Exposición Individualdic 2014 - feb 2015· Por Freddy Carreño

Paulo Castro

Galería Gabriela Benaim

En el grupo de jóvenes creadores que conforman la nueva generación de la plástica venezolana tiene una importante presencia Paulo Castro, cuyo trabajo, ya reconocido en diversos escenarios, destaca por lo que podríamos caracterizar como el valor emotivo que transmite a sus realizaciones. Éste podría ser un comentario obvio cuando de artistas se trata, y en modo particular si se habla de creadores de la visualidad. Sin embargo, en este caso se plantea con el propósito de asociar el término a la energía que emana de sus realizaciones, a la emocionalidad que estimula en el espectador; valores que van más allá de la obra misma.

Partiendo de estas particularidades que colman de valores formales y de intenciones expresivas su obra, podemos destacar tres aspectos, que, desde nuestra percepción, modelan de un modo especial el trabajo de Castro: la densidad del objeto como conjunto, la materialidad y la importancia del color. Caracterizan el trabajo de este creador, desde sus inicios, el componente formal tanto como la particularidad de los elementos que le dan sentido –tiras, bandas, filamentos–, subordinados a la abstracción como lenguaje, llenando la obra de materialidad y color, fluyendo en todas direcciones. Entrecruzándose, superponiéndose para crear, desde lo visual, nuevos e insospechados espacios; dando como resultado una intrincada red, una multiplicidad de ámbitos ocultos que se asoman brevemente entre los segmentos de la materia, anunciando un universo de nuevas formas que podemos imaginar detrás de lo visible, pero que es sólo un atisbo, un pequeño enlace con una realidad otra que se muestra como necesidad de presencia en la mente del artista pero que permanece oculta a la mirada del espectador.

Exposición Individual: Paulo Castro — imagen 1
Paulo Castro. Monocromías, de la serie Tensopintura, 2014. Tela sintética intervenida sobre MDF. Dimensiones variables. Fotos: Daniel Benaim.

Una diversidad de elementos que se constituyen en fundamentales para su intención expresiva, tanto como en el tramado y la complejidad de sus combinaciones, que le otorgan a la obra una visualidad densa, compleja, “barroca” desde lo formal y lo material.

En otras propuestas, menos presentes en su hacer artístico, esa diversidad disminuye, se simplifica significativamente, al punto de relacionarse con objetos cercanos a la idea del minimalismo. Entre ambas situaciones median otras soluciones formales que no son más que alternativas válidas dentro de una misma intencionalidad creadora.

A estas particularidades de la obra de Castro se une, como valor esencial, el color. Los artistas que se expresan a través del lenguaje abstracto, se valen de este recurso con el fin de potenciar la imagen, hacerla más presente ante el público; así, vemos en las realizaciones del artista obras saturadas de cromaticidad, dinamizadas por los contrastes entre cálidos brillantes y los tonos fríos, signados por la “quietud” y la necesidad del equilibrio. A este conjunto de aspectos formales que califican la obra de Paulo Castro se suma una impecable factura, que le otorga una condición de rigurosidad creativa.

En la exposición abierta el pasado mes de julio, en la Galería GBG Arts, Paulo Castro presentó su más reciente producción, plena de color y dinamismo. Sin embargo, en esta oportunidad, el artista llevó una propuesta con significativas variaciones en relación con obras anteriores, signados estos cambios, esencialmente, por la estructuralidad de las formas, así como por el valor de la monocromía, discurso en el que ya ha trabajado, aunque en esta oportunidad adquiere una presencia dominante. Integrada por nueve obras, dispuestas en dos grupos enfrentados en el aspecto cromático, pero también en el espacio expositivo; en cada uno de ellos el artista modula la forma en función del color: amarillo y azul turquesa.

En el grupo de intenso amarillo, conformado por tres piezas, predomina la horizontalidad de las bandas y tiras que modelan su trabajo plástico, mantienen su dinamismo particular sin confrontar abiertamente esa dirección reforzando el carácter apaisado de la obra; al otro conjunto lo orienta el trabajo del relieve en sentido de la verticalidad, con una importante presencia de las diagonales. Otro aspecto por destacar en el conjunto es la variación tonal de la que hace uso Castro en las piezas azules; las construye variando los tonos; así, en algunas obras el color del soporte es más oscuro que el tramado que fluye sobre la superficie; en otras piezas ocurre a la inversa. Este hecho peculiar está asociado igualmente al aspecto museográfico, al utilizar en las paredes de la sala el mismo color presente en las obras creadas por el artista, con variaciones de tono semejantes. Ambos planos (amarillo-azul) se articulan a través de un muro, en vibrante rojo, destinado a la información textual que complementa la muestra.

La exposición ofrece una muy estudiada solución espacial y se halla impecablemente presentada, sobresaliendo como conjunto la creatividad del autor, la fuerza que emana de la obra de Paulo Castro.

FREDDY CARREÑO

Paulo Castro, por Freddy Carreño | artnexus