Exposición Individualmar 2015 - may 2015· Por Alessandra Simões

Flavia Metzler

Galería Artur Fidalgo

La pintura se reinventa a cada instante. Es lo que revela la obra de Flávia Metzler en su reciente exposición, titulada Espacio exterior, en la Galería Artur Fidalgo, con curaduría de Marcelo Campos. A contramano de la llamada crisis del arte contemporáneo y del mito del fin de la pintura, su trabajo reafirma el poder de la figuración, de la narrativa, de la composición espacial y de la creatividad cromática, poniendo de presente que la pintura es todavía un lenguaje con múltiples posibilidades.

En las obras presentadas en la exposición, la artista vuelve a explicitar las características recurrentes en su trabajo, siempre enfocado en temáticas y composiciones formales de cuño surrealista y fantástico. Son comunes las escenas extrañas, puntuadas por considerable dosis de ironía, como en las situaciones desconcertantes en las que participan personajes elegantes, animales híbridos y objetos insólitos. A veces, el pequeño formato obliga al espectador a aproximarse, enfatizando el clima enigmático y encantador de sus pinturas.

Mucho cabe en poco. Sistemas narrativos e informaciones detallistas pueblan telas de pequeño porte, como en la obra El físico, el hiperfísico y el transfísico (2014), un ambiente totalmente rojo que simula ser el espacio de un barbero o de un peluquero. En el sitio, un personaje sentado parece aguardar su turno para ser atendido; sin embargo, su cabeza está amarrada a la pared. Entretanto, a su lado, un brazo sale de un hueco en la pared para servir una taza de té humeante. Frente a este personaje hay un vano en el suelo, con una escalera que termina encima del piso, esto es, en el espacio vacío, reforzando el sinsentido de la escena.

Exposición Individual: Flavia Metzler — imagen 1
Flávia Metzler. Física, hiperfísico y transfísico, 2014. Óleo sobre lino. 40 x 50 cm. (15 ¾ x 19 ½ pulgadas).

La tela Monstrorum Historia (2014) revela otro sistema pictórico característico de la artista, que acostumbra sumar detalles tridimensionales al plano de la pintura, componiendo obras que son casi objetos. En este trabajo, el formato circular y la moldura pomposa componen una especie de relicario, cuya imagen es el encuentro entre dos seres híbridos, una mujer pez y un buey dragón. Este estilo aproxima a la artista a una tradición iconográfica secular en la cultura occidental, delineada por la producción de manuscritos miniados, retratos, tallas, oratorios, mapas, cartas náuticas, camafeos, etcétera. 

El núcleo de su trabajo está vinculado, justamente, a esa idea de reminiscencias iconográficas. La tela La joven (2012) hace referencia directa al camafeo; tiene en su centro el retrato de una moza en un espacio oval con una pequeña puerta roja acolchada. El mismo recurso está en el cuadro Anotaciones en azul, dorado y blanco (2014), que, entre otros elementos, tiene el retrato de una mujer de perfil, formateado en un área oval y permeado por varios motivos orgánicos, en un estilo según los patrones decorativos del art nouveau. 

Elementos de arquitectura, como frisos y volutas barrocas, están siempre presentes en la obra de Flávia Metzler. En muchas de sus telas no existen composiciones lineales, ni la creación de una perspectiva. Se crean varias áreas de espacios recónditos, en lo que surgen referencias figurativas, seres, signos, íconos, como si el cuadro fuera una caja, un baúl en donde se guardan pequeños objetos secretos. Se pueden asociar estos recursos al pensamiento del filósofo Gaston Bachelard, que en el libro La poética del espacio habla de imágenes primordiales que despiertan un escondite primitivo de la vida. Las imágenes creadas por Flávia Metzler simulan una inmensidad íntima, llevan al devaneo bachelardiano.

Figuras simbólicas, complejas, imaginativas y caricaturescas componen su bestiario, como las compilaciones medievales que versan sobre animales fantásticos en narrativas alegóricas. Son cuadros que parecen sugerir espacios dentro de espacios, narrativas dentro de narrativas. La sensación es la de que la artista hace una extensa colección de íconos imagéticos, en un sentido catalográfico, como una “naturalista del arte” que busca y registra los vestigios de una civilización levantada bajo el signo de la imagen. En este juego “metapictórico”, la artista sugiere un sentido filosófico para su trabajo. Parece jugar con el espectador en un divertimento retórico de falsas verdades. Son imágenes que dicen algo a partir de metáforas, y las metáforas siempre son dudosas. 

Nacida en Río de Janeiro en 1974, donde vive y trabaja, Flávia Metzler ingresó al curso de Pintura de la Universidad Federal de Río de Janeiro, en 2004, iniciando su producción al final del año siguiente. A partir de 2006 comenzó a participar en muestras colectivas nacionales, desarrollando a partir de entonces un rápido recorrido marcado por exposiciones individuales e internacionales. 

La calidad de su obra justifica el rápido reconocimiento, dado el compromiso permanente con la investigación estética y con la construcción de un trabajo vigoroso y coherente, a contracorriente de los lenguajes contemporáneos, en gran parte afectos a las nuevas tecnologías y a los soportes diferenciados. Esta artista viene delineando una obra singular, dedicada casi exclusivamente al oficio meticuloso de la pintura. Flávia Metzler crea un universo simultáneamente sereno y enigmático. Sin pretender la originalidad, pero con extrema cohesión en el lenguaje y en el repertorio, su trabajo revela, sobre todo, la autenticidad de la pintura.

ALESSANDRA SIMÕES

Flavia Metzler, por Alessandra Simões | artnexus