Esta exposición de Johanna Calle me impresionó por los límites a los que la artista ha llevado al dibujo: es un asunto visual pero también manual, en el que se usan materiales como malla metálica, tachuelas, algodón, textos en máquina de escribir, fotografía intervenida, cartón, madera, lápiz. Es como un tsunami del dibujo pero a la vez su reconstrucción y su reinvención. A pesar de llevar el dibujo al límite, el dibujo sigue siendo dibujo. Tal vez por la insistencia en intervenir la superficie bidimensional: se horada, se cose, se corta, se raya, y también por el color gris de cada pieza, un gris con muchos matices, que finalmente le transmitía a la sala la sensación de estar frente a un anuncio, frente a una particular publicación con un mensaje ominoso.
En esta exposición, entonces, el dibujo era una “cosa mental”, un asunto visual y manual, y también matérico. Cada dibujo era un cuerpo con presencia en el soporte y en la sala. Y es importante detenerse aquí para reflexionar un instante sobre el arte como cuerpo. El arte se presenta ante el espectador como un cuerpo, sin aparente justificación y muchas veces incómodo, como una mariposa negra que se instala en un lugar de la pared que no habíamos notado. Allí radica una de las particularidades del arte: su presencia. Y lo diferencia, por ejemplo, del psicoanálisis, porque en – escojo algunas frases_s, nmtat dommiten definir aspectos formales y hasta intentos fallidos. diferentes perspectivas tenmtateste proceso el paciente conversa acostado en el diván, y deja “salir” su mundo, pero no construye objetos fuera de él como parte habitual de la terapia. Y también el arte plástico, por ser cuerpo, establece su distancia con la literatura, ya que mientras se lee, emerge en el lector una imagen vívida, con seguridad, pero es una imagen mental, muy diferente a aunar materiales para construir un cuerpo nuevo que se apropia allí mismo de la pared o del papel.

Y en esta exposición, muchos cuerpos reclamaban la atención. Por ejemplo, una malla metálica bordada como un mantel o un pañuelo, con un No. Un No que toma cuerpo, que se hace oír en ese espacio doméstico. O una figura que se deshace, la malla que le da forma se desconfigura, se deshace. O rostros de alambre de mujeres jóvenes que “duermen” o reposan exhaustas sobre yeso. También reclamaban su lugar como cuerpos manchas, rayones, mariposas negras, cartas, bichos, y por eso me impresionó también su título. Era una exposición de indicios. Según el diccionario, un indicio es una manifestación, una señal visible de lo oculto. Los indicios son materia que no representa exactamente lo que se quiere decir sino que es un resto de materia que queda de una experiencia, de un acto.
El indicio también es un detalle que encierra la clave por donde se puede acceder a un universo fuera del control de la conciencia. Las invenciones del dibujo en esta exposición, entonces, hacían más inquietantes los indicios.
La exposición, además, era una exploración de maneras de exhibir estos indicios: cajas verticales y toda clase de repisas estaban destinadas a recibir estas huellas para darles su lugar. Darle lugar a la fragilidad de los indicios, eso podría ser una meditación sobre el arte.
Pero también esta exposición presentaba el dibujo como una obsesión. Y en algunos de ellos se podía leer: –escojo algunas frases–: manía, maniaco, manicomio, enfermedad mental o locura. Prefijo que significa preocupación excesiva. Manía, extravagancia ridícula, capricho chifladura, rareza. Histeria, histerismo, neurosis compleja que se observa principalmente en mujeres y que ofrece formas muy variables en intensidad, caracterizada por multitud de síntomas. Fenómeno provocado exclusivamente por sugestión, manía alucinatoria, autogestión alucinatoria de origen generalmente histérico caracterizado por respuestas sin sentido a las preguntas, y por actos absurdos. Manía, maniática, rara, chiflada extravagante, lunática caprichosa Manía, maniaca, manicomio, manía locura psicosis o fase de la psicosis. La exposición convertía el dibujo en un mantra.
Hace unos años, Johanna Calle escribió en la revista Errata #1 lo siguiente: “Una de las herramientas que he usado en la realización de mis obras puede definirse como un registro documentado del proceso. A pesar de tener algunos aspectos semejantes al archivo, prefiero denominar estos registros de una manera diferente, pues si bien hay un intento por documentar y organizar la información reunida alrededor de ciertos temas, su carácter subjetivo dista mucho de un orden preciso y metódico del archivo propiamente dicho. Los ‘registros temáticos’ que reúno sobre cada obra se van desarrollando y ampliando a medida que investigo algún tema, y constan de varios objetos: cuadernos, anotaciones sobre el proceso y sus escollos, fotografías y bocetos, textos y obras de referencia, citas textuales estudios que analizan el tema desde diferentes perspectivas, tentativas de uso de materiales que me permiten definir aspectos formales y hasta intentos fallidos”. Más adelante, concluye: “La suma de registros temáticos que he hecho en los últimos años podría considerarse como parte de un pequeño archivo personal, heterogéneo e inconcluso”.
Entonces, la exposición se podría considerar también un registro cuidadoso de presencias, de cosas, de gestos gráficos, y allí el dibujo sí que permite hacer nítidos los detalles. Al registrarlos se hacen públicos, aunque conservan su deseo de permanecer ocultos, de aparecer a medias, pero son evidencia de detalles íntimos de individualidad. No sólo del artista, sino principalmente del espectador, que sale de la sala inquieto, como yo, atento a las sugerencias de los detectives: no confiar en las impresiones generales sino en los detalles, en los fragmentos singulares donde está el sentido, seguir confiando pues en el dibujo.
NATALIA GUTIÉRREZ
