Exposición Individualmar 2015 - may 2015· Por Graciela Kartofel

Cristina Kahlo

Galería del Aeropuerto Internacional y Galería Patricia Conde

Las obras de Cristina Kahlo se extienden desde la creación contemporánea de orden antropológico hasta la interacción de escenas de autor conseguidas por la luz y el obturador, y ocasionalmente acuareladas. Se suele decir documento y documental para señalar la fotografía que no aborda más allá de ciertos límites. La pintura lo suele ser también pero cuenta con una aureola de apreciación/estatus que no lleva a estas reflexiones. Sin importar qué aporta cada imagen, en el sustrato de ambas –fotografía y pintura– está lo documental. Sin detrimento de que lo documental es sumamente importante en la historia de la humanidad, depende del autor hacer sólo documentos o superarlos. En ambas disciplinas, los alcances pueden ser diferentes e intensos o solamente reducidos. No es la técnica ni el medio más mecánico o más manual lo que hace obra de arte a un trabajo. 

Exposición Individual: Cristina Kahlo — imagen 1
Cristina Kahlo. Vitral, 2014. Impresión digital sobre papel fotográfico montada en bastidor. 60 x 80 cm. (23 ½ x 31 ½ pulgadas). Cortesía: Palacio de Bellas Artes – INBA – CONACULTA.

Más que fotografía de registro, comencemos recordando la exposición Convivencias - Miradas sobre San Carlos, que Cristina Kahlo realizó en 2013. Tanto “convivencias” como “miradas” son dos vocablos que describen con acierto la filosofía estética de esta artista. Cristina Kahlo ha debido convivir con su apellido familiar, y lo viene haciendo con humildad y sin abuso, trabajando intensamente desde las posiciones iniciales de asistente de galería, artista fotógrafa y galerista, hasta haberse ganado su lugar en el muy rico y cuantioso territorio de las mujeres fotógrafas mexicanas. Ahí se ha situado hace más de una década con seriedad profesional. En dos de sus exposiciones recientes, Cristina Kahlo presentó Marco Polo es metáfora, en la galería Patricia Conde, y 80 años Palacio de Bellas Artes, en la galería de la Terminal I del Aeropuerto de la ciudad de México. En la galería comercial se vieron veinticinco obras, incluidos impresiones en paladio/platino, polaroids, inyección a tinta y dos objetos. Al entrar a esas salas se percibía una atmósfera etérea, a la vez que plena. Todo fluía. Lo que se advertía más estático eran los cuatro retratos. Constelación según Pitágoras, La virgen, La hidra, El león o el políptico de tres óvalos, son ensayos sobre el paisaje a través de la historia. La segunda, tercera y cuarta mencionadas estaban intervenidas con alfileres. La artista hacía acompañar el viaje de Marco Polo desde mares y desiertos, desde geografías y estudios de las estrellas, desde horizontes extendidos y arqueologías sobreentendidas. Confirmando en estas obras su mirada en la relación espacio-tiempo de aquel pasado que sobrevive desde el siglo XIII-XIV, Cristina Kahlo realizó esta narrativa por medios coetáneos: impresión de inyección a tinta sobre papel de algodón (en pos de la mayor perduración del trabajo), y señaló la ruta marcopolesca con alfileres, objetos industriales que simbolizan el estratégico estudio y las marcas de los planos de aquellos tres hermanos, ¿o del propio Marco Polo como dueño y señor de esas aventuras o de esas fantasías?

80 años Palacio de Bellas Artes, en la galería de la Terminal I del Aeropuerto de la ciudad de México, llevaba a los espectadores a sentirse en los vestidores del Palacio, evocando ciertas óperas cuyos trajes cobraban vida en las fotografías. Cristina Kahlo se abocó a una producción difícil en varios sentidos. ¿Fotografiar secciones arquitectónicas, escultóricas o pictóricas mundialmente conocidas y por familiares, más emotivas y menos originales? ¿O buscar los lugares no visitados, darles vida, y poniendo de relieve las variadas actividades que el Palacio lleva a cabo? (exposiciones, presentaciones de libros y premios, conciertos, operística y ballet, además de cobijar los célebres murales). Cristina Kahlo ejerció ambas opciones, que imprimió en dimensiones y soportes diferenciados, con lo que creó para los espectadores unas travesías originales, desde impresiones en loneta de 250 x 400 cm hasta impresiones en papel fotográfico montadas en bastidor de 40 x 60 y 60 x 80 cm. En este numeroso portafolio, la fotografía de registro se vistió de emoción; la fotografía de arquitectura ayudó al público a subir a lugares inaccesibles, y no faltó el suspenso de estar de incógnito en el baño de hombres o en los vestuarios donde en cualquier momento una soprano podía habitar alguno de esos trajes en el silencioso pasillo de vestimentas vacías que aguardaban su lugar hasta que alguien las habitara otra vez. Sí, Marco Polo es metáfora y 80 años de Palacio de Bellas Artes son miradas sobre algo estable que registra infinidad de convivencias. En el caudal del trabajo de la artista hay obras que hablan con especificidad de fotopintura o pintofotografía, tanto cuando están acuareladas como cuando son polaroids o impresión de tinta, y cuando son objetos e intervenciones. El clima de ambas exposiciones expande la aseveración de que es un error hablar de artes visuales y de fotografía como dos entidades separadas.

GRACIELA KARTOFEL

Cristina Kahlo, por Graciela Kartofel | artnexus