constructivista-deconstructivo desde que comenzó sus trabajos en vinil transparente y luego en acrílico (2000) y otros materiales sintéticos, con el acento puesto en la transparencia. “Trabajaría con vidrio si no fuera tan peligroso”, dijo la artista en una entrevista telefónica reciente. La coincidencia consiste en ese no poner límites precisos, no encerrar, ofreciendo una percepción abierta en tiempo y espacio. Ubicado el lector en el contexto de la autora y su producción, analicemos la experiencia de su exposición Sculptures Expand//Fold//Collapse, en el Gran salón de exposiciones de IFA, el Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York. Este elegante edificio afrancesado que perteneció a la familia Duke, en contraste con las esculturas de Marta Chilindron en plexiglás, es un ejemplo de interacción temporal de las artes. El poner obras de muy diferentes momentos históricos es un riesgo que aun hoy en día no toda la gente asume. En esta exposición queda demostrado que lo estable (el edificio de época) no sufre frente a lo actual. Con sus transparencias, formas físicas geométricas, dimensiones cambiantes, y con su colorido diferente a las características del Gran salón, Expandir, doblar, colapsar estableció una relación valiosa tanto para quienes habitan cotidianamente ese espacio educativo como para el público ocasional. Corresponde señalar que algunas de las obras de Chilindron de menor formato perdían parcialmente su flexible identidad, por ejemplo, Convertible Circle, que estaba ubicada sobre una mesa de mármol intensamente veteado. Pero reconozcamos que esta ubicación es tan temporaria como semiótica. Una obra plegable del tamaño de un libro grande abierto se puede reubicar en diversos espacios. A la par, el que se vea y que se haga casi invisible es una opción del lenguaje estético de la autora.

Exposición Individual: Marta Chilindron — imagen 1
Marta Chilindron. Mobius, 2013. Acrílico. Dimensiones variables. Cerrada: 91,4 x 162,5 x 160 cm. (36 x 64 x 63 pulgadas).

El término “articuladas” también importa para la percepción cabal del trabajo de Chilindron. Todos son planos y volúmenes, existen en delgadas láminas sujetas entre sí por medio de bisagras que la autora maneja como elementos estéticos y funcionales. La artista trabaja con materiales industriales y sintéticos, lo que no es nuevo, pero su enfoque sí aporta otra dirección. Lo sintético nos remonta a Naum Gabo, con quien Chilindron coincide en el interés de que tiempo, espacio y movimiento son las entidades significativas en la obra de arte, por sobre la materia y lo material. Otros artistas relevantes han trabajado polímeros desde época temprana –hacia los setenta– pero con estéticas muy diferentes a la de Marta Chilindron: los argentinos Gyula Kosice, Rogelio Polesello, y el mexicano Feliciano Bejar.

La exposición, que abarcaba obras de 2006 a 2014, fue curada por Susanna V. Temkin y Katherine J. Wright, quienes realizaron un bien documentado catálogo. Dos esculturas estaban bien museografiadas en el hall de entrada al edificio. Ring, de 2013, presentada plana en el paño de muro, era hipercambiante, debido a la luz natural que recibía desde la calle y a la ocasional luz interior. La ubicación de Ring es un ejemplo a seguir por coleccionistas y arquitectos interioristas. En el mismo espacio de acceso, en un hueco de tipo “elevador”, se ubicó Wall Cube, de 2014. Como todas las obras de Marta Chilindron, esta obra de acrílico amarillo tiene dimensiones variables. Concebida por la artista para poder sujetar el cubo y que éste a su vez emerja con un considerable volumen, Wall Cube admite ser obra acabada y, a la par, lucir su estructura a la vista. Este par caracteriza toda la exposición y hasta se extiende a las obras tempranas en madera debidas a la autora. Ya en la sala se encuentran Sphere, de 2008; Convertible Circle, de 2009-2014; Helix, de 2011, y Mobius, de 2013. Todas son de acrílico, en dimensiones pequeñas y medianas. Frente a ellas, se desplegaban, plegaban y replegaban dos piezas de gran formato realizadas en doble pared de policarbonato: Green Pyramid, de 2006, y Cube 48 Orange, de 2014. Si bien los límites de cada una de estas obras son físicos, dejan en el espectador la experiencia de que el movimiento podría continuar hasta el infinito, dado que está inserto en la propia estructura de cada escultura.

Desde sus tempranos dos períodos de trabajos en madera, Marta Chilindron realizaba todo por sí misma. En esta etapa, de una década y media, ya no realiza todo sola pero “Los grados de preparación son intensos, tienen varias etapas que deben ser muy precisas. Me gustaría hacerlo sola pero estos cortes implican un trabajo en colaboración que también me gusta”. Son objetos que crean el ritual de expandir, doblar, colapsar, con sus consecuentes de transparentar, ocultar, dejar a la vista. El espectador decide cuándo para de jugar.

GRACIELA KARTOFEL

Marta Chilindron, por Graciela Kartofel | artnexus