Exposición Individualdic 2014 - feb 2015· Por Elvia Rosa Castro

Rafael Domenech

Fredric Snitzer Gallery

Cuando una obra tiene el propósito de llevar el tema de la representación a una escala que roza prácticamente lo radical y luego esa propia obra no es susceptible de documentar o no se deja retratar con fidelidad, podemos decir de ella que ha cumplido un ciclo auténtico, que dicha frustración mediática es coherente con su propia naturaleza o sus intenciones iniciales.

Esto es lo que ha sucedido con Time, Memory, Context, muestra personal de Rafael Domenech (octubre, Snitzer Gallery, Miami). Se trata de una propuesta impresentable en un dossier, difícil de reproducir en un soporte para “mostrar” porque aquí el objetivo es hablar sobre la presencia en la ausencia, y viceversa, no sólo a nivel de significados sino, y sobre todo, a nivel visual.

En cinco años que lleva viviendo en Florida, Rafael Domenech ha transitado desde un discurso que va desde el estado mental del emigrante hasta la relación arte-institución –ambas direcciones son de corte figurativo y con fuerte predominio de la acuarela–, hasta una serie de obras escultóricas y bidimensionales de visualidad abstracta basadas en las matemáticas y las relaciones espaciales (Symplectic Structures, 2013, NWSA Artseen Gallery, Winwood). En esta última –parteaguas en experiencia creativa–, él se despojó de los atuendos narrativos, externos y fenoménicos para adentrarse en un camino menos referencial, libre de correlatos.

Exposición Individual: Rafael Domenech — imagen 1
Rafael Domenech. Sin título 1-9 (Modelo de Friedman sobre la memoria del tiempo), 2014. Superficie frotada sobre papel acuarela, madera y plexiglás. 58,4 x 78,7cm. (23 x 31 pulgadas), c/u.

Time, Memory, Context constituye la radicalización lógica de este proceso y la puesta en escena de toda una práctica de ensimismamiento y contemplación de otro de los estados a priori de la conciencia: el tiempo. Symplectic… es un antecedente lícito y orgánico de la presente exhibición pero el puntillazo vino a darlo la fascinación vital que ejerció sobre Domenech su visita a DIA Beacon, el encuentro con la obra de Carl André, Sol Lewitt, y en especial la de Robert Ryman. El impacto visual que alcanzan las obras de estos artistas a partir de la radicalidad que se produce cuando las referencias de todo tipo son desterradas de ellas, así como la noción de arte que cada uno maneja permea la producción actual de Rafael Domenech.

Con la excepción de Time…, salvo sus esculturas realizadas a base de listones de madera, sinuosas y de apariencia caótica, que bien pudieran entenderse como hermosa derivación somática de los marcos, y la instalación de bancos emplazados en el patio de la galería, diseñados a partir del calendario gregoriano y que conservan el color natural de la tabla, el resto de las piezas es mayormente blanca. Sólo el marco ofrece otra tonalidad, y digo marco por mera convención, pues el no es un atributo de la obra sino que la conforma y le otorga significado.

Acercándose a las nociones filosóficas de Henri Bergson acerca de la duración y basado en la tesis de WJ Friedman ensayada en La memoria y el tiempo, Domenech se empeñó en vivir la abstracción desde la percepción del tiempo a través de la memoria e inició una práctica consistente en ejercitar la no presencia, en aislarse lo más que pudo de manera parcial, no como seguidor de alguna práctica oriental.

En el transcurso de este tipo de renuncia comenzó a frotar –imprimir– fragmentos de cartulina sobre disímiles superficies contextuales y circundantes de su vida cotidiana que posteriormente sometió al escrutinio de su retentiva, y sólo aquellas de las que él logró recordar cuándo y dónde fueron frotadas fueron incorporadas, en su equivalente a la fecha, dentro de la armazón del almanaque lineal que todos conocemos y usamos (Friedman’s strength model of time memory, donde cada mes es una pieza de relativa independencia), o a grandes superficies de cartulina, convirtiendo la memoria en única constancia gráfica, y tal vez exacta, de la existencia del tiempo. De manera que éste es perceptible únicamente mediante una huella sutil y ligera –brotes– en el blanco soporte, como si ese, el impreso, fuera el único tiempo posible, y el resto, vacío, pura invención.

Tal metodología dio como resultado una muestra de visualidad global abstracta, reticular y minimalista, mientras que su origen es más bien existencial, de corte autobiográfico y documental, derivado de la experiencia dentro la duración, de un periplo interior hacia la ausencia desde ella misma. Cada retícula impresa (a veces son dos impresiones en un mes) constituye un signo vital, cálido e irrepetible dentro de la blanca marea. En cierta medida, son autorretratos y archivos de la conciencia, irrepetibles.

En Time, Memory, Context el “gran relato” se desintegra y se ofrece, no como sucesión, sino como resultado de los altibajos perceptivos y emotivos de la memoria individual. La Historia es un asunto del “yo”, y la memoria son cortocircuitos finitos y eventuales dentro de la violencia temporal ofrecida por las ciencias exactas que rige nuestras vidas. En este sentido, la exposición también contiene una voluntad liberadora, y la galería asume el rol de espacio doblemente cultual, en cuanto recinto exhibidor de obras de arte y como lugar de culto, que no de rendimiento ni reverencia. Un espacio de evocación zen y recogimiento en el que el discurso artístico, en lugar de activar, te convoca a desactivar; en vez de decir, te invita a desdecir, a fluir y a contemplar. A dejarnos llevar.

ELVIA ROSA CASTRO

Rafael Domenech, por Elvia Rosa Castro | artnexus