John Castles

Sin título, 1984. Acero soldado. 210 x 610 x 525 cm. (82 3/5 x 240 x 206 pulgadas).

Ensayomar 2015 - may 2015· Por Miguel González

John Castles

John Castles es un escultor en pleno vigor creativo, él ha sabido y podido continuar con la práctica geométrica, racional y rigurosa de la escultura abstracta en Colombia que tenía los antecedentes de Edgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar y Carlos Rojas. Sus planteamientos han logrado marcar la diferencia y ampliar los horizontes de obras tridimensionales en metal no solamente para espacios interiores sino para el paisaje urbano y el ofrecido por la naturaleza.

Hace cuarenta y cinco años que John Castles, escultor nacido en Barranquilla en 1946, se dedica a producir trabajos tridimensionales buscando siempre rotundidez de forma y dejando ver los metales como elementos expresivos y persuasivos. De 1970 datan sus iniciales estructuras, y por una única vez estás fueron realizadas en madera. Fueron exhibidas en su primera muestra individual en la galería El Parque, en Medellín, ciudad donde el artista fue a culminar sus estudios de Arquitectura en la Universidad Nacional, después de iniciarlos en la Universidad Javeriana de Bogotá, donde siendo estudiante participó en el IV Salón de Pintura, y en la Universidad de los Andes y la Biblioteca Nacional, en 1968.

Pero es a partir de 1972 cuando su escultura se decide por el aluminio pintado como elemento predilecto. Naturalmente, el uso de este metal, la utilización de tuercas y tornillos, así como los colores planos para la superficie, tenían un antecedente en la obra de Edgar Negret, que para esa época había llegado a la madurez de su lenguaje. Castles admiraba a Negret pero también quería diferenciarse. Sus formas apuntaron a problemas físicos y estructurales, y así, se alejaron de las evocaciones ingenieriles y humanísticas de su predecesor. Las esculturas de Castles estaban estructuradas con planos rectos y dejaban ver las soluciones espaciales mostrando lugares vacíos y marcando los llenos con superficies de aluminio pintado bordeados de tornillos. Los títulos de sus obras entre 1972 y 1974 eran Articulación, Progresión Laminar, Progresión Simétrica y Modulación Vertical.

Ensayo: John Castles — imagen 1
Perpendicular, 2011. Acero. 79 x 105 x 95 cm. (31 x 41 ¼ x 37 2/5 pulgadas).

Castles ya había participado en exposiciones colectivas de importancia desde 1972, año en que formó parte del I Salón de Artistas Jóvenes, organizado por el Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali, y también de la III Bienal de Arte de Coltejer, en Medellín. Desde allí comienza su intensa carrera, que de forma ininterrumpida se sigue consolidando hasta hoy.

A lo largo de su desarrollo profesional como artista, Castles siempre ha tenido la atención de la crítica, dispuesta a desentrañar de sus formas austeras variados significados. En su primera muestra individual, Luis Fernando Valencia aseguró: “El ambiente clásico que poseen las esculturas de John Castles viene dado por una intensa necesidad de orden que produce el predominio de las formas relativamente simples; el módulo como sistema que reitera contribuye a acentuar este fenómeno. En este sentido, se contrapone a las formas románticas, más basadas en la variedad y complejidad propias de la naturaleza”. Durante la década del setenta estuvo particularmente activo. Participó en el XXIV y XXV Salón Nacional de Artes Visuales obteniendo un premio en 1974. Hizo parte del II Salón Atenas del Museo de Arte Moderno de Bogotá y fue incluido en la muestra Novísimos colombianos, que Marta Traba organizó para el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Se lo incorporó en dos colectivas temáticas: 8 esculturas colombianas, en La Tertulia de Cali, y La nueva escultura colombiana, en la Universidad de Antioquia. En 1979 participó en la I Bienal de Grabado, en Buenos Aires. El crítico cubano Galaor Carbonell escribió en 1975: “Basándose en la imagen del cristal, Castles produce esculturas altamente disciplinadas, formuladas por aristas que forman volúmenes cuyas plantas siempre encuadran el rectángulo. Y este cristal escultórico, subdividido en módulos, es a su vez el módulo que Castles programa para que, partiendo del mismo, nosotros contemplemos la posibilidad de elaborar un universo donde reine la estructura”.

