Oswaldo Vigas

Comadres de Ipacarai, 1995. Óleo sobre tela. 250 x 168 cm. (98 2/5 x 66 pulgadas). Foto: Eduardo Chacón.

Exposicióndic 2014 - feb 2015· Por Gladys Yunes

Oswaldo Vigas

Museo de Arte Contemporáneo, Lima, Perú

Oswaldo Vigas (Venezuela, 1926-2014) pertenece a la generación de artistas cuyas propuestas otorgaron un sello distintivo al arte latinoamericano, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Tras su reciente fallecimiento, la fundación que lleva su nombre organizó la exposición itinerante Oswaldo Vigas. Antológica 1943-2013, que se inauguró en los espacios del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Lima el 9 de octubre y que se extenderá hasta el 7 de diciembre del año en curso. Luego de exhibirse ante las audiencias peruanas, se presentará en las capitales de varios países, entre los que se incluyen Chile, Colombia, Argentina, Brasil (São Paulo y Río de Janeiro), Panamá, México, y algunas ciudades de Estados Unidos. Conformada por 70 pinturas y 6 esculturas, esta muestra ofrece una visión panorámica que abarca las distintas etapas por las cuales transitó su obra; desde las esquematizaciones que efectúa en los años cuarenta hasta la “de-construcción” de la figura que ejecuta en las últimas décadas de su vida. La curaduría, a cargo de Bélgica Rodríguez, brinda un análisis esclarecedor sobre los aportes que, desde el punto de vista formal y estético, fueron desarrollados por este autor a lo largo de su prolífica carrera. El prólogo del catálogo, escrito por Fernando de Szyszlo, a modo de homenaje póstumo, deriva en un valioso testimonio que ilustra la estrecha amistad que unía a ambos pintores. 

Exposición: Oswaldo Vigas — imagen 1
Aparecido azul, 1976. Óleo sobre tela. 150 x 120 cm. (59 x 47 1/5 pulgadas). Foto: Renato Donzelli.

La selección de obras reúne ejemplos que, vistos en conjunto, evidencian los avances fundamentales de su producción plástica. “A lo largo de su trayectoria –señala Rodríguez– Oswaldo Vigas ha mantenido la independencia representativa de la imagen deformada, descentrada internamente y planteada en fragmentos que se recomponen gracias a ciertas ‘inscripciones’ no visibles y a ‘señales’ formales sugeridas para que el discurso figurativo se haga comprensible […]”. Desde este punto de vista, es posible apreciar los cambios experimentados en su trabajo, desde las primeras composiciones realizadas en 1943, como Tetragramista II y Ciudadano elector, en las que la figura se subordina a un proceso de estilizaciones continuas. En los años cincuenta, su interés por las manifestaciones aborígenes lo lleva a explorar los rasgos definitorios de las culturas ancestrales; así, surge el tema de las Brujas, que desarrolla con ahínco y profundidad. Bruja infante, de 1951, es un ejemplo de esta serie de raigambre latinoamericanista que, con el transcurso del tiempo, se convierte en la fuente matriz de su labor creadora, mediante un tratamiento en el que logra sintetizar el binomio “forma-figura” con el cual orienta sus inquietudes conceptuales y estilísticas. Por esos años, la vertiente abstracto-geométrica también encuentra cabida en su lenguaje a través de una expresión que, por su colorido y organicidad, se acerca a las construcciones que se enmarcan dentro de la geometría sensible, rasgo que caracteriza parte de la corrientes abstracto-geométricas originadas en esta parte del continente, como se advierte en Personajes I (Estudio para mural de la UCV), de 1953-1954. Con el advenimiento del informalismo en los años sesenta, movimiento en el que se inscriben numerosos artistas de la época, los trazos vigorosos y decididos de Vigas no pierden fuerza ante la libertad gestual que pregona dicha tendencia; así lo vemos en Personagreste II, de 1961, y en Bestiario, de 1963. La connotación telúrica que resulta de estas experiencias se ve fortalecida gracias a la redimensión de la figura, predominantemente femenina, objetivo central de su propuesta, según se observa en las realizaciones que paulatinamente desarticula y rehace como sustancia y contenido de su pintura. Muestra de ello son Floreciente, de 1967, además de otras composiciones, geométricas y expresionistas, de los años setenta y ochenta, entre las que destacan Comedora de pájaros, de 1976, Ancestro rojo guerrero, de 1977 y Agorero, de 1986. Vigas profundiza en el tema que ha ocupado toda su vida: la “figura-forma-femenina”, que –según Rodríguez– es una “imagen convertida en ícono sometido a consideraciones estéticas por su belleza ambigua…”. En las décadas de los noventa y dos mil, la elaboración de personajes segmentados, desarticulados y reestructurados genera una sucesión corpórea que parece desencadenar fuerzas atávicas y primigenias que remiten a las expresiones arcaicas de la comunicación gráfica; Comadres de Ipacarai, de 1995, Presencia animal, de 1999, Tres figuras, de 2007, y Crucifixión, de 2013, señalan el desenlace lógico de estas búsqueda basadas en lo intuitivo, lo discursivo y lo pictórico. 

Exposición: Oswaldo Vigas — imagen 2
Comedora de pájaros, 1976. Óleo sobre tela. 185 x 135 cm. (72 4/5 x 53 pulgadas). Foto: Eduardo Chacón.

En su producción escultórica, disciplina que aborda a mediados de los años ochenta, da continuidad de estas indagaciones iniciales; en algunos casos, sus composiciones adquieren rasgos totémicos, como se percibe en Gran divinidad lunar, de 1995 (240 x 122 x 100 cm). Un bronce imponente cuya monumentalidad asimétrica irradia volúmenes direccionales de significaciones múltiples, debido a su estructura abigarrada, a sus modulaciones de llenos y vacíos, y a los juegos visuales y táctiles que el autor supo extraer del duro metal. Matadora, de 1997, Guardián, de 1994, son otras piezas que revelan esas particularidades que le imprime a su trabajo tridimensional. Indudablemente que la muestra Oswaldo Vigas. Antológica 1943-2013 es una oportunidad singular para contemplar las creaciones que le hicieron merecedor de numerosos galardones, entre los que resaltan el Premio Nacional de Artes Plásticas de Venezuela, en 1952; el Gran Premio de Arte Contemporáneo S.A.S. Prince Rainier III de Mónaco, en 1993; la Médaille Vermeil de la Ville de Paris, en 1993; la distinción Commandeur de l’Ordre des Arts et des Lettres de Francia, en 2008, y la Membresía de Mérito de la Fundación Carlos III de España, en 2012, entre muchos otros reconocimientos. 

GLADYS YUNES

Oswaldo Vigas, por Gladys Yunes | artnexus