Dar cuerpo a las
palabras es la seña principal de la obra de la artista carioca Rosana Ricalde
desde el inicio de su trayectoria, cuando se graduó en la Escuela de Bellas
Artes (EBA/RJ), en 1994. En su más reciente muestra individual, titulada Lapizlázuli, en la Sergio Gonçalves
Galeria, en Río de Janeiro, la artista mostró una vez más este empeño en
trabajos inéditos, entre pinturas, dibujos y objetos. Las obras son fruto de
una investigación respecto a la cultura oriental, en especial los clásicos de
la literatura persa, como Las mil y una
noches, El jardín de las rosas y
Layla y Majnun.
Las pinturas fueron hechas con base en el dibujo de celosías (mamparas de madera puestas en las ventanas para que las mujeres vean la calle sin ser vistas) y dibujos de tapetes persas, con sus diversos elementos simbólicos. La artista presentó también dibujos basados en los mehndis (tatuajes temporales hechos con un colorante extraído de la Henna). Sin utilizar explícitamente los textos en los trabajos, Rosana Ricalde muestra una vertiente clara de su trabajo cuando utiliza el texto como inspiración, y no de un modo directo en las obras.

Sin embargo, en muchas de sus obras, el texto es la propia materia prima. Como hizo en Alfabeto de los verbos, de 2002, cuando dactilografió en etiquetas verbos de la lengua portuguesa (14.000), pegándolos en 42 paneles. O también, en 2011, cuando proyectó una instalación sobre el mapa actual del mundo. Los continentes están construidos con papel extraído de las líneas del libro de Italo Calvino Las ciudades Invisibles; se recrean varios planos de ciudades del mundo entero.
Muchas de sus obras son como caligramas, lenguaje común en las vanguardias del siglo XX, donde el texto escrito se reorganiza en un formato que es de por sí una imagen, creando una especie de pictograma y representando un símbolo, un objeto real o figura como imagen clave del trabajo. Rosana Ricalde retrató imágenes de mares, en los que lenguaje y dibujo están unidos, formando un todo que es un poema. Las letras minúsculas, en forma de ondas, enumeran –orgánica y poéticamente– los nombres de los mares del mundo entero.
En relación con el uso de las palabras, éste es un aspecto que puntúa todo el recorrido de la historia del arte en diversos momentos. Se trata de una “característica simbólica de la palabra”, como afirmó el investigador Simon Morley en el libro Writing on the Wall: Word and Image in the Modern Art. Este simbolismo aparece desde el Renacimiento, pasando por los carteles de Henri de Toulouse-Lautrec, por las vanguardias (collages cubistas, cuadros de René Magritte y de Fernand Léger), por el arte de posguerra (por ejemplo, el cuadro Trophy 1 de Robert Rauschenberg, de 1959; o también los trabajos conceptuales de Lawrence Weiner, de 1970, como Earth to Earth Ashes to Ashes Dust to Dust, etcétera). Al decir que leemos imágenes así como leemos palabras, Morley afirma que esta operación es una ofensiva contra todas las formas de pensamiento fundamentalista, ya que la relación entre imagen y palabra promueve la ambigüedad y la indeterminación contra los códigos, provocando un torbellino semiótico que presiona la plácida superficie del lenguaje.
Rosana Ricalde también echa mano de cartografías poéticas. Marítimo (2008), Globo (2005), Viajes de Marco Polo (2009), Mar del Japón (2009), Mar del Mundo (2005), Mareas (2008), son trabajos en los que se puede observar un campo geográfico bastante expresivo, en el que mundos físicos adquieren cuerpo a partir de las palabras (más allá de la Biblia y de los diccionarios, el atlas también fue un recurso bibliográfico que siempre la fascinó). En Ciudades y memoria (2006), las reminiscencias de la ciudad ganan cuerpo en nombre de sus calles y de sus habitantes. En contravía de las cartografías politizadas, recurso común en el arte contemporáneo, Rosana Ricalde crea una cartografía de los afectos.
Tal vez venga de esa inquietud en relación con las cartografías el que Ricalde también haya optado por trabajar con intervenciones urbanas, aunque de manera más explícitamente politizada. La instalación Jabón Rio (en compañía de Felipe Barbosa y Andrea Di Bernardi), realizada en el barrio Santa Teresa (Río de Janeiro), consistía en un muro de pastillas de jabón de la marca “Rio”, que con la acción de la lluvia se diluían, lavando las calles. En esta obra, la letra también está presente, grabada en el jabón como signo publicitario que adquiere connotación semiótica.
Diversos libros, como Las palabras y las cosas de Michel Foucault y La búsqueda de la lengua perfecta de Umberto Eco, inspiraron su trabajo desde un comienzo. La propuesta de Rosana Ricalde siempre fue la de dar visibilidad al texto, permitir que éste la lleve a la imagen. Como afirmó la propia artista alguna vez, la escritura la conduce a la imagen casi como un mantra. En la muestra Lapizlázuli, la inspiración en la literatura persa la condujo una vez más a un mundo de formas peculiares. El dibujo extremadamente delicado hace que las imágenes se aproximen del contorno propio y característico de la caligrafía árabe. Los arabescos de formas suaves reposan en un universo en el que la belleza puede ser el resultado más plausible de la confluencia entre imagen y palabra.
ALESSANDRA SIMÕES