Ensayo: John Castles — imagen 2
Esquina 8, 1982. Acero. 150 x 150 x 150 cm. (60 x 60 x 60 pulgadas). Foto: Oscar Monsalve).

 En 1975 se organizó en la Galería La Oficina, en Medellín, la exposición La generación urbana; luego, esta dio pie para la muestra Once artistas antioqueños, que se presentó en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en el Centro de Arte Actual de Pereira y en el Banco de la República de Medellín. Entre los participantes estaban Juan Camilo Uribe, Javier Restrepo, Saturnino Ramírez, Óscar Jaramillo, Félix Ángel, Dora Ramírez, Hugo Zapata, Humberto Pérez, Ethel Gilmour, Marta Elena Vélez, Germán Botero y John Castles. Los integrantes de El Grupo de Medellín, como también se los conoció, procedían de distintas generaciones y practicaban diferentes estéticas y técnicas pero tenían en común una ávida intención libertaria y se encontraban estimulados y excitados por las bienales de Coltejer, que hicieron cambiar de rumbo al arte no sólo en la capital de Antioquia sino en las principales ciudades del país. Estos artistas fueron estimulados en Medellín por Alberto Sierra, director de la Galería La Oficina, y por Eduardo Serrano, curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Sierra escribió sobre Castles en ese tiempo: “Sus esculturas no aparecen como objetos, sino que sus planos delicadamente colocados obligan a la consideración de tres puntos específicos: en primer lugar, los elementos que la conforman: planos enormes en hierro oxidado, contrapuestos y en posiciones inestables, que mantienen en quien los detalla la sensación espacial de una arquitectura elemental y pesada. En segundo lugar, los elementos lineales, que usualmente estructuran las láminas de hierro en niveles superiores, confieren fragilidad y aclaran el trabajo de la escultura por gravedad. En tercer lugar, la lectura espacial absorbe la atención por el extremo cuidado tenido por el escultor en los pasos creativos iniciales. Todo obliga a un recorrido en el que se entienden las proyecciones lógicas que las líneas y planos generan. No aparecen entonces espacios gratuitos, sino el estricto control que el escultor ejerce en la creación de sus vacíos, ganando cada vez más terreno fuera de las mismas formas, recurso no utilizado hasta ahora en nuestra escultura”.

Ensayo: John Castles — imagen 3
Sin título, 1977. Hierro soldado. 54 x 76 x 76 cm. (21 1/5 x 30 x 30 pulgadas).

En la década de los ochenta, la escultura de Castles pudo exhibirse en el ámbito internacional. En 1981 participó tanto en la XVI Bienal de São Paulo como en la V Bienal de Grabado, en San Juan de Puerto Rico. En 1983 mostró sus esculturas en el Center for Inter-american Relations de Nueva York. John Stringer, director de Artes Visuales de este centro, escribió: “La obra de John Castles se fundamenta en la lógica de la construcción. Sus esculturas juegan retadoramente con las propiedades físicas de equilibrio y balance y poseen relaciones progresivas no sólo entre piezas y piezas sino también entre sus elementos componentes. Restringiendo su vocabulario formal a láminas metálicas diagonales (con el uso ocasional de varillas), Castles ha logrado una fuerte homogeneidad en sus esculturas y ha mantenido un alto nivel de ejecución”. En esta octava década del siglo XX Castles continuó con la exploración de metales y sus propiedades físicas. Usó hierro fundido para piezas compactas y modulares. También, el níquel y el aluminio, igualmente fundido. Usó el acero, el vidrio, y también la soldadura. Propuso obras sobre papel que, a manera de gráficas, tuvieron la impronta del óxido. Asterisco, Triángulo y Pliegue de India son algunos de sus títulos. En 1986, la Sala Mendoza de Caracas presentó un conjunto de veintiséis piezas de 1982 a 1986; Axel Stein, crítico venezolano, director de este lugar, afirmó: “Llegará el momento, y varias obras de esta exposición así lo muestran, en que cada elemento de la escultura buscará, más que una relación complementaria para reconstruir la unidad, un punto de equilibrio y de tensión máximo, material o visual, con respecto a los demás. El escultor casi pierde su potestad sobre la materia y se limita a reorganizarla según las leyes más elementales de la física. La fractura es definitiva. A partir de entonces aparece en su obra un momento crítico. Breakpoint le dicen los sajones. Sucede esto cuando la lógica se interrumpe momentáneamente; en este intervalo se desliza un movimiento que altera el sistema, produciendo una leve sensación de inseguridad ante una estructura geométrica pura”. En 1986 participó también en la II Bienal de La Habana, y dos años después hace parte de la Primera Bienal de Arte de Bogotá, en el Museo de Arte Moderno.

