Considerado uno de los artistas conceptuales más importantes de la escena artística actual en México, Abraham Cruzvillegas (1968) ha dedicado los últimos veinte años a fincar su práctica artística sobre una plataforma conceptual que se genera a partir de lo que él denomina “autoconstrucción”.
En una búsqueda permanente de materiales y elementos improvisados, Cruzvillegas relaciona la construcción e intervención de la casa familiar establecida en una zona volcánica con la construcción y transformación de su propia persona, creando un paralelismo entre la constante edificación del contexto donde creció y la búsqueda de identidad como persona, ambas como un acto inacabado, como una metáfora de la mutación y de la adaptación al entorno.
Para esta exposición, se presentan poco más de treinta esculturas y cinco grandes instalaciones, además de una obra realizada especialmente para el lobby del museo.

Las instalaciones fueron creadas pensando en ciudades específicas en las que Cruzvillegas tuvo residencias y exposiciones en diferentes latitudes: Londres, Oxford, París y Gwangju, en las que con materiales locales, y tomando en cuenta la historia y los elementos propios de cada lugar, realiza obras con la sensación de estar inacabadas pero al mismo tiempo con valores y características introspectivas de su paso por esas ciudades y de su propia historia personal, relacionando el paisaje del Ajusco, donde creció y donde las familias se vieron obligadas a utilizar materiales de desecho o improvisados como vidrio, corcholatas, láminas, etcétera. En estas instalaciones, los objetos encontrados manifiestan un proceso de ir construyendo una obra, del paso del artista por cada ciudad y de su interacción con la noción de lo urbano.
Además de las instalaciones, las esculturas exploran también esta noción de lo inacabado y de lo inestable, de parecer desecho pero de haber cumplido una función práctica y arquitectónica en alguna construcción. El artista menciona que el proceso de construcción de ciertas zonas urbanas genera formas estéticas y, en gran medida, un sentimiento de comunidad y colaboración.
Estas instalaciones y esculturas tienen un profundo interés por mostrar la creatividad ante la adversidad y los factores económicos; ante la necesidad, se crea un método alternativo de completar los requerimientos necesarios para consolidar una obra arquitectónica o artística. Lo cual ha sido determinante como proceso creativo e ideológico.
El artista pretende también compartir fotografías, textos, carteles, recortes de periódico y hasta sonidos de lo que ha conformado su proceso creativo y su cosmos personal, asegurando que esas lecturas y esas imágenes y evocaciones son los tabiques con los que está conformados su propio techo y sus paredes.
En la obra Autorretrato ciego como un Lemonhead sordo posthatcherista, ‘Para K.M’, se aprecia el afán del artista por compartir parte de su historia personal, sus trayectos, sus actividades más simples y domésticas, a través de artículos de periódicos y revistas, de servilletas, boletos de autobús, de tranvía, de avión, de tarjetas de presentación, de recibos, mapas, facturas y etiquetas. Estos elementos de la vida diaria y de sus viajes fueron cubiertos con pintura blanca y colocados en un muro por medio de alfileres. Con este simple acto, se cancelan la identidad individual y las funciones simbólicas; algo más, un conjunto de rectángulos que aparentemente no tienen ya ningún valor, pero que por atrás conservan el devenir de una persona, su contexto, su identidad, que se anula ante la homogeneidad de la pintura y el entorno blanco. De la misma manera, y siguiendo con la analogía del sujeto como su propia casa, en el entorno de las grandes urbes ocurre lo mismo, lo individual se anula y las casas populares se funden en una misma masa gris.
Otra obra importante en la exposición es La promesa simultánea, en la que un triciclo conformado por altavoces, amplificador, batería de automóvil y espejos retrovisores produce un silbido constante que genera una sensación de calidez y bienestar en toda la sala. Esta obra fue recientemente adquirida por la Tate Gallery, en Inglaterra.
La consolidación internacional de Cruzvillegas es innegable, ya que ha participado en exposiciones y conferencias en numerosos países de América, Europa y Asia. Actualmente, fue invitado a realizar la primera obra de lo que será la colaboración entre la empresa Hyundai y la Tate Modern, encargando al mexicano la primera obra en comisión para la icónica Sala de Turbinas de la galería inglesa, donde se han presentado los principales exponentes del arte contemporáneo mundial.
Esta exposición fue curada por Clara Kim, y presentada por primera vez en el Walker Art Center de Minneapolis, y después viajó a la Haus der Kunst, en Múnich.
Ahora, en México se presenta en el Museo Jumex, teniendo también una extensión de esta muestra con algunas instalaciones en el Museo Amparo en Puebla, que incluye música y teatro, así como esculturas de principios de los años dos mil, que forman parte importante del corpus de autoconstrucción de este artista.
ISAURA RUIZ
