Exposición Individualmar 2015 - may 2015· Por Diana Cuéllar Ledezma

Ernesto Neto

Galería Elba Benítez

Enunciando una sagaz crítica social desde su particular universo estético, Ernesto Neto presentó O protesto e a serpente (La protesta y la serpiente), una pesquisa acerca de la dialéctica entre naturaleza, protesta social y represión institucional. A ningún contexto podría responder mejor tal encrucijada que al descontento social en Brasil, que cobró visibilidad internacional durante, y merced a, el Mundial de Fútbol de 2014. En medio de los intereses rampantes de la macroeconomía y la política global, la eclosión local de demandas sociales y reivindicaciones ecológicas no estuvo ausente en el panorama brasileño, y sus reverberaciones no se han hecho esperar en la práctica artística.

El de Neto no es un arte panfletario: adquiere y potencia su dimensión política a través de sus alcances poéticos. Mediante instalaciones, grabados y esculturas, la exposición opera como una subversión simbólica en la que un par de íconos cristianos, la cruz y la serpiente, se problematizan y reinterpretan en clave actual. No obstante, el ámbito de lo simbólico en sí es rebasado en la muestra, debido a su inquietud metafísica y agenda política de fondo. La operación se ejecuta en dos momentos: por una parte, la desacralización de la cruz, y su resemantización como instrumento de poder y tortura; por otra, la reivindicación de la serpiente, y sus connotaciones morales en la cosmogonía cristiana.

Exposición Individual: Ernesto Neto — imagen 1
Ernesto Neto. E a serpente deu a luz (Y la serpiente dio a luz), 2014. Escultura en hierro. 130 x 96 x 10 cm. (51 x 37 ¾ x 3 ¾ pulgadas). Foto: Luis Asín.

Lápida da tortura, democracia contemporánea (2013-2014) consiste en una placa de mármol blanco en la que se han cortado, en negativo, una cruz y una porra de policía. Se establece así un paralelismo entre sendos objetos y sus funciones represoras, que es quizá más explícito en Sangue, ouro, cruz a porra (2014), en donde ambos objetos, confeccionados en madera, se unen a través de un hilo. Más allá del hecho, en sí sorprendente, del significado religioso adjudicado por el cristianismo a un instrumento de inmolación hasta llegar a convertirse en el ícono máximo de aquella fe, la paradoja que denuncia la primera pieza se logra también en virtud del material empleado, que a menudo ha sido usado para representar la imaginería cristiana en la historia del arte.

La serpiente se aleja de la concepción judeocristiana del mal para mostrarse como ser sagrado y dador de vida: “sin la fuerza de la iluminada serpiente seduciendo a Eva, ella y Adán estarían hasta hoy en el paraíso y nosotros no existiríamos”. En el grabado Para Eva, e la serpente deu a luz (2013-2014), la serpiente de Neto es un trazo abstracto, orgánico y sensual, en movimiento. Si en el discurso de la muestra la sierpe es la metáfora de la fuerza de la naturaleza, entre aquélla y la cruz se plantea también una tensión de opuestos: la serpiente como el impulso natural del cuerpo hacia la sensualidad y la reproducción, la cruz como el artificio de la imposición, el castigo y la muerte.

Lejos del afán del progreso moderno y su desdén por lo natural, la apuesta del artista se encamina hacia la aceptación de la naturaleza, y no hacia su negación, control o dominio. El papel sagrado y místico que le es conferido puede apreciarse en el empleo de materiales orgánicos como hojas de árbol, piedras curativas, madera y semillas. Ellos no sólo actúan en el plano simbólico o de inmersión sensorial en las instalaciones, sino como elementos rituales para el ejercicio de una espiritualidad vinculada a los preceptos de la civilización amazónica Huni Kui, de la que el artista ha aprendido recientemente.

Si la fuerza de lo natural vence y la serpiente seduce a Eva para cometer el acto carnal, la protesta podría hacer las veces de la serpiente, empujando al cuerpo social hacia la liberación de un paraíso impuesto o hacia la búsqueda de nuevos paraísos. Sin embargo, este proceso no deja de pasar por la violencia y las prácticas de poder. Tampoco los niega la propuesta formal de esta muestra, que no se limita a elementos orgánicos o naturales. La instalación O desconhecido nos espera de braços abertos (2013) incorpora hierro galvanizado, imanes, neón y una máscara de gas, y Quem matou Jesus (2014) combina madera con piedra de construcción, tela de toalla y una bala (clara alusión a la explotación turística de Río de Janeiro y sus implicaciones sociales). La pieza habla del Brasil actual sin dejar de dialogar con la tradición, pues alude a Quem matou Herzog, la célebre frase en las Inserciones de Meireles.

De la serie Os heróis estão nas ruas, el esténcil Para Hélio. Seja vândalo seja heroi (2014) también apropia y reinterpreta la consigna de Oticica en y desde su sobrecogedora actualidad. Al igual que en la obra de aquel artista, el lema no debe leerse como apología del acto vandálico, sino como la exaltación de una posición vital frente a la adversidad. La condición marginal a la que él apelaba, profundamente vinculada con el gesto vitalista de la inmediatez, deja clara impronta en la pretensión de Neto de que se eliminen todas las cruces de las iglesias y se represente a Jesús cantando y danzando, así como en su reivindicación de una vida urbana que no pierda conexión con la naturaleza. Viejas utopías cariocas de todos los tiempos.

DIANA CUÉLLAR LEDEZMA

Ernesto Neto, por Diana Cuéllar Ledezma | artnexus