Todo visitante que visitara el espacio expositivo de la Galería Paralelo, en São Paulo, para conocer mejor la producción reciente del artista Luiz Hermano, se vería inmediatamente sorprendido por el encuentro con lo inusitado, con lo cotidiano reinventado por el artista para la muestra El batidor y el cucharón, cerrada en octubre pasado.
Para la ocasión, el artista retomó una estrategia que rige su poética visual hace tiempo, o sea el desvío de la comprensión habitual de la vida de los objetos cotidianos. Así, la reunión de trabajos presentados en esta exposición establecía una inventiva dislocada del uso corriente del imaginario doméstico para crear un universo de ficción que, entre lo lúdico y lo funcional, aseguraba al visitante la posibilidad de interacción con un ambiente pensado para atraer la mirada de los sentidos.
Con la exposición en la Galería Paralelo, curada por Kátia Canton, Luiz Hermano conmemoraba décadas de un trabajo incesante dirigido hacia el descubrimiento de mundos posibles, en medio de la maraña de llamados visuales y táctiles tantas veces vaciados de sentido en la trama compleja de la vida en las sociedades contemporáneas.

Para quienes acompañan las creaciones del artista, la muestra dejaba ver un ambiente de intimidad, de relaciones tejidas por la naturalidad de una postura consciente de viajero atento al itinerario de todo aquello que vive en el olvido. Sus objetos, sus escogencias para la composición de creaciones sin par, son estrategias reales que alertan sobre la visibilidad de utensilios banales destinados a desaparecer, por el uso corriente de la rutina, por la intensa convivencia.
De hecho, el batidor de huevos - que le daba nombre a la exposición y la obra escultórica - este objeto ruidoso, metálico, moldeado en su forma original, construido para su destino funcional, que recorre el imaginario de la preparación del alimento, era evidencia notable en una creación que ocupaba el centro de la sala expositiva como protagonista de la muestra.
Impactado por la presencia de la obra Batidor, con 180 x 105 x 40 cm, en acero, madera y alambre, compuesta por hilos metálicos para el montaje de casi dos centenas de batidores de huevos, suspendidos, el visitante, al tocar los extremos expuestos de la pieza, sueltos para su manipulación, para activarlos con un toque mínimo, movía también, en el espacio de la galería, las sombras de la obra, expandidas en ondas en dicho espacio.
Luiz Hermano se interesa por el registro de las expresiones materiales de la cultura, construyendo así su posición, su manera particular de ver las cosas del mundo. En su trayectoria, acompaña los pasos de cada existencia material olvidada, atento a los silencios, a lo invisible de cada gesto, de cada objeto obliterado socialmente.
Reconociendo la expresión social de sus objetos como señales de energía y fuerza, vemos surgir en cada obra - en las composiciones con batidores de huevos, con cucharones de aluminio para sopa, con telas alambradas - la formulación de un campo se sentidos creado por el artista para un reencuentro con las cosas más simples de la vida.
En trabajos bidimensionales, ya sea en las vistas aéreas de estructuras alambradas de encendedores de fogones domésticos, o en los dibujos con tinta china y aguada de café, estos últimos presentados en la muestra en São Paulo, surgía un elenco de imágenes construidas por la experiencia que reconcilia lo cotidiano con una trama compleja de interacciones sociales, siempre activas en los elementos materiales de la cultura popular.
De las obras en aguada de café y tinta china, Farol y Parabólica, ambas de 2014, incorporaban los registros de un arreglo formal meticuloso, compuesto por el trazo cuidadoso de un dibujante capaz de reinventar su práctica, retomando estrategias del pasado, de décadas de miradas destinadas al ambiente caótico de las ciudades.
Luiz Hermano sabe captar el temperamento de cada objeto que utiliza en sus obras, redimensionando sus tensiones, admitiendo cada interferencia necesaria en nuestras vidas. Manoseando cada pieza, moviendo nuestras expectativas, sabemos que le interesa al artista comprender nuestras relaciones con las cosas que nos circundan, o sea, cómo se da la mediación entre la vida secreta de los objetos y nuestras propias existencias.
Cada uno de esos elementos de domesticidad - especialmente el universo restringido de la cocina, presente en la creación reciente del artista cearense - compone trazos de realidades sociales que el interpretó y recondujo a diferentes mundos, distantes de su función material, de su enunciado generador, de su funcionalidad inmediata, restringida.
Por la exposición de dibujos y de objetos se reconocía en la poética táctil/visual del artista la comprensión de una dimensión simbólica fuertemente interiorizada en el hombre que determinó su consciencia como condición esencial para la materialización de obras como expresiones de vivencias ancestrales, como artefactos de la vida, como señales.
Entre diversas señales, entre estructuras alambradas, entre cucharones metálicos, entre la borra y la aguada de café que Luiz Hermano utiliza como pigmento para dibujos, en medio al luminoso efecto circular de cada aro metálico de un único batidor de huevos, vive la fuerza de un llamado íntimo a la naturaleza más trivial de cada gesto que, renovado, reinterpreta las posibilidades de una convivencia más humana con el otro.
CLÁUDIA FAZZOLARI
