Las obras de María
Raquel Cochez son actos de confesión y de catarsis. A partir de su primera
exposición individual en Panamá en 2004, y a lo largo de los últimos diez años,
ha empleado el arte como vehículo de autoanálisis y de un proceso
autobiográfico revelador. Con el tiempo, sus obras se han vuelto cada vez más
reales, directas y retadoras, mostrando aspectos íntimos de su vida privada y
admitiendo verdades profundas que la mayoría de las personas guardan en
secreto. Ese carácter confesional conecta la obra de Cochez con la tradición
reciente de artistas como Louise Bourgeois o Tracey Emin, entre otras.
La mayor parte del trabajo de Cochez gira en torno al concepto idealizado y distorsionado del cuerpo femenino, los desórdenes alimenticios, la vergüenza que sufren las mujeres cuyas figuras no cumplen con las expectativas sociales, y la manera en que éstas son exacerbadas por el bombardeo constante de la publicidad. El arte refleja la vida para esta artista que ha experimentado y documentado procesos personales como dietas extremas o excesos en su alimentación, una niñez acomplejada por la gordura, una operación de bypass gástrico y la inserción y posterior sustracción quirúrgica de implantes de silicona defectuosos. Ha hecho obras de performance, videoarte, objetos e instalaciones, así como series de dibujos sobre papel y de pinturas en acrílico sobre lienzo.

El título de la exposición, Wet ‘n Wild, hace eco del nombre de un parque acuático al que María Raquel fue en su adolescencia durante un viaje familiar. La diversión del día se transformó en trauma porque sólo permitían acceder a las piscinas y toboganes en vestido de baño, y María Raquel rehusó quitarse la camiseta con la que se había cubierto. Esa experiencia de quedarse sola y perderse el placer dejó en ella una herida psicológica, hasta que en 2010 —siendo una mujer adulta y madre— llevó a cabo una performance, para la cual regresó al mismo parque. En el video, titulado precisamente Wet ‘n Wild, la artista figura sola, contenta y flotando en el agua celeste de una de las piscinas en el parque, vistiendo un bikini negro que deja ver su cuerpo tal como es.
La artista también figura en el agua en una fotografía que documenta una intervención en el espacio público, donde Cochez se mostró fotografiada en una valla publicitaria colocada en una concurrida avenida recreando la imagen de una campaña de moda para el verano de una tienda de lujo en Panamá. En un comentario irónico, la artista figura en un bikini oscuro, con collar de fantasía y lentes oscuros, reclinándose en pose de modelo dentro de una piscinita infantil de plástico. En otra pieza de la exposición, Cochez aparece en un díptico fotográfico en dos poses frontales que muestran sólo su pecho desnudo cubierto por una camiseta blanca mojada, mostrando un “antes” y un “después” de la sustracción de sus fracasados implantes de senos.
El cuerpo de Cochez es el eje de gran parte de sus obras. En 2006, en el video Excess Skin (Piel sobrante) se mostró desnuda con una bolsa de papel cubriendo su cabeza mientras se movía como en un baile ritual, meneando la piel que colgaba de su torso a consecuencia de una drástica reducción de peso. En el dúo de videos titulado Barriga (2013), las manos de una niñita juegan con la piel pálida y mórbida del vientre de la artista, moldeándola como masilla. En otras obras, las fechas y cifras de su peso fluctuante a través de los años figuran en objetos como tableros marcados con tiza o mantas bordadas con listas de números.
En sus obras sobre lienzo, Cochez se ha pintado comiendo, en poses que niegan la posibilidad de una imagen que idealice a la modelo1. Crea autorretratos de notable realismo en los que figura ella llenándose la boca con comida, o con las mejillas hinchadas y la cara distorsionada a medio masticar. Generalmente, no mira al observador sino que tiene los ojos cerrados o la mirada elevada como en una expresión de placer. Son composiciones con mucho colorido, cuyos fondos reproducen alegres patrones de flores o de frutas como en los manteles de vinil de las fondas populares.
La exposición Wet ‘n Wild incluyó retratos múltiples de dúos o grupos de mujeres —hijas o amigas de la artista— que, siguiendo el tema de la muestra, aparecen mojadas, en vestido de baño y, sobre todo, comiendo. En pinturas con fondos animados por rayas en verde y azul, con un aire de “pop art”, ellas aparecen mirando, mordiendo, disfrutando y tragando comida chatarra como nachos con queso o pizza de pepenos. La sensación de placer y gula en las caras de estas jóvenes podría insinuar la gestación de una nueva generación de mujeres en riesgo. O quizás, desde un punto de vista más optimista, revelan un sano sentido del humor y una autoconsciencia protectora.
NOTA
M. Kupfer, Trazos perceptivos: mujeres artistas de Panamá (Washington: Banco Interamericano de Desarrollo, 2013).
MÓNICA KUPFER
