Fragmentos de una revolución es una impactante serie de fotografías tomadas por la artista nicaragüense Claudia Gordillo durante los años ochenta, cuando se desempeñó como fotógrafa independiente y también como colaboradora de Barricada, el diario oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Gordillo documentó esos años de la guerra en Nicaragua y “su influencia determinante sobre la práctica cotidiana de las personas”, así como el efecto de esa lucha sobre el espíritu de sus coterráneos, a través de su trabajo fotográfico en Managua y en otras partes más remotas del país. El oficio de corresponsal también la llevó a áreas de guerra, de encuentros entre los sandinistas y la “contra”, donde incluso tuvo que ir armada por la posibilidad de un ataque.
Claudia Gordillo nació en Managua en 1954 y empezó sus estudios superiores en Sociología en la Universidad Centroamericana. Sin embargo, interrumpió esa carrera para ir a Italia, donde estudió Fotografía en el Instituto Europeo de Design, en Roma, durante los años setenta, y volvió a Nicaragua a fines de 1979, justo después del triunfo de la revolución. Su primer ensayo fotográfico consistió en imágenes de las ruinas de la Catedral de Managua, histórico edificio neoclásico que había sido destruido por el terremoto de 1972. Fue con base en esa serie que presentó su primera exposición, en 1982, en la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC), muestra que en su momento contó con una presentación del poeta Carlos Martínez Rivas. Para él, esas imágenes que Gordillo rescató para el pueblo nicaragüense constituían un álbum de “la fotografía de la ‘cualqueridad’”, fotos de “lo desconocido que nos es íntimo”, frases que, curiosamente, también podrían referirse a sus posteriores fotos de la revolución.

El Museo de Arte Contemporáneo de Panamá presentó una selección de cuarenta fotografías en blanco y negro de la extensa colección de negativos de Fragmentos de una revolución de Claudia Gordillo. La muestra, con fotos tomadas entre 1980 y 1989, cubrió una variedad de temas, desde procesiones religiosas hasta marchas de batallones sandinistas, desde ancianos solitarios y niños inocentes hasta la visita de personajes famosos a Nicaragua durante esa década, como el papa Juan Pablo II, Henry Kissinger, Graham Greene y el intelectual panameño Chuchú Martínez. Además de llamar merecida atención al trabajo de Gordillo, una artista relativamente desconocida para el público panameño, la exposición funcionó como una lección de historia viva sobre un período y un movimiento popular de gran impacto no sólo para Nicaragua, sino en toda la región centroamericana.
A pesar de su carácter documental, Fragmentos de una revolución presenta imágenes abiertas a interpretaciones, sobre todo cuando se observan con la visión histórica que dan los años. Al observar estas impresiones de la revolución sandinista que Gordillo captó, no podemos dejar de sentir lo que el gran escritor nicaragüense Sergio Ramírez describe como “la nostalgia por lo que pudo haber sido y no fue”. Gordillo documentó esa época desde una perspectiva humana, y, aunque la calidad técnica y los valores compositivos de sus fotografías impresionan, lo que al visitante le queda grabado en el recuerdo son las personas que ella eternizó. Percibimos orgullo y optimismo en el caso de las mujeres combatientes, los hombres con las armas alzadas o los campesinos al recibir el título de sus tierras, pero también desconsuelo y desconcierto ante las imágenes de niños portando armas, jóvenes lisiados o madres con recuerdos de hijos perdidos en la batalla.
En esta serie se refleja el trabajo arduo en las cosechas del arroz, el café y el tabaco que requería el nuevo proyecto de nación, así como algunas dolorosas consecuencias de la lucha armada, como los traslados obligados de poblaciones enteras desde las zonas de guerra. Sin embargo, además del trabajo y la lucha, las fotos de Gordillo rinden testimonio del fervor religioso del pueblo nicaragüense, que no mermó en esos años, reflejo de cómo el sandinismo fue uno de los pocos movimientos de izquierda en el siglo XX que no rechazó ni prohibió las prácticas religiosas.
Gordillo también revela situaciones humanas a través de algunas fotografías vacías de gente. Resulta especialmente conmovedora la imagen de una sala humilde decorada con globos y papel higiénico, donde figura una torta de cumpleaños sobre una mesa, como preparada para una fiesta que no se llegó a celebrar. Otra imagen solitaria muestra el sitio donde antes estuvo el centro histórico de Managua, ahora un llano vacío, con una casa precaria en el primer plano que acentúa la total desolación. Esta sensación de vacío contrasta con otras fotos repletas de jóvenes valientes, imágenes protagonizadas por el entusiasmo y la promesa de una nueva Nicaragua que impulsó la Revolución Sandinista. No hay una sola historia, ni una verdad absoluta, ni siquiera en la documentación fotográfica de situaciones reales. De hecho, las fotos de Claudia Gordillo no pueden considerarse ni panfletarias ni estrictamente objetivas, pues aunque captó imágenes de valor histórico, político y cultural, lo hizo a través de una visión estética y personalmente sensible a la situación del pueblo nicaragüense.
MÓNICA KUPFER
