El arte de Macaparana es esencialmente brasilero, aunque se sitúe en el polo opuesto al brasilerismo de nuestro arte modernista, que trataba temas nacionales.
Digo que su arte es brasilero porque surge de otro proceso estético, que comenzó en Brasil con la introducción del arte concreto, a comienzos de la década de 1950.
Ese arte, que era esencialmente universalista —ya que la base de su lenguaje era la geometría—, que nada tenía de nacional o regional, significó una ruptura con las tradición modernista brasilera, representada por Anita Malfatti, Tarsila do Amaral y Di Cavalcanti, entre otros, pasando por Segall y Portinari.
El concretismo, con su lenguaje geométrico, abre un nuevo camino para las artes plásticas brasileras, pero al mismo tiempo conduce a un impasse que dará origen al neoconcretismo. Y es que, al romper las normas concretistas, el neoconcretismo introduce en el arte constructivo otras opciones, distintas a las que señalaba la estética de la Escuela de Ulm.

La innovación básica del neoconcretismo fue eliminar el cuadro como elemento básico del lenguaje pictórico. Se lo violenta y sustituye por lo que los neoconcretistas llamaban el no-objeto. En el que, a pesar de la originalidad del arte de Macaparana —cuya contribución propia es indiscutible—, ella no hubiera nacido si los neoconcretos no hubiesen cambiado fundamentalmente la función del cuadro como soporte del lenguaje pictórico. Ahí nace, por así decir, un nuevo lenguaje.
¿En qué consiste ese nuevo lenguaje? En el hecho de que el cuadro deja de ser el lugar en donde el lenguaje de la pintura existe para ser, él mismo, ese lenguaje. Por esa razón, cambia de forma, ya que hacer arte, ahora, es reinventarlo, hacer de él un objeto de arte.
Al decir esto, estoy hablando evidentemente de Lygia Clark, de Willys de Castro, pero también de Macaparana, heredero de ese nuevo camino abierto al arte por artistas brasileros.
Otra herencia, presente en la obra de Macaparana, es la geometría, las líneas rectas, los rectángulos, los hexágonos, así como formas inventadas, una geometría diferente, que tampoco se confunde con la figura abstracta sobre el espacio del cuadro: no, la geometría, en esta caso, es la obra misma, la placa de madera con la forma que el artista le da.
Miren bien: estoy diciendo que el arte geométrico en Brasil llevó adelante una revolución que, siguiendo esa línea, dejó de hacer pintura y pasó a inventar, con los colores y las formas geométricas, otro universo, otra geometría, de lo que es ejemplo notable el arte de Macaparana.
* Todas las imágenes que ilustran este texto son fotos de Sergio Guerini.
FERREIRA GULLAR

