La exposición Agua salada organizada, de la artista Delcy Morelos (Tierralta, Córdoba, 1967), es una invitación a reflexionar sobre la relación metafórica entre el interior del hecho pictórico y el cuerpo como conjunto de tejidos y fluidos que nos conforman. Morelos conecta así las vísceras de ambos cuerpos –el pictórico y el humano– para hablarnos, finalmente, de un posible origen de la violencia. La curaduría, que ha corrido a cargo de la galería, se ha centrado en resaltar este uso metafórico de los materiales y su relación con el cuerpo y el paisaje.
Agua salada organizada reúne obras de 2007 a 2014 distribuidas en dos salas; la gran sala de la galería dedicada a obras monumentales y otra más pequeña donde encontramos obras de proporciones menores pero igualmente punzantes. En la gran sala tenemos, por un lado, tiras de fibras naturales –algodón y yute– que cuelgan, como lienzos recortados o como miembros de un cuerpo, de estructuras de hierro que salen de la pared. Estas fibras están recubiertas de acrílico muy aguado de colores blancos, rojizos y tierra, que han sido aplicados hasta cubrir todos los recovecos en un proceso lento y trabajoso. En el centro de la sala, nos topamos con dos grandes lienzos gruesos recostados sobre dos cubos, ahogados en capas de material pictórico, y traídos a la vida por el brillo de sus superficies, que aluden a la densidad y viscosidad de los fluidos corporales. Las piezas de pared funcionan como esculturas pictóricas mientras que las de suelo se convierten en objetos escultóricos hechos de lienzo y pintura. Este límite inexistente entre un formato y otro nos deja sin distracciones con unos materiales en estado puro que hablan de forma sincera y con la materia del cuerpo que rezuma por cada fibra de la exposición. La pintura se vuelve sangre, fluido corporal; la trama del lienzo, cartílago, músculo. La escala sobrehumana de estas piezas constituye un cuerpo omnipresente que queda penetrado por los nuestros mismos; forma también una apertura macroscópica al entretejido pictórico, un paisaje contemporáneo por el que estamos abocados a deambular.

Por medio de este juego de materiales y significados, Morelos expone dos orígenes, por un lado, el de la pintura en estado puro: fibras naturales cubiertas de pintura, sin figuras, sin composición. El conjunto de la exposición ofrece obras de tradición minimalista que por su crudeza y la desnudez de su técnica se encuentran con la escuela de la pintura matérica. El trabajo iconoclasta de Morelos cede el protagonismo a la alusión metafórica para que el espectador tenga un espacio de meditación y experiencia sin que se le guíe por uno u otro discurso. Lo que vemos es lo que hay, aunque sepamos que la artista quiere llevarnos mucho más allá de los materiales y las estructuras. La obra de Morelos habla también del origen de la violencia. Este tema, que es recurrente en su trabajo, ha sido explorado desde distintos puntos de vista, como la violencia causada por la intolerancia racial o el maltrato doméstico como origen de todas las violencias. Al situarnos cara a cara con los mecanismos del cuerpo a través de la pintura, Morelos nos pone en contacto con nuestro propio cuerpo. Son la falta de este contacto y la ignorancia acerca de lo más interno del mismo los que generan una violencia que comienza con nosotros mismos, y de ahí se extiende a los demás, para convertirse en violencia de orden público. Las piezas de la exposición nos muestran el cuerpo humano, dice Morelos, como “una desnudez interna que nos conecta con lo más primitivo de la tierra que nos constituye”1. Tierra, por los colores predominantes que simbolizan la tierra fértil a la que la artista ha hecho referencia en otras obras y que ha sido empleada a menudo como material para realizarlas. La artista utiliza el color tierra como aquel color que lo urbano y el supuesto orden civilizado intentan esconder por miedo a ser confundido con la pobreza, y éste queda conectado con el color sangre a través del hierro, metal que hace posible la existencia de ambos materiales.
En la segunda sala cuelgan lienzos, como retazos de piel, directamente “pegados” a la pared y, en ocasiones, superpuestos los unos a los otros, sin bastidor ni artilugio que los separe de la superficie. De la misma forma que los cubos de la sala anterior, estos lienzos representan lo humano, a la vez que dan voz a la pintura como metáfora de lo corporal. Agua salada organizada conforma una mirada poética al origen de la creación y la vida; antes de que aparezcan las formas existe la materia que encierra el potencial de lo que está en proceso de formación. Morelos nos devuelve a este punto primigenio e intrauterino, quizá con la esperanza de que miremos bien adentro antes de venir a formar parte de la violencia que nos rodea.
NOTA
1. Entrevista para revista Arcadia, http://www.revistaarcadia.com/arte/articulo/agua-salada-organiza-delcy-morelos/40150
CARIDAD BOTELLA