Ensayo: John Castles — imagen 4
Asterisco, 1982. Oxido de hierro. 10 x 71 x 71 cm. (4 x 28 x 28 pulgadas).

En 1991, el Museo de Arte Moderno de Bogotá presentó veintitrés piezas, fechadas entre 1989 y 1991. La exposición, según la directora del museo, Gloria Zea, era “una gran muestra individual que se convierte en una exposición consagratoria, en la cual presenta al público una obra consolidada, con un lenguaje maduro y personal y con unos logros claramente establecidos en la historia reciente del arte colombiano”. En esa ocasión, Carmen María Jaramillo afirmó: “A pesar de que sus obras tienden hoy a la verticalidad, Castles comienza su desinterés por las bases, por entronizar sus trabajos. En el filo de los extremos de la hoja metálica sostiene las obras y de esta manera se integran naturalmente al piso. Cuando trabaja en arcos y puertas, sitúa estos extremos en posición de 90 grados, creando la ilusión de una enigmática perspectiva en la cual la dimensión de profundidad parece un largo trecho que se cierra. Además el movimiento de la lámina y la visión semifrontal que le otorga su posición en ángulo recto, hacen que la obra se imponga, que resulte contundente”.

Pero la producción de Castles no se ha limitado a la escultura para interiores que ha exhibido en museos y galerías, también tiene una importante producción en el espacio urbano, cuyas propuestas se remontan a 1975, cuando su obra Pectoral fue instalada a la intemperie. Leonel Estrada había publicado en el periódico El Colombiano de Medellín, en 1977, un artículo titulado “Una escultura difícil de percibir”, a propósito de las obras de Castles; curiosamente, el crítico afirmaba: “Si las imaginamos a escala mayor en medio de la naturaleza se vuelven monumentales y deberían tener presente los arquitectos que ahora proyectan y construyen obras en espacios con amplias zonas verdes. Medellín ganaría en belleza y sería cada vez más centro focal del arte y la cultura”. Mucho de este deseo se ha cumplido, y Castles ha sido uno de los protagonistas no sólo en la capital de Antioquia sino en Bogotá y en proyectos en el exterior como el Simposio Iberoamericano de Escultura, en Santo Domingo, en 1985, y el Certamen Iberoamericano de Escultura en San Juan de Puerto Rico, en 1985 y 1991, respectivamente. Así como el evento de la Universidad de Connecticut, en el año 2000. En 2007, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño organizó la exposición Urbana (proyectos urbanos) para subrayar este aspecto en la producción de Castles. Se trajeron a consideración las primeras obras de los años setenta, como Pectoral, ya mencionada, y Vanos, de 1976. Así mismo, sus participaciones posteriores, como el Primer Simposio Internacional, parque de esculturas Cerro Nutibara, de 1983; el concurso de Esculturas para el aeropuerto de Rionegro, en 1984; el proyecto para el Banco de Crédito; el concurso nacional de Arte Riogrande 2, en 1989. En 1991, el concurso Trisesquicentenario de Bogotá; cuatro años después, el concurso Arte para Bogotá. En 2006, el concurso Parques-Biblioteca de la Alcaldía de Medellín. Los curadores de la exposición, Jorge Jaramillo y Guillermo Vargas, afirmaron: “La exposición Urbana de John Castles permite conocer el desarrollo de la obra del artista y las diferentes soluciones que ha encontrado para su inclusión en espacios públicos. El significado de la obra de Castles debe buscarse en la experiencia perceptiva que nos propone en medio de un panorama cultural tendiente a institucionalizar este tipo de esculturas. La obra de este escultor señala la necesidad por comprender la estrecha relación de la pieza con el espacio donde será emplazada, de establecer el diálogo entre el proyecto y las pretensiones de la institución patrocinadora. Sin embargo, y a pesar de que su actividad como escultor en espacios abiertos involucra sus conocimientos como arquitecto, debe indicarse que en algunas ocasiones estas obras no obtienen el impacto esperado, sobre todo porque circunstancias como el crecimiento urbano o la modificación de las condiciones originales del emplazamiento no suelen seguir las pretensiones originales de sus proyectos”.

