La información es
maleable. Puede ser impresa en periódicos y anunciada en televisión, o puede
ser materia prima de obras de arte. El dato encuentra un tono cuando es
insertado en un discurso y se entreteje con otros datos para crear un sentido,
que muchas veces se pretende objetivo. La mayoría de las ocasiones se trata de
un mensaje dirigido bajo una intención, consciente o no, que delimita sus
posibilidades, haciendo que las noticias y lo que sucede no tengan más razón de
ser que aquella que las reduce a un momento de enunciación; por ello, el rostro
consternado de los presentadores de noticias se transforma casi
instantáneamente en una sonrisa, cuando dan paso al espectáculo (olvidan).
Wilson Díaz aborda la información con un tono diferente al del noticiero, ya que trasciende “la noticia de última hora” pero mantiene “el lugar de los hechos”: consolida la territorialidad, sosteniendo la memoria (colectiva), y se niega a crear una polaridad entre buenos y malos. Díaz reitera su presencia, como testigo directo que no sale de un momento histórico, atrapado como el resto del país en un territorio llamado “del postconflicto” y una zona de distensión dilatada.

“La flor caduca de la hermosura de su gloria (y su raíz)” remite a la experiencia del artista en San Vicente del Caguán; específicamente, es una exposición que se desenvuelve y se enrolla, como una espiral, en torno al video Los Rebeldes del Sur, “[…] un video tomado en la zona de distensión, en donde aparecen unos guerrilleros tocando vallenatos, haciendo una especie de coreografía con armas…” (Semana, 2007), video que además fue censurado en “Displaced: arte contemporáneo de Colombia”, exposición realizada en Reino Unido en 2007. Sin ahondar en esta polémica, de la que se ha hilvanado bastante, vale la pena pensar en el tratamiento de la información, con el que el artista logra mantener a flote un archivo, transmutándolo en memoria cuando vuelve a él, una y otra vez.
Las pinturas, los dibujos y los discos hacen referencia a un centro que no existe, porque toda la información está licuada, los datos están centrifugados desde diversos ángulos para formar una nueva enunciación, que no tiene los matices de una investigación sociológica, no tiene tesis sino obras. El carácter documental y referencial de las piezas ilustra la permanencia de los problemas esenciales a través del tiempo, manifestados en archivos históricos de diferentes contextos, que van desde producciones disqueras, libros de planes de gobierno, hasta el seguimiento exhaustivo de personajes como Guillermo Torres, quien cambia su identidad a Dr. Julián Conrado, cuando empieza a componer canciones en la guerrilla. Wilson Díaz va de un dato a otro usándolo como excusa de una imparable energía artística, valor fundamental para entender su obra más allá del tema y del sentido que logra con lo que hace.
Amarillismo, una compilación de discos producidos por medios de comunicación, y la serie sobre Julián Conrado, relacionan la música popular con la circulación ideológica, trayendo a un primer plano todo aquello que pasaba por el rabillo del ojo en los ochenta y noventa. Las relaciones radicales de una cosa con otra demuestran que no son del todo descabelladas. Los discos y las carátulas implican posturas políticas, estados del inconsciente colectivo que no son evidentes, hasta que la información y el objeto cultural son expuestos como arte o bajo una mirada crítica, por fuera de la inercia del día a día. Corporaciones, medios de comunicación, bancos y la guerrilla (instituida) tenían en circulación sus propias compilaciones musicales. La política y la vida cotidiana poseían una banda sonora, que, al ritmo de vallenatos, cumbias y boleros, no dejaba escuchar las balas que sonaban por atrás, implicando una lucha por el poder, una lucha por la oreja ajena.
La música que “entra” por los oídos, sentido que no parpadea, es parte también de un programa institucionalizado, propaganda a veces disimulada de un paradigma. Las pinturas, ampliaciones exageradas de las carátulas de los discos, evidencian lo que para muchos era invisible hace años: relaciones de poder a la luz de un desarrollo histórico paradójico, altamente corrupto y violento. En el sur, todos son rebeldes, la polaridad de la información congela los enunciados en maniqueísmos que impiden su maleabilidad. Las noticias son reiteraciones de una gama de conflictos predefinidos, con breves zonas para el entretenimiento (zonas de distensión). Por tal razón, es necesario que los datos que parecen objetivos y se invisten de verdad sean abordados por un artista que revele su subjetividad y juegue con ellos, algo que ha hecho Wilson Díaz en toda su carrera artística: jugar.
(Y nada más serio que estar inmerso en un juego).
BREYNER HUERTAS
