Exposición Individualmar 2015 - may 2015· Por Héctor Tapia

Gabriel de la Mora

Museo Amparo

Gabriel de la Mora es un artista obsesionado por el detalle; la recolección de objetos y la disposición particular en sus piezas desarrollan proyectos al más puro estilo del arte conceptual. Bajo sus premisas, siempre se encuentra una motivación mórbida generada por la importancia de elementos en desuso, abandonados, antiguos, e incluso hasta desagradables. El origen de su trabajo parte de su gran poder de observación y de imaginación para destinar dichos objetos en secuencias, posiciones o escenarios específicos que permitan una lectura determinada de lo que él está queriendo transmitir. Jugando con los límites del dibujo, la escultura, la pintura o la instalación, las propuestas de Gabriel de la Mora terminan siendo imágenes cargadas de simbolismos y crípticos significados, pero también destacables por una paradoja de complejidad en su concepción, mezclada con una gran limpieza y sencillez en su ejecución.

Lo que no vemos lo que nos mira es la más reciente exposición individual de Gabriel de la Mora, y se presentó en el Museo Amparo de la ciudad de Puebla desde el pasado 18 de octubre de 2014 hasta el 2 de marzo de 2015. La muestra fue curada por Willy Kautz y propuso un acercamiento al trabajo de investigación que De la Mora ha realizado sobre la tradición del monocromo desde la temporalidad de la imagen. La selección de obra fue derivada del carácter temporal que se encuentra implícito en cada uno de los objetos, que muestran una obra en sí o que son parte de los elementos que la conforman. Este carácter temporal lleva a las imágenes, ya sea por el tiempo, la exposición al clima, el abandono o la falta de cuidado, a una “descomposición” o conversión hacia el monocromo.

Exposición Individual: Gabriel de la Mora — imagen 1
Gabriel de la Mora. 1,089, 2014. Suelas de zapatos desechadas. 175 x 462 cm. (68 ¾ x 181 ¾ pulgadas).

La premisa que está sentando Gabriel de la Mora con su propuesta, entendida en términos de las prácticas conceptuales y postconceptuales, es manejar la idea del objeto específico planteado por Donald Judd, y haciendo referencia a los proyectos que ya no tenían cabida en términos de dibujo, pintura o escultura, logrando esto de manera muy interesante y bien estructurada gracias a su capacidad de observación y obsesiva atención por el detalle y delicadeza para la recolección de objetos imperceptibles en la vida cotidiana.

El título de la exposición parte del libro del teórico francés Georges Didi-Huberman Lo que vemos lo que nos mira. Al agregar el adverbio no, De la Mora y Kautz nos plantean una acción específica al proponernos una interrogante que nos lleva a pensar acerca de todo lo que dejamos pasar durante el trayecto de nuestra vida por considerarlo cotidiano o intrascendente, pero que es posible que haya tenido alguna importancia fundamental pasada o continúe teniéndola, y únicamente se requiera volver la mirada hacia él o hacia el lugar indicado.

El monocromo recibe al espectador desde que se introduce a la primera sala de exhibición de la muestra. Es ahí mismo donde Gabriel de la Mora empieza su bombardeo de estímulos y el cripticismo de sus mensajes por descifrar. La primera obra lleva por nombre el título de la exposición, Lo que no vemos lo que nos mira (2014). Se trata de un texto realizado en obsidiana pero dispuesto en forma de espejo. Los matices que produce el brillo del material dejan ver ciertos intentos en los tonos que reflejan, pero atrapados en el negro propio del mineral.

Las obras subsecuentes están llenas de información poco evidente pero fundamental dentro del proceso. Tal es el caso de 92 días/Granizada 22.05.2013 (2013). Los cimientos de esta pieza están formados por una serie de fotografías antiguas que no se pueden ver y que están pasando un proceso muy lento para desaparecer totalmente. Además de ello, el objeto estuvo expuesto 92 días a la intemperie terminando su ciclo con una granizada que cayó en su último día y que dejó unas marcas circulares y líneas sinuosas muy específicas en el resultado final que presenta el acrílico.

Durante el recorrido, existe una constante precisa, además del monocromo, que es la disposición de trabajos relacionados con el concepto vintage, con lo viejo y destruido. Esta proyección de objetos, un tanto oscura, nos permite observar fotografías arrancadas, acrílicos desprendidos, materiales erosionados y objetos específicos mal terminados que no nos permiten olvidar el proceso de deterioro que todo tiene durante su existencia. Nos da la oportunidad de otorgar a los objetos inanimados un proceso de “vida”, generándonos la conciencia de su nacimiento, utilidad y decadencia.

Esta sensación se reafirma con la instalación 441 (Suelas de zapatos desechadas. 175 x 462 cm, 2014). 

Encerradas en un cúmulo de historias desconocidas, de sujetos con la misma cantidad de experiencias que cada una de las suelas, están estas piezas, donde se observa un reconocimiento a todos esos individuos anónimos y a sus andares específicos; una de las piezas más enigmáticas, por todos los significados que puede tener imbricados en ella, y que ni el mismo Gabriel de la Mora conoce en su totalidad.

HECTOR TAPIA

Gabriel de la Mora, por Héctor Tapia | artnexus