Ensayo: John Castles — imagen 5
Esquina 2, 1981. Acero. 160 x 148 x 148 cm. (63 x 58 1/5 x 58 1/5 pulgadas).

 En 1997, con motivo de su participación en el Premio Luis Caballero, Castles presentó su exposición Intersecciones, una notable puesta en escena de piezas que consideran el lugar y forma de la galería. Las esculturas usaron la pared como apoyo y acentuaron así la idea de involucrar ésta, no sólo como soporte, sino como ilusión de que algo se prolongaba más allá del muro. Otras piezas utilizaron el piso como espacio de apoyo; en ambas soluciones, el recinto se tenía en cuenta, y se evidenciaba, tanto en los espacios privados como en los públicos, la intención de su escultura, los tienen presentes y pasan a ser elementos indispensables.

La escultura de Castles a partir de 2006 ha privilegiado las láminas gruesas de acero para hacer ondulaciones y conseguir formas curvas que le otorgan sensualidad a un material oscuro y frío como este. Las esculturas a partir de una lámina pueden sostenerse por sí solas, al tiempo que exhiben sus formas austeras y elegantes. La desenvoltura con que son resueltas y solucionan su condición las hace parecer irónicamente livianas, y el metal aparenta ser un frágil papel que se desdobla. Castles desafía así no sólo las propiedades físicas del material sino que es capaz de construir una poética para sus formas.

Cuando se presentó la serie Sinuosas, en 2009, con formas serpenteantes pero firmes, potentes y precisas, su trabajo no sólo desafiaba el espacio y la gravedad sino que generaba interrogantes sobre los medios técnicos implicados para lograr la apariencia de ductilidad, maleabilidad, en un material que parece contrario y esquivo a esos resultados obtenidos. El crítico Eduardo Serrano, quien es el que más se ha ocupado de la trayectoria de Castles desde sus comienzos, escribió para esa ocasión: “John Castles es el escultor más relevante de Colombia en las últimas décadas. No hay esculturas en el panorama del arte nacional que puedan compararse con su obra en términos tanto de osadía como de mesura, y tanto de sutileza como de presencia. Su trabajo se ha distinguido por una evolución continua y consistente, y por su doble objetivo, tanto de construir, recortar o plegar sus formas que siguen razonamientos acerca de la naturaleza física del hierro y de su campo gravitacional, como de expresar simultáneamente el espacio, de replantearlo, dividirlo, contraerlo o expandirlo, es decir, de involucrarlo a las obras de acuerdo con los presupuestos del minimalismo pero sin los alardes de desmaterialización ni –al menos recientemente– los propósitos abstracto-geométricos que caracterizaron este movimiento”.

John Castles es un escultor en pleno vigor creativo, él ha sabido y podido continuar con la práctica geométrica, racional y rigurosa de la escultura abstracta en Colombia que tenía los antecedentes de Edgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar y Carlos Rojas. Sus planteamientos han logrado marcar la diferencia y ampliar los horizontes de obras tridimensionales en metal no solamente para espacios interiores sino para el paisaje urbano y el ofrecido por la naturaleza.

MIGUEL GONZÁLEZ

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