Exposición Individualdic 2014 - feb 2015· Por Susana Benko

Luis Poleo

Carmen Araújo Arte

En 2009 el artista Luis Poleo sorprendió a muchos cuando expuso en la Galería La Cuadra una muestra muy peculiar, titulada Teatro Municipal. En aquel entonces, como en la muestra que ahora nos ocupa, realizó sus piezas con un material que evoca las condiciones más efímeras y pobres que pueda haber: cajas de cartón. Poleo abrió nuevas posibilidades significativas al uso de este material, y, tanto en aquella muestra como ahora, sus proyectos son agudamente políticos y críticos.

En Teatro Municipal reinterpretó la distribución geopolítica de Caracas por medio de planos de la ciudad y levantamientos tridimensionales hechos con cartón (que curiosamente daban una impresión de enorme caos). Con ello cuestionó las divisiones territoriales impuestas dejando entrever los objetivos políticos que esta parcelación del poder conlleva, pues Caracas está dividida en cuatro municipios, cada uno dirigido por un alcalde. Con la exposición Obsolescencia programada, realizada recientemente en Carmen Araújo Arte, Poleo vuelve a sorprendernos con su ingeniosidad, su humor inteligente y su agudo sentido crítico y cuestionador de realidades sensibles que trastocan profundamente la esencia de la venezolanidad.

Exposición Individual: Luis Poleo — imagen 1
Luis Poleo. Dispensador #10, 2014. Cartón, impresión de tinta sobre papel de algodón y rollo de papel fotográfico. 35 x 32 x 31 cm. (13 ¾ x 12 ½ x 12 ¾ pulgadas).

Entre los diversos aspectos que pone en tela de juicio está uno que engloba a todos: el (falso) concepto que actualmente se maneja sobre los nacionalismos. Lo hace parodiando dos o tres ejes temáticos fundamentales: a través de imágenes emblemáticas de la pintura de historia del siglo XIX que escenifica momentos ilustres del proceso independentista en este país; a través del cuestionamiento de tópicos específicos de la historia cultural venezolana, tales como el destino arbitrario de la Concha Acústica de la Urbanización Bello Monte en Caracas, abandonada a raíz de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, y un cuestionamiento al cinetismo, movimiento artístico que forma parte del imaginario del venezolano, y que ha sido muy cuestionado por sus detractores como representativo de la Venezuela corporativa y millonaria.

No obstante, esa Venezuela petrolera, símbolo de riqueza en este lado del continente, es víctima de su propia riqueza. La historia democrática venezolana –que se inicia a partir de la caída de la dictadura perezjimenista en 1958, hasta la actualidad– no es más que la historia infame del despojo y de la devaluación, una devaluación que va más allá de la moneda: es cultural, de valores, y de identidad. Entonces, la razón de ser de esta exposición de Luis Poleo se centra en encarar la poca valía de los procesos identitarios, cuestionando los discursos y sistemas políticos populistas como los del actual gobierno venezolano, que ha sumido al país en el retraso y la ruina económica.

De allí las figuras –devaluadas– de los próceres de la Independencia impresas en papeles que bajan por los precarios dispensadores de cartón, imagen de pobreza extrema tanto por el material con que estos aparatos están hechos como por la condición de papel desechable, que Poleo coloca a las gloriosas pinturas de los maestros académicos del XIX. Simón Bolívar, por otra parte, ya no cabalga en su caballo, como en la escultura ecuestre que se encuentra en la Plaza Bolívar de Caracas: aquí cabalga sobre un tiranosaurio Rex, imagen de retraso al nivel más remoto. Señala Sandra Pinardi, curadora de la exposición, que Poleo centra su atención en la temporalidad, en un supuesto por-venir, cuando, por el contrario, se trata de un país sumido en la pobreza, en retroceso, en la obsolescencia. Poleo, dice Pinardi, realiza “una exploración crítica” como un “ejercicio paleontológico con el que reconstruye, por una parte, el devenir, y por la otra, los usos de los símbolos históricos y artísticos que, de acuerdo a sus palabras, son ‘con los que se han construido nuestra nacionalidad, el espacio político y el cuerpo social que es Venezuela’”.

“Obsolescencia programada” es una muestra que encara al espectador a visualizar su condición: como venezolano y ciudadano en un país rico, modelo de modernidad, hoy devastado y devaluado. Los dispensadores y dispositivos, algunos de tecnología obsoleta y precaria, actúan como metáforas que aluden a este contexto. Un contexto que tuvo una historia heroica y una modernidad emblemática de superación y de progreso. En el primer caso, porque la lucha independentista comenzó en Venezuela en el siglo XIX y se extendió por cuatro países más del continente; en el segundo, la modernidad en el desarrollo arquitectónico y urbanístico en los años cincuenta fue ejemplar en este país. Sin embargo, la maqueta de la Concha sin acústica de Poleo alude, en cierto modo, al estado de abandono, ruina y obsolescencia en el que esta singular edificación, que fuera un hito en la ingeniería de su tiempo, acabó cuando se inició el período de la democracia, al derrocarse la dictadura, en 1958.

Poleo, en tal sentido, encara el progresivo estado de obsolescencia de la nación al visualizar las consecuencias de estos errores históricos. La obsolescencia es también mental y, lamentablemente, programada.

SUSANA BENKO

Luis Poleo, por Susana Benko | artnexus